El sagrado arte de vivir.

Yo creo que, al preguntarme sobre el sagrado arte de vivir retomo las palabras del escritor español Jose María de Pereda, - “La experiencia no consiste en lo que se ha vivido, sino en lo que se ha reflexionado”-, y entonces evoco la manera como he vivido.
Dice el refranero popular que: “más sabe el diablo por viejo, que por diablo” y me pregunto: ¿qué tan viejo soy?… ¿merced a mis reflexiones?, o por las “diabluras” que he hecho y que de algunas me arrepiento, o por lo que he dejado de hacer debido a la prudencia que va regalando estos años recorridos.
De nada vale haber cumplido muchos calendarios, si no he hecho una reflexión profunda del sagrado arte de vivir en cada momento existido. Así como descubro que la vida no tiene sentido sino viene acompañada de aprendizajes significativos.
De otro lado, llego a la conclusión, de que mi vida tiene sentido si tengo un para qué, siguiendo las líneas de pensamiento de Nietzsche o Viktor Frankl.
¿Para qué me caso? ¿Para qué estudio? ¿Para qué trabajo? ¿Para qué gano dinero? ¿Para qué ahorro? ¿Para qué invierto en este proyecto en particular? ¿Para qué peleo? ¿Para qué tengo un hijo? ¿Para qué escribo este blog?
Cada pregunta vital, me permite pensar la vida. Sin embargo, a veces paso el tiempo pensando… sin atreverme a vivir.
Al llegar cada 9 de noviembre, esto representa para mí, el fin de un ciclo vital y el comienzo de otra maravillosa oportunidad, para desde el asombro, por aquello de la incertidumbre, iniciar la posible corrección, de lo que aún me falta por hacer.
Soy el arquitecto de mi vida…y esa construcción a veces dubitativa, está llena del temor y de esperanza de lo que está por venir en parte, por el juego del destino, en parte consecuencia lógica de lo que he cultivado.
Soy la consecuencia de mis decisiones, así como de la posibilidad de aprender de mis errores.
Y tengo la certeza de que cada amanecer trae la posibilidad de un nuevo comienzo, cuando desde la fe, emprendo el camino de mi proyecto de vida. Y este proyecto, se me presenta como un lienzo en blanco que solo yo puedo pintar.
Doy gracias a la vida, por las posibilidades infinitas en el campo de todas las posibilidades, y le doy gracias, por mostrarme que el sagrado arte de vivir trae preguntas mayores: ¿Qué es vivir? y ¿Cómo estoy viviendo? Y que de mi depende, la manera como voy respondiendo.

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