Las preguntas del niño

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Yo creo que no hay nada tan fascinante como las preguntas de un niño; sobre todo, si están salpicadas por la ingenuidad fantasiosa que todo lo puede y todo lo logra, con solo imaginarlo. Continuar leyendo

Cuando lo importante es encontrar el propósito.

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Yo creo que a veces nos sentimos perdidos cuando no encontramos el propósito que le de sentido a nuestras vidas. Entonces nos preguntamos: ¿para qué nacimos? ¿Qué sentido tiene mi vida?

Momentos de oscuridad intensa acechan la esperanza de vida. Nubarrones oscuros se ciernen sobre nuestra existencia, cortando cualquier espacio para la luz. Sin embargo, una palabra amiga, una lectura juiciosa o la mirada atenta de la realidad que nos circunda, se convierten en procesos terapéuticos que nos permiten darnos cuenta y hacernos cargo y la iluminación, inunda todo con un nuevo aliento, y entonces se ve clara la razón de ser y esto le da sentido al para qué estamos en la tierra. Continuar leyendo

¿Qué me apasiona?

musician-2148871_960_720Yo creo que la pasión es el motor de la vida. Y que, definitivamente, uno de los descubrimientos más tenebrosos que hacemos, es constatar que nada nos apasiona… por lo tanto, concluyo: ¿para qué vivo?
Así la pregunta fundamental a la hora de evaluar nuestra existencia es: ¿qué me apasiona?... Para identificar luego, aquello por lo cual vale la pena vivir. Entonces, si la pasión es el motor, eso quiere decir que el deseo es, en última instancia, el directo encargado de darnos la suficiente energía para ir en pos de lo que queremos; pues en la vida es muy importante saber lo que queremos, para ir por ello y en ese propósito,la pasión y el deseo son obligatorios para lograr metas y objetivos.
Trabajar con pasión por aquello que queremos, es lo mejor que nos puede pasar. Desear intensamente algo para conseguirlo es la razón de la existencia. Levantarse diariamente con un propósito, nos da la motivación necesaria para darle sentido a la vida.
En otras palabras, estamos hablando del “sin sentido” que tiene la existencia, en sí misma, si no le encontramos horizontes. Cada minuto que pasa puede ser vacío, si no encontramos el propósito.
Por lo tanto ¿por qué no siento pasión? Porque desde niño me robaron toda posibilidad de soñar al confrontarme desde muy temprano con la realidad. Recordemos que el tiempo del niño es el tiempo para soñar. Porque como adolescente me cortaron las alas de la imaginación, donde era poderoso y capaz, para sumirme en la tristeza de la incomprensión y la soledad selectiva, merced al rechazo de quienes, por el contrario, deberían haberme acompañado, pese a mi rebeldía. Porque castigaron mi “niño interior”, obligándome a madurar y a comportarme como un hombre serio, antes de tiempo, afectando mi proyecto de felicidad.
En definitiva, me apasiono porque tengo sano y libre el “niño interior”, que todo lo puede, todo lo quiere, todo lo sabe y todo lo sueña y lo consigue para su propio deleite, y para enriquecer de sentido su propia vida, con la capacidad de disfrute y goce que todo niño posee.
Yo creo que lo que me apasiona es todo aquello que puedo y me permito disfrutar pues, al fin y al cabo, disfrutar es la consecuencia lógica de hacer las cosas… con pasión.

¿Por qué no soy feliz?

Yo creo que una de las preguntas fundamentales que nos ronda con frecuencia, es aquella relacionada con la felicidad. Porque, cuando todo se nubla frente a nuestros ojos, surge del fondo de las tinieblas de la tristeza, la duda sin respuesta: ¿por qué no soy feliz?

Se podría responder en primer lugar, que la infelicidad es una consecuencia del pasado, que no se sabe manejar en el presente, para preparar el futuro.

Del pasado, porque fue allí cuando comenzó el proceso de acumular memorias tristes; recuerdos apesadumbrados  y experiencias traumáticas sin fin. Desde un pretérito inconsciente,  sin poder defendernos de los ataques del desaliento, sumado a las épocas intrauterinas, donde éramos los depositarios de las depresiones de nuestra madre,  o los beneficiarios de las alegrías de la anhelada espera de ella y del entorno familiar. Todo esto sin contar con la herencia hormonal, de la que no pudimos escapar, y que pasa su factura inexorable en la pobre recaptación de serotonina.

