El fracaso no existe

El inventor más importante de Estados Unidos

Thomas Alva Edison

Yo creo que el fracaso no existe. Mas bien creo que, esa situación que llamamos fracaso es una excelente oportunidad para aprender de nosotros mismos. Claro que se requiere de una muy buena dosis de humildad, para reconocer aquello que no estamos haciendo bien.
Los biógrafos de Thomas Alva Edison cuentan que cuando finalmente mostró en sociedad la bombilla incandescente, había fracasado en promedio novecientas noventa y nueve veces, pues en cada intento al pasarle corriente al dispositivo, este colapsaba y debía comenzar de nuevo su montaje, que por supuesto podía llevarle muchas horas. Al ser preguntado sobre sus repetidos fracasos, Edison respondió: “Realmente no fracasé novecientas noventa y nueve veces, lo que sucedió fue que descubrí novecientas noventa y nuevas maneras de darme cuenta cómo no se hacía la bombilla”.
Edison con frecuencia decía que para triunfar hay que fracasar y que, a pesar de lo desolador del panorama, las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por el número de veces que tienen éxito, por eso hay que persistir. De ahí su expresión de que el éxito depende del fracaso, pues quien triunfa es porque lo ha intentado varias veces y previamente ha fracasado.
Incluso cuando los periodistas escribían sobre su ingenio, él sostenía que su genialidad era apenas de un uno por ciento, basado en la inspiración y un noventa y nueve por ciento en la transpiración, es decir trabajo duro y persistente.
Aquí lo interesante del fracaso, es el fantasma de grandes proporciones que construye el ego. Porque, si estoy centrado en el ego, el sufrimiento está garantizado por la angustiosa expectativa que genera el tratar de triunfar sin equivocarse.
Triunfar y fracasar son constructos hipotéticos. Para no ir muy lejos, recuerdo que esta semana dicté una conferencia taller a un público encantador y al mismo tiempo exigente. Sin embargo, al finalizar la jornada y ser evaluado, las opiniones fueron tan diversas como contrarias. Para algunos la actividad había sido todo un éxito y para otros un completo fracaso. ¿Cómo es posible que una misma actividad fuera evaluada de manera tan opuesta? La respuesta es muy sencilla, porque en este caso en particular, el éxito de la actividad era una variable dependiente de la expectativa del publico y los organizadores. Así este “fracaso” o este “éxito” simultáneos, fueron el producto de la evaluación del resultado distante o cercano a lo esperado de manera subjetiva, independiente de la calidad, experiencia y conocimientos técnicos ofrecidos de manera objetiva.
No hay fiesta buena o mala, cada uno habla de la feria como le va en ella. La vida no es buena o mala, cada situación puede ser leída como exitosa o decepcionante, dependiendo de la manera como se mire y desde donde se mire.
O sino la historia de Sparky, que vamos a ver a continuación y que nos relata una vez más que el fracaso no existe.
Yo creo que lo que existe es, un grupo de seres humanos capaces de transformar sus debilidades en fortalezas.

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