Cuando la máscara es lo habitual, y no el día de los disfraces.

masked-ball-1176145_960_720Yo creo que vivimos enmascarados; y esta certeza me acompaña desde que estaba niño.

Si bien es cierto que el 31 de octubre es un día mágico, donde está permitido y casi obligado el disfraz, también es válido comprender que, en los otros días del año, nuestro verdadero Yo vive oculto detrás de una máscara.

Comenzando por la manera como sonreímos cuando queremos lograr algo, o la cara de enojo que ponemos de manera selectiva, cuando se acerca alguien, con quien tenemos asuntos pendientes desagradables, y luego, en forma camaleónica, volvemos a nuestra cara de “pastel”, para seducir al objeto de deseo, con el cual estabamos fantaseando desde hace rato.

La hipocresía es una forma de máscara, para poder fingir como el mejor actor, la conducta de vendedor estrella, y de esta forma engañar al enemigo para no mostrarle mis verdaderas intenciones.

Sospecho que parte del engaño se aprende en casa, cuando nos educan para domesticar al salvaje que nos habita, pues nos dicen que la gente no nos va a querer, si actuamos en forma original, entiéndase diferente.

Todo esto tiene un toque maquiavélico. Me pongo la máscara para ir a trabajar. Luego me la cambio para estar con mis amigos. Más tarde uso otra, más compleja, cuando estoy en pareja o cuando llego a casa.

Tenemos el disfraz del alegre, del manipulador, del asustado, del neurótico, del seductor, del ofendido, del inseguro, del solapado, del triste, del millonario, del pobre, del catastrófico, del “de malas”, de la víctima, del salvador, del victimario.

Lo curioso del asunto es que, para todos estos papeles, tenemos público, que nos aplaude y patrocina este intrincado juego de la máscara.

Definitivamente nuestro yo está enajenado.

Entonces el último día de octubre, nos permiten usar trajes pintorescos y muy significativos; de forma estratégica ocultamos la cara con un buen maquillaje y salimos a la calle a exhibir nuestra puesta en escena.

Porque no es al azar que quiera disfrazarme de monja, policía, superhéroe, delincuente, prostituta, príncipe de la india o personaje de la ciencia ficción que todo lo puede y vive en un mundo irreal; porque psicológicamente sabemos que, en el fondo, nuestro deseo está proyectado ahí en el disfraz; aunque Coco esté de moda y la cultura mejicana de la muerte sea protagónica por la película.

Dime de qué te disfrazas y te diré en el fondo, que dice tu sombra.

Cuando me pongo un disfraz, me oculto, para observar, y ser mirado… Mezcla de narcisismo, y fantasía infantil para jugar por una noche, a ser el personaje que ha creado el deseo.

Yo creo que cuando la máscara es lo habitual, el día de los disfraces, sale mi verdadero yo.

Saber decir no, aunque el deseo grite sí.

apple-2206247_960_720Yo creo que es muy importante saber decir no, así como es fundamental saber entender cuando nos responden con un no, para entonces, si es del caso, trabajar por el sí.

Recuerdo que hace muchos años, siendo adolescente, llegué derrotado a mi casa, luego de estar jugando con fuego, como aprendiz de seductor y atreverme a invitar, a salir conmigo, a una vecina muy codiciada y atractiva.

Por supuesto ella me dijo que no, me miró molesta, y con tono decidido cerró la puerta de su apartamento “incómoda con mi osadía”, por haberle hecho este tipo de invitación. Entonces con el ego herido, me fui para mi casa, devastado, a encerrarme a llorar de enojo conmigo mismo, por haber sido tan evidente a través de mi intención y desconocer los secretos del arte de la seducción; sabiendo como lo supe después, que mi propuesta en el fondo, la había halagado.

Afortunadamente mi padre se encontraba ese día en casa, y notó mi malestar y mi disgusto. Cuando le conté lo sucedido, con profunda sabiduría de hombre conocedor de estos temas donjuanescos, me enseñó una de las mejores lecciones del arte amatorio. Me dijo: con las mujeres tienes asegurado el no, por muchas razones que van desde la estrategia, la dignidad, el no ser su tipo, querer conocer tu reacción y tu capacidad de insistir, hasta la necesidad de estar preparadas para la ocasión; por lo tanto, en el futuro trabaja por el sí.

Por ello desde ese día, frente a un no, ya lo entiendo como una maravillosa invitación a trabajar por el sí, y esto lo aplico en cada uno de los temas importantes de mi vida.

