Saber decir no, aunque el deseo grite sí.

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Yo creo que es muy importante saber decir no, así como es fundamental saber entender cuando nos responden con un no, para entonces, si es del caso, trabajar por el sí.

Recuerdo que hace muchos años, siendo adolescente, llegué derrotado a mi casa, luego de estar jugando con fuego, como aprendiz de seductor y atreverme a invitar, a salir conmigo, a una vecina muy codiciada y atractiva.

Por supuesto ella me dijo que no, me miró molesta, y con tono decidido cerró la puerta de su apartamento “incómoda con mi osadía”, por haberle hecho este tipo de invitación. Entonces con el ego herido, me fui para mi casa, devastado, a encerrarme a llorar de enojo conmigo mismo, por haber sido tan evidente a través de mi intención y desconocer los secretos del arte de la seducción; sabiendo como lo supe después, que mi propuesta en el fondo, la había halagado.

Afortunadamente mi padre se encontraba ese día en casa, y notó mi malestar y mi disgusto. Cuando le conté lo sucedido, con profunda sabiduría de hombre conocedor de estos temas donjuanescos, me enseñó una de las mejores lecciones del arte amatorio. Me dijo: con las mujeres tienes asegurado el no, por muchas razones que van desde la estrategia, la dignidad, el no ser su tipo, querer conocer tu reacción y tu capacidad de insistir, hasta la necesidad de estar preparadas para la ocasión; por lo tanto, en el futuro trabaja por el sí.

Por ello desde ese día, frente a un no, ya lo entiendo como una maravillosa invitación a trabajar por el sí, y esto lo aplico en cada uno de los temas importantes de mi vida.

Todo esto vino a mi memoria, porque por estos días estoy releyendo con deleite a Hugo Finkelstein, un terapeuta de pareja y dramaturgo argentino quien, en su libro En nombre del amor, en un especial apartado, hace un exquisito ensayo sobre el arte de decir No.

Para Finkelstein un no que necesite de explicaciones y justificaciones y largas caminatas, y reflexiones profundas en el jardín, no es un no. Porque el no, será mas claro para el otro si hace rato fue claro para mí, antes de pronunciarlo.

Para este psicólogo, el verdadero no, jamás dejará abiertas las trampas para la esperanza o la posibilidad de futuro. Ni puede dejar de ser NO, aunque el otro y el mundo se pongan “patas arriba” como él dice.

Cuando el no es contundente, le quitará posibilidades a las segundas partes. Y ese no, debe decirse personalmente y jamás por redes sociales o por correo electrónico, para decirlo con la gallardía y el decoro que merece el respeto por la otra persona.

Agrega Finkelstein que el No, no se dice con silencios, ni en voz baja, mucho menos gritando, o con la cabeza agachada, ni mirando para otro lado, ni con símbolos devueltos, o con pena o satisfacción, porque la psicología de la asertividad nos enseña que la voz del no, no puede ser vacilante ni agresiva.

Entonces yo creo que, siguiendo la línea de pensamiento del colega Finkelstein, cuando sabemos decir no, estamos poniendo a salvo nuestra dignidad, y la ilusión del otro, ya que el no, en vez de ser una negación del pasado, es una corrección del futuro.

Sin embargo, hay momentos en donde es importante decir no… aunque nuestro deseo, grite si.

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