Una ayuda que incapacite…no es ayuda.

fishing-1814486_960_720Yo creo que una ayuda que incapacite no es ayuda.

A veces nuestras ganas de ayudar no nos permiten ver más allá de la apariencia de indefensión del otro y entonces, sin contar con el ayudado…nos convertimos en un buen servidor, prestos a ofrecer nuestra colaboración y conocimiento, pero sin contar realmente con las consecuencias que se generan con nuestra ayuda.

Tal vez porque hay algo que no vislumbramos en el momento de ayudar, y es la respuesta a esta pregunta: ¿será que nuestra colaboración empeora el cuadro, porque convierte en “inútil”, (o al menos podríamos hacerlo sentir así), a quien pide ayuda?

Es decir, un proverbio chino enseña que: “Si quieres darle de comer a un hombre un día,
dale un pescado. Si quieres darle de comer toda la vida, enséñale a pescar”. Eso corrobora que si alguien te pide cierto tipo de ayuda, hay que evaluar si es pertinente darla o no, porque la idea es habilitarlo, para que pueda auto-apoyarse y dependa menos del socorro de los demás.

Será que con nuestro accionar generoso, ¿estamos convirtiendo en “menos capaces” a aquellos que nos piden ayuda y exageramos el auxilio y por lo tanto no les permitimos que se sientan autónomos y poderosos para realizar la tarea, motivo de la petición de ayuda?

O será que: – ¿en el fondo queremos que dependan de nosotros? -

Aquí no se trata de no ayudar o no colaborar. Creo que más bien la idea es evaluar hasta dónde debe ir mi ayuda, para realmente ser eficiente, en la respuesta al pedido de apoyo. Y sobre todo sin subestimar la capacidad de quien solicita el acompañamiento.

El niño, por ejemplo, aprende desde muy pequeño que si se muestra ignorante o desconocedor de algo… logra entonces, que un adulto venga a salvarlo y le solucione el problema. Entonces, como hay conflictos, proporcionales al niño, que él debe resolver, para aprender los mecanismos de la resolución de problemas, por lo tanto, mal haría el adulto, si entrar a solucionarle el “rompecabezas”, que el infante en su proceso de aprendizaje, debe ser capaz de armar.

De otro lado, si vivimos con personas mayores, tampoco es bueno estar pendiente del más mínimo detalle, para colaborar y ayudarles, porque vamos acelerando el proceso de pérdida de la confianza en sí mismos y de su capacidad para auto-valerse; porque quienes le rodean, están al lado para dirigir su vida: -“papá: no salga a la calle solo”-, -mamá: “deje eso, que yo lo hago”-, “venga yo lo visto”, o “tranquilo, no se moleste que yo le soluciono ese tema”.

Hay personas que se especializan en pedir ayuda, para tener un séquito de sirvientes que se encarguen de todo, ya por comodidad, pereza o en el peor de los casos, por propia inutilidad.

No podemos ser la memoria auxiliar de otros, no podemos ser la agenda que recuerde citas y compromisos, ni podemos jugar al reloj despertador para evitar que el “niño” llegue tarde a la universidad, y mucho menos hacerle la tarea, que él puede y debe hacer.

La independencia en ciertos menesteres de la vida es una tarea personal, propia, inaplazable e intransferible que yo solo debo emprender. Por lo tanto, yo creo que, una ayuda que incapacite no es ayuda.

Depende de mi y a pesar de mi.

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Yo creo que ser feliz depende de mí y no puedo responsabilizar de ello a los demás.

Como sé que interfiero para que suceda, con frecuencia, hago esto con quienes convivo, y es convertirlos en mis cómplices, para que hagan parte de mis planes felices. Y creo que ahí está el error. Continuar leyendo

¿Te extraño?…o ¿dependo de ti?

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Yo creo que extrañar es sinónimo de depender. Y creo que aquello de lo que dependo, es en definitiva lo que me esclaviza. La mayor libertad, está en no necesitarte.

Quien dice: “necesito un cigarrillo o un trago”, es un esclavo, porque depende física y psíquicamente de dicho consumo; pues como la ansiedad es intolerable, siente que no puede vivir sin ello y sufre síndromes de abstinencia e infiernos similares; sin embargo, no extraña su presencia como tal, sino que el organismo pide a gritos que fume o beba licor, y es comprensible, porque depende de él para sentirse bien. Continuar leyendo

Las preguntas del niño

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Yo creo que no hay nada tan fascinante como las preguntas de un niño; sobre todo, si están salpicadas por la ingenuidad fantasiosa que todo lo puede y todo lo logra, con solo imaginarlo. Continuar leyendo

El perro que me muerde… es mi maestro

wolf-62898_960_720Yo creo que todo en el Universo tiene un tiempo cíclico que va y viene en espiral ascendente y al volvernos a tocar, porque al fin y cabo todo se repite, aunque lo miremos diferente, en tanto soy distinto, por efecto de la experiencia que el mismo tiempo nos va regalando, y que como las lecciones se vuelven a presentar si no las he aprendido, entiendo que el perro que me muerde…es mi maestro, porque aprendo mucho del sufrimiento, cuando me doy permiso de escudriñar el sentimiento de enojo y dolor y lo puedo contrastar con lo que necesito descubrir en mi sombra. Continuar leyendo

El deseo crea poder

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Yo creo que el deseo crea poder, pero no basta con desear. Desde niño me han dicho “querer es poder”, y descubro que hay algo más que impide el logro de objetivos y que está asociado con el miedo al fracaso.

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Elaborar el duelo se facilita… cuando me permito sentir.

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Yo creo que elaborar un duelo, frente a una pérdida significativa, es una tarea obligatoria que requiere absoluta conciencia para identificar la diferencia entre el dolor y el sufrimiento. Continuar leyendo