Todo esto vino a mi memoria, porque por estos días estoy releyendo con deleite a Hugo Finkelstein, un terapeuta de pareja y dramaturgo argentino quien, en su libro En nombre del amor, en un especial apartado, hace un exquisito ensayo sobre el arte de decir No.

Para Finkelstein un no que necesite de explicaciones y justificaciones y largas caminatas, y reflexiones profundas en el jardín, no es un no. Porque el no, será mas claro para el otro si hace rato fue claro para mí, antes de pronunciarlo.

Para este psicólogo, el verdadero no, jamás dejará abiertas las trampas para la esperanza o la posibilidad de futuro. Ni puede dejar de ser NO, aunque el otro y el mundo se pongan “patas arriba” como él dice.

Cuando el no es contundente, le quitará posibilidades a las segundas partes. Y ese no, debe decirse personalmente y jamás por redes sociales o por correo electrónico, para decirlo con la gallardía y el decoro que merece el respeto por la otra persona.

Agrega Finkelstein que el No, no se dice con silencios, ni en voz baja, mucho menos gritando, o con la cabeza agachada, ni mirando para otro lado, ni con símbolos devueltos, o con pena o satisfacción, porque la psicología de la asertividad nos enseña que la voz del no, no puede ser vacilante ni agresiva.

Entonces yo creo que, siguiendo la línea de pensamiento del colega Finkelstein, cuando sabemos decir no, estamos poniendo a salvo nuestra dignidad, y la ilusión del otro, ya que el no, en vez de ser una negación del pasado, es una corrección del futuro.

Sin embargo, hay momentos en donde es importante decir no… aunque nuestro deseo, grite si.

El curioso arte de manipular y ser manipulado

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Yo creo que existe un curioso arte que consiste en manipular y ser manipulado por otros. O a lo mejor, más que arte, es un manual, que podría titularse: “Métodos infalibles para chantajear y/o evitar ser chantajeado emocionalmente”.

Por estos días, alguien me preguntó si dentro de mis charlas, tendría una que hablara de la manipulación. Y recordé que hace algunos años, en un programa de televisión, hablé del chantaje emocional y sus implicaciones y entonces motivado, me dispuse a reflexionar nuevamente sobre el tema, para publicarlo hoy. Continuar leyendo

Los regalos del universo

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Yo creo que el universo me regala sus dones, pero a veces no estoy preparado para verlos.

Recuerdo que mi vida ha estado llena de regalos de felicidad, como la vez que me encontraba en la casa de mi mamá, un domingo, en una reunión familiar. En esa época, ella vivía en un segundo piso, pues siempre adoró la idea de tener un balcón para sentarse allí, y sentir la frescura del aire y de esta forma tener la sensación de libertad y de poder, al mirar a las personas, sin ser observada. Continuar leyendo

Una ayuda que incapacite… no es ayuda

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Yo creo que una ayuda que incapacite no es ayuda.

A veces nuestras ganas de ayudar no nos permiten ver más allá de la apariencia de indefensión del otro y entonces, sin contar con el ayudado…nos convertimos en un buen servidor, prestos a ofrecer nuestra colaboración y conocimiento, pero sin contar realmente con las consecuencias que se generan con nuestra ayuda.

Tal vez porque hay algo que no vislumbramos en el momento de ayudar, y es la respuesta a esta pregunta: ¿será que nuestra colaboración empeora el cuadro, porque convierte en “inútil”, (o al menos podríamos hacerlo sentir así), a quien pide ayuda? Continuar leyendo

Depende de mi y a pesar de mi

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Yo creo que ser feliz depende de mí y no puedo responsabilizar de ello a los demás.

Como sé que interfiero para que suceda, con frecuencia, hago esto con quienes convivo, y es convertirlos en mis cómplices, para que hagan parte de mis planes felices. Y creo que ahí está el error. Continuar leyendo

¿Te extraño?…o ¿dependo de ti?

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Yo creo que extrañar es sinónimo de depender. Y creo que aquello de lo que dependo, es en definitiva lo que me esclaviza. La mayor libertad, está en no necesitarte.

Quien dice: “necesito un cigarrillo o un trago”, es un esclavo, porque depende física y psíquicamente de dicho consumo; pues como la ansiedad es intolerable, siente que no puede vivir sin ello y sufre síndromes de abstinencia e infiernos similares; sin embargo, no extraña su presencia como tal, sino que el organismo pide a gritos que fume o beba licor, y es comprensible, porque depende de él para sentirse bien. Continuar leyendo