Cuando escuchar a otro…ya es terapéutico.

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Yo creo que escuchar a otra persona per se, ya es terapéutico para ella.
El otro día me encontraba en la cafetería de la universidad, repasando un texto para la clase de terapia humanista existencial y quería como objetivo de esta, explicar cómo la escucha es terapéutica, cuando desde el respeto y la aceptación del otro, la ofrecemos sin condición y como una forma de valorar su sentimiento, para darle al mismo tiempo seguridad y confianza en que todo lo que diga, va a ser recibido libre de prejuicio.

Entonces, se me acercó un pequeño grupo de estudiantes inquietos con la pregunta en torno a qué es lo terapéutico de la escucha y recordé a mi profesor Paul Goring, cuando frente al mismo interrogante, insistía en la importancia de “escuchar de manera activa para acompañar a la persona, porque estoy centrado en ella y no necesariamente en la interpretación de su discurso”.
La tertulia con mis estudiantes se hacía más profunda y significativa porque reconocíamos que no hay nada tan valioso como acompañar a alguien que está pasando por una situación difícil, escuchándolo con respeto, con atención, sin opiniones, ni juicios y con total comprensión de la emoción que está manifestando.
Así mismo quedó claro para el grupo, que la habilidad de escuchar en forma terapéutica no es exclusiva del consultorio psicológico, pues también era útil en la vida cotidiana con nuestra pareja, hijos, padres, hermanos, amigos, compañeros de trabajo y vecinos.
Creo que la clave, es la valoración como persona que percibe quien se siente escuchado, porque confirma que su narrativa, tiene importancia para el interlocutor.
Entre tintos, aromáticas y bebidas gaseosas, los contertulios concluíamos cómo la escucha activa a la que nos referimos, requiere completa atención, evidente en el interés que prestamos al escuchar y por supuesto en la motivación personal para estar dispuesto y disponible, para acoger cálidamente a esa persona que sufre.
No podemos negar que escuchar va más allá de oír; pues implica estar dispuesto a comprender al otro, así no estemos de acuerdo con lo que dice, porque mientras lo escucho, debo hacer epoché o poner entre paréntesis lo que estoy pensando y sintiendo, para centrarme en la persona, con total respeto de su palabra y su sentimiento, sin interferirlo con mis propias elucubraciones. Lo complejo de esto, radica en que es fundamental poner de lado la voz interna prejuiciada, que alborota el conflicto interno que primero debo resolver en mí.
Cuando escucho, contemplo la vida del otro. Puedo leer los pasajes más dolorosos de su vida, para conectarme con sus sentimientos. Por lo tanto, mi mirada y mi gesto facial también son terapéuticos, cuando logro transmitir a través de mi expresión, la aceptación serena de su realidad.
Para escuchar es muy importante el silencio, porque representa el vacío que se abre para que sea llenado por la palabra del otro.
Además, porque nuestro silencio también representa una ausencia de pensamientos perturbadores que nacen de los juicios de valor que hacemos de manera subjetiva, que para nada ayudan el proceso de la otra persona.
La escucha terapéutica ayuda a ese individuo sufriente, a escucharse así mismo con respeto, responsabilidad, amor y ternura porque quien lo escucha está actuando de la misma manera.
Se que la angustia existencial, se incrementa cuando la persona siente que no es comprendida, ni amada, ni aceptada. Entonces acogerlo desde la escucha, le devuelve la credibilidad en sí mismo.
Yo creo, le expresaba a mis futuros colegas, que escuchar al otro, es terapéutico porque con la generosidad del corazón, le obsequio mi presencia amorosa que, desde el respeto, no lo juzga ni lo condena.

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