Las preguntas del niño

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Yo creo que no hay nada tan fascinante como las preguntas de un niño; sobre todo, si están salpicadas por la ingenuidad fantasiosa que todo lo puede y todo lo logra, con solo imaginarlo.

El fin de semana pasado, decidí obsequiarme un descanso en un lugar alejado del bullicio y el acelerado ritmo de la ciudad. Llegué hasta un pueblo a dos horas por carretera. El trayecto estuvo acompañado de música deliciosa y bellos durmientes que aprovecharon el viaje para disfrutar del movimiento del carro, que al mismo tiempo actuaba como potente somnífero.

Ya instalados en la casa campesina, decidí retirarme un poco para, gozar del aire limpio y del silencio profundo que ofrece el campo.

En la finca, había un niño divertido y juguetón, de esos que fácilmente entra en confianza y gracias a la naturalidad y sinceridad que le permite su edad, se acerca mirándome con cara de curiosidad y pregunta: – Don señor, si usted tuviera superpoderes, ¿cuál sería el suyo? -.

La pregunta me tomó por sorpresa. Y por un momento no sabía qué responderle; tal vez, algo fantástico para continuar el juego de su imaginación o algo real… que yo deseara verdaderamente.

Luego de un momento de reflexión, le dije: Yo quisiera tener el don de curar, de sanar a las personas cuando están tristes. El niño sonrió maravillado y concluyó: – ahhh…como que usted pone la mano así, y las heridas se borran-. sin sospechar de que le hablaba de las heridas del alma y de la depresión.

La inteligencia del niño me encantó. Más adelante volvió a preguntar: ¿y si usted pudiera hablar con Dios, ¿qué le preguntaría? En ese momento, no supe si estaba frente a un “ángel” camuflado, o un niño astuto, inquieto por saber mi respuesta, para compararla con su universo cognitivo. A lo que le respondí: -quizás a Dios, le preguntaría sobre mis tareas y si estoy cumpliendo el encargo.

Entonces llegó lo que temía…- ¿Oiga y cuáles son sus tareas? Ya estaba bastante encartado con el preguntón y mi incomodidad, no era por sus preguntas, sino por mi angustiosa ignorancia entorno a las respuestas.

Después de mucho pensar que responder, su madre lo llama, y me salva de mi inquisidor, pero me quedo dándole vueltas a sus preguntas.

Estoy convencido de que una buena investigación, comienza con una excelente pregunta. Y aquel niño, sin pretenderlo, me cuestionó en lo más profundo de mi ser. Desde entonces se han desencadenado una serie de preguntas adicionales:

¿Cuál es mi proyecto de vida, ahora?

¿Qué sentido tiene lo que estoy haciendo?

¿Estoy viviendo o sobreviviendo?

¿Estoy construyéndome como persona?

¿Estoy haciendo lo que me gusta?

¿Estoy trabajando en lo que amo y amo lo que hago?

¿En qué me estoy equivocando?

¿Qué es aquello que quiero que suceda en mi vida y aún no ha sucedido?

La vida, adquiere sentido cuando frente a la sucesión de preguntas, me permito responderlas una a una, desde la claridad de la conciencia, que se obtiene, cuando enfrento mi propia realidad, que a veces el ego rechaza, por el dolor que causa.

Yo creo que cuando me pregunto…me obligo a darme cuenta y hacerme cargo.

Entonces a partir de hoy, voy a responderme, sin auto-engaños, todas las preguntas del niño… de mi niño interior.

1 comment

  1. Cristina   •  

    Qué maravilla de reflexión….. Tengo preguntas también por responderme… Gracias…
    ********************************
    Lo maravilloso de la pregunta, es que me obliga a pensar Juan

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