De otro lado, las primeras vivencias, los primeros eventos triunfantes y gananciosos, así como los primeros traumas, van acumulando nostalgias, a manera de balance, que no siempre muestran un marcador favorable.

Entonces llega el presente con su cúmulo de frustraciones, que no se pudieron manejar en su momento, porque no había los recursos o porque no fuimos entrenados adecuadamente para manejar  sentimientos y pensamientos perturbadores.

Esto explica, entre otras cosas, nuestro desánimo y desaliento actual. Pues nos falta repertorio cognitivo, que nos ayude, a manera de escudo protector, a pensar con esperanza hacia el futuro, a construir pensando en el mañana, a soñar en momentos mejores por lo indoloros, donde la luz y la claridad sean parte natural del paisaje.

Así, ¿Por qué no soy feliz? Es una pregunta entonces, que se puede resolver, más que en la búsqueda de las causas, en la pro-actividad jubilosa de la esperanza, pues, si no puedo cambiar mi pasado, si puedo cambiar mi reacción y mis conductas del presente, para construir futuro.

¿Es posible conquistar la felicidad?

Yo creo que todos tenemos derecho a la felicidad. Y también creo que, no nos han enseñado ha conquistarla.

Entonces si nos apoyamos en el pensamiento del Dalai Lama, Tenzin  Gyatso encontramos que él cree que, el propósito fundamental de nuestra vida, es buscar la felicidad,  y que esto se logra con el “entrenamiento de la mente”. Sin embargo, así planteado, esto no es fácil de alcanzar, si desconocemos cómo se hace dicho entrenamiento.

Teniendo en cuenta mi formación como psicólogo, entiendo desde la ciencia, que el objetivo principal de este entrenamiento, consiste en ayudar a quien se encuentra en estado depresivo, a controlar sus pensamientos de tristeza o melancolía, debido entre otras elementos como el bioquímico, a la manera como piensa.  Entonces se necesita educar la mente para que él aprenda a resolver sus conflictos internos, y de esta forma facilitar sus relaciones consigo mismo y con los demás. Entonces la palabra “entrenamiento de la mente” no deja de tener un sabor cognitivo, como del orden del pensamiento intelectual.

Para el Dalai Lama, «entrenamiento de la mente» no se refiere al entrenamiento de la capacidad cerebral intelectual, sino mas bien a la connotación que proviene de la palabra tibetana Sem, que tiene un significado parecido al de «psique» o «espíritu», y que comprende lo intelectual, sumado con el sentimiento desde lo emocional, mediado por la manera cómo se piensa.

Así, “entrenar la mente” para él, se refiere a la implementación de una “adecuada disciplina interna”, que permita experimentar una transformación en nuestra actitud y un cambio de perspectiva en el enfoque de nuestra vida.

Esta “disciplina interna” supone tener en cuenta los factores culturales y sociales que influyen en nuestro pensamiento y sobre todo el conocimiento del método para reprogramar la mente.

Lo primero consiste en identificar aquellos factores, desde nuestra educación y formación del pensamiento, que conducen a la felicidad y los que llevan al sufrimiento. Una vez hecho eso, dice el Dalai Lama, es necesario eliminar gradualmente los pensamientos que llevan al sufrimiento, mediante el cultivo de los que llevan a la felicidad. Ése es el camino o método.

Ahora, según el budismo, existen cuatro fuentes para nutrir la realización o felicidad personal: la riqueza, la satisfacción mundana, la vida espiritual y la iluminación.

Sin pretender ser religiosos o espirituales, invitando a los lectores a alcanzar la iluminación, se podría proponer que la búsqueda de la alegría y la felicidad se hagan desde una perspectiva más mundana. Pues dice la gente del común, que la salud, el dinero y el amor son la clave del contento.

Sin duda, la buena salud, es necesaria para una vida plena. El dinero por ejemplo o las posesiones materiales y el grado de riqueza que acumulamos, podrían ser decisivos a la hora de ser feliz; así como las buenas amistades y los compañeros con quien compartir afecto. Pero lo más importante es la capacidad para disfrutar y la disposición del pensamiento desde el optimismo, para interpretar las adversidades y los problemas, como componentes contradictorios y necesarios de la felicidad.

