El dolor está ahí… existe, sufrir es opcional

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Yo creo que el budismo cuando plantea el dolor como algo inevitable y el sufrimiento como una opción, nos invita a profundizar en las diferencias que insinúa entre el dolor y el sufrimiento.

En el sagrado arte de vivir el sufrimiento y el dolor son parte del proceso, pero realmente, ¿cuál es la diferencia entre dolor y sufrimiento?

El dolor existe, es real, es tangible, lo puedo sentir en mi cuerpo. Si bien es una experiencia subjetiva, cada uno lo mide desde sus propios parámetros. Ojalá en medicina existiera un “dolorímetro” para reportar con exactitud la intensidad del dolor.

Así mismo, debemos reconocer otra cualidad del dolor que es más emocional y psicológica, cuando sufrimos una perdida y la sentimos en el fondo del alma; o al enamorarnos y no ser correspondidos; o al sufrir una decepción con los hijos; o al recibir una noticia mortal; o al ser tocados en el ego de una manera, como nuestra vanidad no lo esperaba.

Por tanto, el dolor será una condición lógica y absolutamente presente, no solo como mecanismo de defensa, en el plano físico, sino también como una realidad sensible en nuestra vida emocional, por el hecho de estar vivos.

Es imposible sentir el dolor del otro. Aunque es evidente que cuando se tiene una relación afectiva cercana y profunda, por ejemplo, con un hijo, su dolor es nuestro dolor, porque no quisiéramos que nada le pasara.

El sufrimiento en cambio es una opción que puedo elegir o no. Para algunos puede ser un estilo de vida. Una manera de buscar el regalo de las caricias de lástima propio y de quienes le rodean. Así el sufrimiento puede durar toda la vida, como una estrategia para obtener ganancias secundarias y ser el centro de la atención o el perverso torturador, que se dedica a dañarle la vida a otros, para cobrarles el que no estén sintonizados con sus demandas de amor.

Si, yo creo que el dolor existe, pero también creo que el sufrimiento puede ser modulado por la manera como pienso y siento y por la forma como me conecto con la vida.

El dolor aparece como consecuencia de nuestros actos y pensamientos. Nada de lo que hacemos es al azar y tiene repercusiones en nosotros y en los demás. El dolor que causamos a otros se devuelve como un boomerang y se reporta en nuestra alma y en nuestro cuerpo. Y por lo tanto es importante perdonarse y pedir perdón por el daño causado.

No puedo negar el dolor; quizá pueda defenderme de él. Pero no puedo responsabilizar a otros de mi dolor, porque definitivamente es un maestro que enseña mucho acerca de mí.

El dolor y el sufrimiento tienen sentido cuando los entiendo como los mensajeros que tienen algo para decirme.

Cuando se es rígido, inflexible, autoexigente y demandante de los demás, el dolor aparece como un emisario de la conciencia que nos invita a soltar el peso de tensión que genera mi relación con el otro.

Sufrir es autoimponerse un peso innecesario. Sufrir es resistirse a mirar el dolor. Sufrir es el camino elegido por aquellos que no quieren “resolver” su dolor.

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