¿Cleptómano o ladrón?

Yo creo que algunos padres y profesores se encuentran preocupados por las conductas de robo o hurto en casa y en los salores de clase y creo además que confundimos al ladrón con el cleptómano y es bueno aproximarse a las diferencias entre ambos.

La cleptomanía, aún es un misterio para los especialistas de la salud mental y la conducta. Los estudios más recientes como el que a continuación publica Reuters Health, indican que puede haber un parecido o similitud con algunos de los elementos asociados con las conductas de corte obsesivo-compulsivo. Esto quiere decir que más allá de “querer llamar la atención” o simbólicamente retener un objeto de amor representado en un objeto pequeño, podemos sospechar una conducta mentalmente conducida por otros factores.

A diferencia del ladrón, quien obtiene beneficio económico de lo hurtado, el cleptómano obtiene placer simbólico al poseer ciertas piezas que parecen más de colección personal.  

El artículo en mención es una tradución del inglés con fecha miércoles 15 de abril de 2009 y tiene origen en Nueva York, (Reuters Health) y dice:

La naltrexona, una medicación que se usa generalmente para tratar el alcoholismo y la drogadicción, reduce también el deseo de robar y las conductas asociadas en los cleptómanos, indicaron los resultados de un estudio publicado en Biological Psychiatry. “La cleptomanía compartiría muchas (…) similitudes con trastornos por abuso de drogas: deseo intenso de consumo, tolerancias, abstinencia, intentos reiterados y sin éxito de reducir o dejar de consumir y alteraciones del funcionamiento general”, destacó el equipo del doctor Jon E. Grant, de la Escuela de Medicina de la University of Minnesota.

La naltrexona pertenece a una clase de fármacos llamada antagonistas opioides, que entre otras funciones, reduce “la excitación y el deseo intenso asociado con el robo”. Durante ocho semanas, el equipo examinó la efectividad y la tolerabilidad de la naltrexona en 25 adultos con cleptomanía, que al azar recibieron naltrexona o placebo. Completaron el estudio 23 personas.

El equipo observó una reducción significativamente mayor de las características obsesivo-compulsivas asociadas con la cleptomanía en los pacientes tratados con naltrexona que en el grupo de control. La dosis promedio efectiva fue de 116,7 miligramos diarios.

A diferencia de los pacientes tratados con placebo, los que tomaron naltrexona lograron una reducción significativamente mayor de los síntomas y la gravedad de la cleptomanía. El grupo de tratamiento activo también logró una mayor respuesta en la evaluación del funcionamiento psicológico y una mayor reducción de la depresión y la ansiedad.

La mayoría de los efectos adversos fueron leves a moderados y ocurrieron en la primera semana de tratamiento.

Para el equipo, la efectividad de la naltrexona en este estudio respalda la hipótesis de que la manipulación farmacológica del sistema opiáceo en el cerebro podría reducir los síntomas primarios de la cleptomanía.

FUENTE: Biological Psychiatry, 1 de abril del 2009 Reuters Health

Queda sobre el tapete la discusiòn en torno a cómo diferenciar en el salón de clase y en casa, a un ladrón de un cleptómano y si se trata de un problema neurobiológico o además tiene componentes sociales, económicos, culturales y emocionales tratando de compensar vacíos psicológicos o estamos frente a una problemática generada por las competencias por tener y aparentar.

El derecho de ser papás

Yo creo que en el arte de educar los hijos, hemos perdido el rumbo desde la paternidad y que es necesario reclamar nuestro derecho a ser papás.

Ser padre es un derecho que se gana. No es un accidente biológico como algunos lo toman. Ni es un simple deseo el querer tener un hijo. Es más bien un compromiso con la posteridad, que no puede delegarse, ni entregarse a cualquiera. Es un derecho para defender y una oportunidad maravillosa para ejercer.

Entonces la pregunta que surge es la siguiente ¿qué hace un papá? ¿A qué se dedica mientras su hijo crece?

…Más allá del ejercicio de proveedor económico, y satisfactor de necesidades básicas,  los padres podemos hacer tres cosas muy importantes con nuestros hijos: Saber preguntar, saber escuchar y saber responder.