En esta perspectiva, el secreto último parece consistir, en la capacidad para armonizar la mente. Y esto se logra cuando aquietamos el pensamiento y en clave de oración, meditación o silencio absoluto, controlamos el parloteo mental y logramos un silencio reparador, para ver más allá y comprender que nuestro estado natural, es la felicidad.

Somos ricos y estamos llenos de necesarios innecesarios

Yo creo que somos ricos y no nos hemos dado cuenta. Aunque algunos se sienten muy pobres, a pesar de todos los beneficios que la vida les regala, entonces pienso que más allá de la estratificación socio económica, que por supuesto marca, el concepto de riqueza o pobreza tiene mucho más que ver con la actitud frente a la existencia, que con la capacidad adquisitiva.

Se escucha por ahí, que esa persona “es tan pobre, que dinero es lo único que tiene”.  Y por supuesto conocemos muchas personas que a pesar de las limitaciones económicas, están llenas de alegría y espíritu creativo.

¿En donde está la diferencia? Yo creo que está en la forma de mirar el mundo. Pues gracias a la manera de percibir, se puede observar un mismo fenómeno de dos maneras opuestas. Por ejemplo cuando se contempla medio vaso con agua, el pesimista dice en forma contundente: “veo medio vaso de agua vacío”. En tanto el optimista sostiene que está frente a un vaso medio lleno de agua. Entonces si es el mismo vaso con agua, ¿por qué es posible encontrar diferentes puntos de vista?

Las explicaciones pueden ir desde la carga bioquímica que nos hace depresivos, o el estilo educativo frente a la desesperanza aprendida o la manera social y cultural de ver el mundo con cierto dejo pesimista.

La esperanza existe, más aún cuando somos ricos en creatividad, y manejo optimista de las oportunidades. Y cuando a pesar de la adversidad somos capaces de ver la puerta que se abre en medio de la incertidumbre.

Somos ricos en solidaridad, y en acompañamiento hermanado, como lo demuestran las campañas sociales en busca de ayuda para el más necesitado.

Y somos ricos en alegría y amistad cuando un cercano está triste y confundido.

Así como somos ricos en epítetos y frases malsonantes cuando se trata de agredir y censurar el quehacer de los demás.

A veces se nos olvida que somos ricos. Y vemos pobreza donde no la hay e ignoramos riqueza pues no vemos la fuente…porque creo que no es un problema de cuenta bancaria si no más bien de conciencia de abundancia, pues rico es aquel que no necesita y hay ciertas necesidades creadas innecesariamente.

La dolorosa despedida…

board-1820678_960_720Yo creo que en estos tiempos de crisis económica, son muchas las empresas que, en su desesperada carrera por sobrevivir, comienzan a recortar gastos.  Y dentro de las temibles soluciones cabe, por supuesto la posibilidad del recorte de personal. 

 

Recuerdo muy vivamente cuando comentando en familia la decisión de un recorte de personal en la empresa donde trabajábamos, la más pequeña de las asistentes a la reunión, tendría cuatro años a lo sumo, preguntó muy preocupada: -papi:… ¿le sale mucha sangre a la gente recortada? 

 

La risa fue la reacción de todos, sin embargo me quedé pensando en el dolor que produce una despedida y más cuando la persona precisamente, no se la espera. No solo corre “sangre” sino toda la vida de la persona.    

 

Una cosa es preparar la posible despedida, pues se rumora por los pasillos de la empresa y otra, llegar a la oficina y encontrarse con la fatal noticia.

 

Las personas que sufren un despido, pueden dividirse en dos grupos: aquellas que tuvieron el tiempo para el proceso de duelo y aquellas que todavía se resisten a creer en esa realidad puntual y concreta,  pues les avisaron en muy corto tiempo que ya no pertenecían a la compañía.  Estas personas deben elaborar el duelo como si hubieran perdido a un ser querido.
¿Qué es el duelo?
 
Es toda situación emocional y dolorosa que se experimenta como respuesta a una pérdida; por ejemplo, la pérdida de un ser querido, una mascota, un objeto significativo, el trabajo, la casa, una parte del cuerpo o incluso referido a su funcionamiento específico y que la persona lo valora como emocionalmente importante para ella.

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