Cuando el cuerpo expresa lo que la boca calla.

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Yo creo que las enfermedades representadas en el cuerpo tienen componentes emocionales, definitivamente psicológicos, que deben ser develados.

En algunas ocasiones, cuando visitamos al médico, queriendo escuchar una respuesta somática a nuestras quejas y dolores, nos encontramos con la sorpresa de que la causa de ese dolor en particular puede deberse a un asunto psicológico sin resolver. La ansiedad, el estrés, el odio, el rencor y el miedo se depositan en el cuerpo, como último lugar de batalla. Entonces creyendo que la causa es orgánica, debemos buscar más allá, de la apariencia corporal, para remitirnos al origen emocional de nuestro sufrimiento.

Creo que los asuntos pendientes deben cerrarse. Nada tan generador de ansiedad como aquello que no se define, ni termina, ni cumple su ciclo porque queda gravitando, dando vueltas eternas en nuestra conciencia.

Por lo tanto, vivir en el pasado no es una buena estrategia; es muy inadecuada. Está cargada del temor a lo porvenir. Además, cuando nos anclamos en el pasado, perdemos la magia del perdón.

Lo que pasó… pasó y debo enfrentarlo, conectado en el presente, aquí y ahora, sin guardar rencores, porque se van quedando en el cuerpo, dejando heridas que necesitan cicatrización y que, de no sanarse, van dando paso a “expresiones” corporales, que hacen más difícil el trabajo de los médicos.

Otro aspecto sanador consiste en expresar las emociones…sobre todo las negativas y existen manera adecuadas para proyectarlas afuera de nuestro organismo. Las expresiones artísticas, por ejemplo, tienen efecto terapéutico. El arte sana, cuando a través de él, canalizamos al exterior, nuestro sufrimiento interior. Definitivamente, cuando reprimimos emociones, hacemos mucho daño interno, porque “implosionamos”.

“Dejar ir” es otra vía maravillosa para sanar. Consiste en soltar lo que “ya no existe”. Me pregunto: ¿Para qué atrapar cadáveres emocionales? Lo muerto debe marchar al lugar de los muertos. Dejar ir lo que pasó, es un acto de resignación frente a lo inevitable.

También es nocivo, cargar con los problemas ajenos. Suficiente ya tenemos con los propios, y pretender ayudar, llevando lo que no es nuestro, claramente, no es buen negocio. Por ello los psicólogos tenemos técnicas para protegernos del peso emocional que esto supone.

De otro lado, también enferma el alma y el cuerpo, trabajar en algo que no nos gusta. Dedicar tiempo y energía a una labor económicamente remunerada, que no nos agrada, pero que continuamos allí por el miedo a perderla, no es buena decisión. Ganar dinero es fundamental, es cierto, pero es más importante trabajar en lo que me hace feliz, o al menos encontrarle felicidad a lo que hago, pues de esta forma soy más productivo, más creativo, y sano mental y físicamente.

Así como es dañino renunciar a nuestros sueños, por miedo al fracaso y por evitar arriesgarnos frente a la incertidumbre del futuro. Perseguir lo que queremos es decisivo para mantener la motivación y el sentido vital. Por lo tanto, es básico tener claro para qué vivimos.

Finalmente es patológico rodearse de personas tóxicas. Que se quejan, hablan mal de los demás, egoístas y dañinas. Todo esto roba energías y lentamente nos va enfermando de tristeza, ansiedad y estrés.

Yo creo que la salud física es consecuencia de la salud mental y creo en el poder de lo psicosomático, porque el cuerpo expresa, lo que la boca calla.

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