El perro que me muerde… es mi maestro

wolf-62898_960_720Yo creo que todo en el Universo tiene un tiempo cíclico que va y viene en espiral ascendente y al volvernos a tocar, porque al fin y cabo todo se repite, aunque lo miremos diferente, en tanto soy distinto, por efecto de la experiencia que el mismo tiempo nos va regalando, y que como las lecciones se vuelven a presentar si no las he aprendido, entiendo que el perro que me muerde…es mi maestro, porque aprendo mucho del sufrimiento, cuando me doy permiso de escudriñar el sentimiento de enojo y dolor y lo puedo contrastar con lo que necesito descubrir en mi sombra.

En un primer momento el ego no permite ser agredido, porque aparecen los mecanismos de defensa para repeler, a toda costa, el ataque de aquel que va en contra vía del deseo o la expectativa egoísta. Así me siento a salvo cuando pongo una barrera protectora que impide sentir el dolor del ego herido. Sin embargo, cuando más tarde, la conciencia hace su trabajo sanador, confirmo que lo que en un principio pude haber catalogado como un “mal”, luego se convierte en un “bien” para mi crecimiento personal.

Creo que nada es bueno o es malo en sí mismo; más bien, prefiero utilizar la expresión “adecuado” para indicar que la acción o la omisión de una conducta, pueden ser o no indicadas para el proceso de crecimiento y madurez. Es decir, debo saber en qué momento actuar o abstenerme de hacerlo, pues la sabiduría consiste en identificar cuándo es el tiempo… para cada cosa.

Para esa situación grave cuando te acusan sin motivo, para ese instante agresivo en la calle, para ese mal momento con un compañero de trabajo, para ese dolor causado por no haber logrado lo que esperábamos, necesitamos la calma que ofrece la lectura profunda del evento que puede ayudarnos a encontrar la riqueza escondida que guarda ese “mordisco” del maestro… claro por supuesto, si me hago la pregunta: ¿qué debo aprender de esta situación en particular que se repite?

Para la muestra esta sentida oración manuscrita en un trozo de papel y hallada en el campo de concentración de Ravensbrück:

“Acuérdate, Señor, no sólo de los hombres y mujeres de buena voluntad, sino también de los de mala voluntad. No recuerdes tan sólo el sufrimiento que nos han causado; recuerda también los frutos que hemos dado gracias a ese sufrimiento: la camaradería, la lealtad, la humildad, el valor, la generosidad y la grandeza de ánimo que todo esto ha conseguido inspirar. Y cuando los llames a ellos a juicio, haz que todos esos frutos que hemos dado sirvan para su recompensa y perdón”.

En el texto de esta oración, encontramos una reflexiva manera de reconocer en la adversidad, el abono para el fortalecimiento del espíritu y el agradecimiento por lo sufrido, porque fue para redención.

Entiendo que cuando desde la paz interior observo los acontecimientos, confirmo que cada cosa que pasa tiene que pasar, pues al fin y al cabo pasará y nunca volverá a pasar, si aprendí la lección.

Yo creo que cada situación negativa en mi vida es un “mordisco” del maestro, para fortalecer mi tolerancia, paciencia y humildad que olvido practicar, cuando las cosas van bien.

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