Una buena pregunta es la base de una excelente investigación. En el arte de preguntar encontramos la sabiduría de quién hace la pregunta, pues tiene una intencionalidad manifiesta. De ahí la importancia de un padre que sepa cuándo, cómo y de qué manera preguntar y de esta forma movilizar en su hijo otras preguntas que le ayuden a pensar y reflexionar sobre su propio desarrollo y evolución, en concordancia con su proyecto de vida.

En la escucha tenemos otro valor poderoso del ser padre. Si lo comparamos con un maestro de la vida, encontramos que en el arte de escuchar se fundamenta la acogida amorosa de quien comprende la naturaleza del otro y guarda silencio para no juzgar a priori. De ahí que un padre que escucha, sea buscado por la necesidad del hijo, como quien va a un oráculo esperando asesoría.

Y finalmente el arte de responder. Como la manera experta en que un padre dona todo su conocimiento de la vida desde el pensar, el sentir y el hacer. Generando de este modo un diálogo permanente entre el novato y el guía; entre el impulso y la conciencia; entre los sueños y la realidad.

Sea este mi homenaje a los papás del mundo que saben cuál es su papel en la historia y reclaman su derecho a ser padres.

Los abrazos que cambian el mundo

Yo creo en el poder sanador de los abrazos.

Nada tan reconfortante y cálido como sentir el abrazo espontáneo de un niño.

O el abrazo fuerte de la madre cuando está esperando eternidades, la llegada de su hijo perdido.

Creo en el abrazo de la reconciliación entre dos hermanos que se han peleado y además creo en el abrazo protector cuando una catástrofe o emergencia nos ha llegado de sorpresa.

Creo en el abrazo amoroso del padre cuando recibe a su hijo asustado por una pesadilla.

Y creo en el abrazo de felicitación cuando nuestro equipo ha ganado el campeonato.

Creo en el abrazo acompañante cuando un ser querido ha muerto.

Y creo en el abrazo estremecedor de los niños especiales cuando triunfan en sus olimpiadas.

Creo en la ternura del abrazo entre los viejos.

Creo en la verdad del abrazo de la pareja después del erotismo y la pasión.

Y creo que si todos nos abrazáramos, este mundo sería distinto.

Definitivamente creo en la abrazoterapia.

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Qué podemos y qué no, en la formación de los hijos

Creo que, entre los padres de familia, gravita una constante preocupación en torno a nuestro papel en el proceso formativo de los hijos.

Por estos días asistí a un taller de padres de familia, organizado por un importante colegio de la ciudad y gracias a las variadas actividades propuestas esa noche, me llamó la atención un texto, que precisamente por lo sencillo, posee esa profundidad característica, solo perceptible para quienes tienen ojos para ver y oídos para oír.

Al texto original, le he hecho algunas modificaciones gramaticales y de forma pero no de fondo, para hacer más fluida la lectura.

Al mismo tiempo, como desconozco el autor del mismo, pido a mis lectores, me iluminen, el origen del escrito.

El texto comienza así:

Hijo, hija:

Te di la vida, pero no puedo vivirla por ti.

Puedo enseñarte muchas cosas, pero no puedo obligarte a aprenderlas.

Puedo dirigirte, pero no responsabilizarme por lo que haces con tu vida.

Puedo instruirte en lo qué es malo y bueno, adecuado e inadecuado; pero no puedo decidir por ti.

Puedo darte amor, pero no puedo obligarte a aceptarlo.

Puedo enseñarte a compartir, pero no puedo forzarte a hacerlo.

Puedo hablarte del respeto, pero no te puedo exigir que seas respetuoso.

Puedo aconsejarte sobre las buenas amistades, pero no puedo seleccionarlas por ti.

Puedo educarte acerca del sexo y la sexualidad, pero no puedo dirigir y controlar tus conductas sexuales.

Puedo hablarte acerca de la vida, pero no puedo construir una reputación para ti.

