¿Atrapado por el pasado?

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Yo creo que soy el resultado de lo que sembré.
El pasado tiene como función, ser el caldo de cultivo de lo que disfrutamos o sufrimos en el presente. Soy el resultado de mi pasado, lo que aprendí y lo que no quise aprender, y se verifica aquí y ahora. Es cierto que no puedo borrar lo que pasó, pero si puedo cambiar lo que siento y pienso en relación con ello.

Es imposible negar la influencia del pasado, sin embargo, sería un error quedarme en él. Vivir en el pasado es negar la novedad del presente y la esperanza del futuro.
Anclarme en el pasado es una demostración del miedo que me daría lo porvenir.
Yo creo que la vida es un proceso que alterna vivencias dolorosas y alegres que si las aprovecho en su justa dimensión, terminan convirtiéndose en sabiduría.
El sufrimiento y el dolor tienen sentido, si los entiendo como maestros formadores del carácter.
La vida vale la pena vivirse cuando asumo el reto desde la incertidumbre. El no saber qué va a pasar, puede sonar espantoso, pero es precisamente la curiosidad creativa la que me permite enfrentar esos instantes de temor frente a lo desconocido.
Saber que va a pasar con mi vida le roba espontaneidad y flexibilidad al sagrado arte de vivir. Y el toque de magia se lo doy cuando agradezco lo pasado y reconozco un tesoro escondido en las vivencias, ya dolorosas o sublimes.
Yo creo que, al plantearme un proyecto, cualquiera que sea, debo romper los paradigmas que me paralizan, merced al temor al fracaso o a la equivocación. Precisamente la memoria tiene su utilidad cuando me permite corregir el futuro. La auto-evaluación es importante, pues me invita a corregir el mañana. Y esta corrección del futuro es una muestra de la maestría que adquiero cuando aprendo del error.
Soy un ser en permanente construcción, dispuesto a crear la oportunidad del cambio, debido en primer lugar al reconocimiento del error, para luego emprender la tarea de ser mejor cada día, superando mi propia versión.
Desde el fondo de mí, reconozco que esta nueva etapa de mi vida es la mejor, porque al perdonarme el pasado, abro la esperanza para el cambio de actitud, debido al cambio de pensamientos y sentimientos, generando programas mentales cargados de felicidad por el logro y esto diseña mi futuro.
Soy el arquitecto de mi destino, que construyo día a día con retazos del fracaso; al fin y al cabo, lo importante no es lo que fui, sino lo que seré.

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