Darme cuenta para hacerme cargo

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Yo creo que el secreto del proceso terapéutico está en la relación que se establece entre consultante y terapeuta. Sin embargo, no basta con una adecuada y sana relación, además es fundamental la capacidad para darse cuenta y hacerse cargo por parte de quien consulta.

No es el terapeuta quien hace el milagro terapéutico. Es el mismo consultante quien con su determinación y conciencia se da permiso para darse cuenta de lo que está ocurriendo y cómo está sucediendo y, sobre todo, del papel que él está jugando, en la manera como aquello ocurre.

Recuerdo en mi formación como psicólogo y terapeuta gestáltico, que uno de los textos guías asignados para dicho proceso era: Awareness, en español El Darse Cuenta, sentir, imaginar, vivenciar de John O. Stevens terapeuta gestáltico norteamericano, y que para mi era todo un desafío realizar estos ejercicios propuestos por el autor.

Por ejemplo, uno de estos talleres consistía en el arte de comerse una mandarina con plena conciencia de lo que estaba haciendo y cómo lo estaba haciendo. Se trataba de agudizar los sentidos para el proceso de darme cuenta y explorar, así como de expandir y profundizar esta habilidad.

Escuchaba en el fondo la instrucción: – “Mire la mandarina…observe su forma, su textura, su color, los distintos accidentes de su corteza. Ahora, ábrale un pequeño orificio para percibir el olor que expele la cáscara. Lentamente pélela y sienta y perciba lo que transmite a sus dedos, uñas, palmas de las manos. Disfrute el nuevo olor que nos regala esta fruta, mastique y saboree lentamente cada parte que lleva a la boca”-…Y así sucesivamente hasta degustar la mandarina, casco por casco, durante media hora aproximadamente.

Y pensar que, en este mundo tan acelerado, no disfrutamos realmente los alimentos, ni las conversaciones, ni los paisajes, porque el afán en el que vivimos no da tiempo para estos placeres tan profundos, pero tan sencillos.

Entonces darme cuenta consiste en el descubrimiento de quién y qué soy…facilitando luego el proceso de hacerme cargo de aquello que quiero cambiar, o deseo dejar fluir, sin evitarlo o manipularlo.

Cuando en forma honesta me pongo en contacto con mi propia vivencia, descubro que hay en mí aspectos que no me gustan y puedo aceptarlos, reconocerlos y valorarlos, al mismo tiempo que fortalezco lo que me gusta de mí y confirmo que el cambio se produce por sí solo, sin esfuerzo ni planificación.

Cómo darme cuenta fortalece la confianza en mí mismo, entonces permito que ocurra lo que tiene que ocurrir, porque he aprendido que puedo soltar.

El sagrado arte de vivir…consiste en dejar fluir, en lugar de frustrarme con la exigencia de ser distinto de lo que soy.

La idea es aceptarme, valorarme y reconocerme tal como soy, sin necesidad de los “deberías” que me enseñaron a temer.

Existen tres tipos de darse cuenta: el darse cuenta del mundo exterior, el darse cuenta del mundo sensorial interior y el darse cuenta de las fantasías, pensamientos, temores y expectativas que cultivo anticipadamente

Yo creo que el proceso terapéutico me ayuda a centrarme aquí y ahora, para diferenciar la fantasía neurótica de la realidad en la que vivo y al darme cuenta, me puedo hacer cargo para construir un proyecto de vida más aterrizado, sin manipulaciones ni trampas psicológicas.

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