La mente del mono

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Yo creo que focalizar el pensamiento es muy importante para el logro de la paz y la serenidad interior; sobre todo si nuestra mente salta de rama en rama, en el árbol del sufrimiento. La “mente del mono”, se caracteriza por pensamientos divagantes, que pueden canalizarse sí se practica la meditación.

Hace poco, aproveche la calma de la ciudad, para observar la serenidad infinita que ofrecía aquella vista. Y pensé, así como es afuera es adentro. Entonces me di cuenta de que, si aquietaba el pensamiento, y me enfocaba en el placer profundo del silencio, podía encontrar las respuestas que estaba buscando.

Buda dice que el dolor existe, y que lo que no debe existir es el sufrimiento. ¿Qué nos hace confundir el dolor con el sufrimiento?

La primera tarea consiste en buscar la causa del sufrimiento. Porque cuando identificamos el origen del problema, podemos tomar las medidas suficientes y necesarias para resolverlo. Es decir, el sufrimiento puede detenerse si entendemos la causa de este y acto seguido, cambiamos nuestra forma de actuar, que fue precisamente, la que ocasionó la cadena de eventos traumáticos.

La infelicidad no es permanente… viene y va dependiendo de las condiciones generadas por nuestras expectativas. Lo que quiere decir que si bajo la expectativa, el sufrimiento también disminuye.

La causa básica del sufrimiento es la ignorancia. Esta ignorancia es el fruto de nuestra falta de atención a la naturaleza de la realidad. – ¿Sin embargo a que realidad se refiere Buda? -.

La sabiduría es el antídoto a esta ignorancia. Para desarrollar esta sabiduría, necesitamos un mayor entendimiento de nuestra mente, que se logra gracias a la meditación.

El sufrimiento se presenta dependiendo de la manera como pensamos; por ejemplo, sobre la enfermedad, el envejecimiento, la muerte, la guerra, la hambruna, la violencia, los odios, la depresión, el miedo, los deseos, el abandono, la soledad, los celos, la ansiedad.

Buscar la felicidad, que es lo opuesto al sufrimiento, es posible, pero no de la forma como nosotros la buscamos, en lo externo, pues realmente se encuentra en nuestro interior.

Dado que el sufrimiento tiene su origen en la percepción distorsionada que tenemos de nuestra propia existencia y de las falsas expectativas que se vuelven el referente para considerar qué nos hace felices y qué no; por lo tanto, el problema está en nuestra percepción afectada por el deseo.

Esta falsa percepción comienza cuando nos vemos a nosotros mismos como seres separados de los demás. Todo en el Universo está conectado y nada sucede al azar.

Cuando deseamos y nos atamos a relaciones, posesiones y estilos de vida, viene la tristeza y la decepción, si no podemos alcanzar la meta. De otro lado, le huimos a los factores de infelicidad: los enemigos, la falta de recursos, las situaciones difíciles, y nos frustramos, nos enojamos, nos desesperamos, si no somos capaces de evitarlos.

El sufrimiento crece, cuando cultivamos pensamientos y acciones basados en la consecución de resultados. Desapegarnos del resultado, es la vía para centrarnos más en el proceso.

Las cosas suceden como tienen que suceder, lo importante es cómo las percibimos, para crecer a partir de nuestro entendimiento de la realidad sin engañarnos.

La paz y la serenidad llegan cuando detenemos al “mono” para que no salte de rama en rama sin sentido, sino cuando logramos que se centre, aspecto fundamental del proceso de la meditación: observar en silencio, sin juzgar, para desapegarse del fin, y centrarse en lo que se hace aquí y ahora.

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