¿Quién soy…para juzgar?

audience-1866738_960_720Yo creo que juzgar es muy fácil; lo difícil es ponerse en el lugar del otro…cuando se juzga.
Desde niños hemos sido receptores de juicios. El entorno se obsesiona calificando nuestro comportamiento. Crecemos en medio de críticas y dedicamos gran parte del tiempo a hacer lo mismo con los demás. Esto nos convierte en unos jueces implacables del quehacer del prójimo y al mismo tiempo, queremos estar eximidos de la evaluación que nos hacen los demás.

Opinar, sin el conocimiento del verdadero contexto es muy riesgoso. Pregunto: ¿con qué derecho, y de una manera a priori, vamos expresando “nuestro” concepto amañando de las circunstancias que estamos observando? Creo que hay sabiduría en el acto de guardar silencio…por respeto, por misericordia, y por la distancia que se requiere para mantener la objetividad frente a las conductas de los demás; algo que se aprende en casa, porque en algunos hogares se enseña a no dejar “títere con cabeza”, cuando se trata de hablar mal de los miembros de la propia familia.

Por estos días están circulando con la velocidad de la luz, diferentes vídeos que son apologías de la falta de respeto por la dignidad de la persona. Clips donde se aprovechan de la buena fe de los individuos y de su ignorancia, asociada con el desconocimiento de un determinado idioma por ejemplo, para en medio de palabras “impublicables”, hacerles quedar en ridículo frente al mundo entero.

Continuamente la vida nos ofrece oportunidades para practicar el silencio respetuoso. Porque independiente de la responsabilidad que cada persona tiene en relación con sus actos, ¿quién soy yo para juzgar, lo que el otro hace, si puedo estar haciendo lo mismo que reprocho?

Juzgar fuera de contexto es temerario. Afirmar que un hecho sucedió basado en conjeturas, no es objetivo. Por lo tanto, es preferible abstenerse de comentar y mejor guardar silencio por dignidad, pues puedo equivocarme y hacer daño con mis apreciaciones.

Las redes sociales se han convertido en un medio poderoso para crear fuerzas de opinión que no están completamente informadas. Un vídeo, editado con una intención específica, o con un enfoque sin permitir contexto, pueden ser nefasto a la hora de formar un concepto sobre algo o alguien.

En determinados momentos, el comportamiento de los demás, por polémico, se hace digno de juicio; pero es muy fácil hacerlo desde la comodidad del teléfono inteligente, que no sé por qué se llama así, si el inteligente debe ser el usuario, para evaluar con objetividad lo que le envían por la redes sociales. Ver los “toros desde la barrera”, no me permite evaluar lo que se siente en el verdadero ruedo de la vida.

No estoy disculpando con esto, el comportamiento de los demás; cada uno en su sabiduría, sabrá en que acierta y en que se equivoca cuando actúa, y en cómo y por qué lo hace. Pero lo que si tengo claro es que no soy quien para juzgar, ni tampoco para pontificar sobre la conducta de los otros, porque no tengo autoridad moral para dictar sentencia.

Se ha convertido en un deporte mundial, opinar sobre lo que hacen los otros y yo creo que es más importante evaluar mi propia conducta.

Mientras unos entran licor camuflado al estadio, y lo filman como si fuera lo máximo de la viveza y la astucia humana, burlando la norma…otros dan ejemplos dignos y bellos para imitar, sin hacerse “selfies”…como aquellos japoneses en el mundial de fútbol… aunque, ¿quién soy yo para juzgar?

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