Puedo decirte y mostrarte que el licor es peligroso, pero no puedo hacer que te abstengas de consumir, si no es una decisión tomada por ti.

Puedo advertirte acerca de las drogas, pero no puedo evitar que las uses.

Puedo exhortarte a la necesidad de tener metas altas, pero no puedo alcanzarlas por ti,

Puedo enseñarte acerca de la bondad, pero no puedo obligarte a ser bondadoso.

Puedo darte pistas en cuanto a la ética, pero no puedo hacerte una persona moral.

Puedo explicarte cómo vivir, pero no puedo vivir por ti.

Hijo, puedes estar seguro de que hago todo esto… porque te amo. Sin embargo, lo que hagas con tu vida, dependerá de ti…

Y aún cuando esté a tu lado, como padre, las decisiones trascendentales de tu vida, solo tú podrás tomarla.

Yo creo que, al menos el texto ilustra qué podemos hacer los padres y que no, en relación con la formación nuestros hijos. Y confrontarnos día a día con la pregunta: ¿qué estilo parental requieren nuestros hijos hoy?

Espero comentarios, para enriquecer la reflexión.

La casa en el aire…

Con la muerte de el maestro Escalona, se cierra un hermoso capítulo en la cultura colombiana. Me refiero a la capacidad de narrar brevemente un acontecimiento acompañado de música, al estilo juglar.

Sin embargo, fuera de hacer un sentido y humilde homenaje al compositor Rafael Calixto Escalona Martínez,  quiero referime como psicólogo, a una de las letras de sus ya inmortales composiciones: La casa en el aire.

Yo creo que como padre, a pesar del deseo, es muy difícil instalar a la hija en una casa aérea, léase inaccesible, para evitar de esta forma, que cualquier oportunista pretendiente (como se decía antaño), cautive a la “incauta paloma”.

En forma de canción, Escalona plasmó el temor de más de un padre, preocupado por el futuro amoroso de su hija.

El problema no está en aislar a la doncella, sino en trabajar decididamente para que ella adopte posturas de autocuidado y responsabilidad que le permitan tomar decisiones separadas de la carga hormonal, social y afectiva, que estos primeros noviazgos traen.

Con razón, el “intelectual del vallenato”, se hizo maestro, contando pedazos de vida, en este caso como padre, teniendo en cuenta su preocupación.

Paz en su tumba al irremplazable Escalona.

Soy persona, soy valioso, pero no conozco mi valor…

Yo creo que ser persona es algo valioso.

Yo creo que no sabemos realmente nuestro valor. Y esto se demuestra cuando permitimos que otros asalten nuestra dignidad. O cuando, con nuestro comportamiento, autorizamos a los amigos, familiares y cercanos, a que nos falten al respeto.

¿Y que es faltar al respeto? Es atentar contra lo más sagrado que el otro tiene o cree poseer.

Lo he visto en niños con actitudes tiránicas, quienes tratan a sus padres como si fueran iguales o incluso más pequeños que ellos mismos.  Como si los niños fueran los padres de sus padres.

Lo he percibido en conversaciones entre amigos, caracterizadas por el comentario desobligante contra la integridad moral del otro, sin estar este presente, para tener derecho a la réplica o a la defensa.  O cuando se escudan en la espalda del amigo, para que les haga el “cuarto” de turno, en desmedro de la ética, la lógica, el sentido común, o la verdad.

Lo que quiero decir es que con el pasar de los años he observando como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto se van diluyendo en el diario vivir. Y los conciudadanos del mundo vamos saltando límites y permisos y leyes para atropellar a los demás.

Cada uno de nosotros tiene un valor. Por el solo hecho de ser persona…eso ya significa que tiene un valor, Incluso histórico, porque nadie sabe el recorrido vital de otro y por lo tanto desconoce la riqueza de su vida, gracias a las experiencias y conocimientos que ha ido ganando en el proceso de vivir.

Yo creo que valgo, porque mi vida tiene sentido no solo para mí mismo, sino para otros, aunque ese valor sea subjetivo y sólo importante para quien con sabiduría, sabe apreciar y valorar.