La hermosa ingenuidad frente a la verdad.

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Yo creo que nuestra ingenuidad evita que veamos la realidad. Y creo que a veces preferimos vivir en un mundo de fantasía, antes que enfrentar los horrores del mundo real.

En un principio nos educaron para creer en todo lo que decían los libros de texto, como una verdad incuestionable. Principalmente los de historia, en donde aparecían héroes maravillosos, que habían conquistado territorios y aumentado sus imperios, pero que nunca declaraban los costos de estas gestas y las consecuencias en vidas humanas y ecosistemas afectados.

Del mismo modo, cuando leíamos cuentos de hadas, donde la princesa de turno, contrae matrimonio, vive sin problemas familiares y tiene como dieta el consumo de perdiz, “…ave gallinácea, del tamaño de una paloma, con el cuerpo grueso, el cuello corto y la cabeza pequeña, de plumaje ceniciento rojizo, y pico y patas rojos”, que como sus primas “vuela poco y que abunda en el sur de Europa, y es comestible y muy estimada como pieza de caza”. Fantasía suprema en tierras lejanas de Latinoamérica, y donde, además los hijos de la familia real, no juegan en la manga, sino en la pradera, tienen como mascotas liebres y no conejos y en los alrededores, entiéndase bosque encantado, y no matorral, merodean ogros y brujas variopintas, léase enemigos que afectan el futuro feliz espiritual y emocional de sus majestades, pero nunca el económico, ya que estaba asegurado, debido a los impuestos que eran recogidos de manera no muy santa.

Es decir, vivimos en una mentira de la familia feliz, y económicamente fuerte, que no tiene problemas de comunicación, ni de pareja y que su felicidad consiste en ganar dinero, para aparentar un estilo de vida, a costa del sufrimiento de los seres con quienes convive, por la soledad que produce la ausencia del proveedor, que tiene que ir a trabajar y a estudiar, con la ilusión de cobrar más por su conocimiento, pero que en realidad está “sobre perfilado” y la compañía donde labora ya no puede asumir el incremento de salario, a pesar de que sigue beneficiándose de los conocimientos superiores del incauto.

He preguntado a mis lectores: ¿qué es la felicidad? Y dentro de las múltiples respuestas que he recibido encuentro ésta que me parece serena, profunda y práctica: “Felicidad es encontrar el balance entre la familia, el trabajo y los proyectos y gustos personales. ¿A cuál entonces le doy prioridad? ¿A la familia, a los gustos personales, al trabajo?

Cada uno en su real saber y entender, encontrará la clave para ser feliz. Por mi parte sigo creyendo que estamos perdiendo mucho tiempo, ganando dinero. Y que la ingenuidad en que pretendemos vivir es hermosa, porque anestesia, dentro de una burbuja fantástica, donde no pasa nada, y nos protege de las invasiones de la realidad, que es cruel y dolorosa, pero que a la postre, es la vida que tiene sus momentos de altas y bajas.

Y entiendo que puedo ser manso, pero no menso y que esta vida es una prueba a mi inteligencia adaptativa, que se apoya en la inteligencia emocional, para sacarle provecho a lo que me acontece.

Yo creo que soy feliz cuando soy consciente, por lo tanto, me doy cuenta y me hago cargo, sin ingenuidad.

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