El perro que me muerde… es mi maestro

wolf-62898_960_720Yo creo que todo en el Universo tiene un tiempo cíclico que va y viene en espiral ascendente y al volvernos a tocar, porque al fin y cabo todo se repite, aunque lo miremos diferente, en tanto soy distinto, por efecto de la experiencia que el mismo tiempo nos va regalando, y que como las lecciones se vuelven a presentar si no las he aprendido, entiendo que el perro que me muerde…es mi maestro, porque aprendo mucho del sufrimiento, cuando me doy permiso de escudriñar el sentimiento de enojo y dolor y lo puedo contrastar con lo que necesito descubrir en mi sombra. Continuar leyendo

Acompañ…arte

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Yo creo que la pareja tiene sentido como esa persona que he elegido para acompañarla y que me acompañe en el camino de la vida, el resto de mi existencia. Sin embargo, no es fácil acompañar. 

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Al caminar juntos…como pareja.

clogs-2947980_960_720Yo creo que ser pareja significa, entre otras muchas cosas, salir del egoísmo, para permitirme compartir. Y este salto ya es difícil cuando he vivido desde la auto-referencia, sin darme cuenta de la existencia del otro, desde su singularidad y su manera propia de ver el mundo.
Caminar de la mano con esa otra persona, representa ir hacia la misma meta. No puedo pretender continuar el camino pensando en un objetivo propio, ahora se trata de unir esfuerzos para lograr un destino común. El panorama cambia radicalmente: se establece relación con una nueva familia, surgen preguntas en torno a los hijos, se planean viajes, inversiones, descanso, estudios, compras, y todo esto no puede partir de una necesidad individual, sino del análisis cuidadoso de un presupuesto económico que, por aquello de la sociedad conyugal, es sensible a cualquier mal movimiento.
El buen manejo de la economía, se hace decisivo para la estabilidad emocional de la pareja. El ingreso y flujo de caja, quien lo creyera, es un elemento clave en la felicidad de los enamorados que, al vivir bajo un mismo techo, tienen responsabilidades administrativas y, por lo tanto, cada inversión o gasto que se haga afecta el presupuesto familiar.

La vida con otro, nos invita a tomar conciencia de que no estamos solos. Dado que cualquier decisión que tomemos beneficiará o afectará la pareja.
Por ello, al momento de casarme, debo pensar sin la emoción y el entusiasmo del enamoramiento, para aterrizar en la realidad del manejo de la economía, que no tiene corazón, y de esta forma, balancear el presupuesto familiar como prioridad, y dejar en un último plano las búsquedas individuales, porque de lo contrario no debería casarme. A menos que la situación económica de ambos lo permita y facilite proyectos individuales.
Así, el matrimonio, como en los cuentos de hadas, sólo es posible con príncipes acaudalados. En la realidad del siglo 21, decidir la convivencia, debe pasar por los extractos bancarios, pues al fin y al cabo el “amor con hambre no existe” y menos aun cuando los acreedores duermen en la cama nupcial…y sería mejor garantizar primero la estabilidad económica, antes de jugar la aventura del “escape nocturno”, y empezar de cero económicamente, que suena romántico, pero poco práctico para un proyecto matrimonial.
A veces por estar enamorados, no pensamos con cabeza fría. Aquí ya el tema no es sexual, afectivo, social o emocional. El “mariposeo” inicial, debe darle paso a la realidad concreta de vivir en compañía, para construir una vida en pareja. La comunicación afectiva, efectiva y asertiva son parte fundamental del entendimiento desde el respeto y la consideración del otro como un interlocutor válido.
Yo creo que la idea es tomar conciencia de que cuando me comprometo a vivir en pareja -más allá del amor- lo fundamental es la capacidad para caminar juntos y estar dispuestos a dejar de pensar en solitario, para hacerlo en compañía y construir un proyecto de vida en común desde el amor, pero principalmente desde la responsabilidad por el compromiso adquirido.

Se cierra un ciclo, cuando el amor acaba.

hands-437968_960_720Yo creo que el amor cumple ciclos vitales. Va pasando desde el erotismo incontrolable, a la amigabilidad tranquila, con la tertulia trascendental que sueña el futuro.
El verdadero amor en pareja tiene en sí mismo todas las contradicciones de la naturaleza humana. Su funcionamiento hormonal, impide que la razón haga parte del proceso, pues deja de ser romántico y emocionante, cuando le metemos lógica y cabeza fría, ya que esto aterriza el asunto.
En el amor romántico se pierde la sensatez, entonces hacemos locuras en nombre del amor.
En algunos casos, las diferencias de caracteres, ciertos rasgos de la personalidad, la intolerancia, los juegos de poder, los comportamientos egoístas y los celos enfermizos, van minando la relación hasta llevarla a niveles críticos.
De otro lado las infidelidades, la incomunicación, y la falta de sexo gratificante le dan muerte a la sana convivencia y por lo tanto a la vida en pareja.
Yo creo que el amor en estas condiciones acaba. Entonces la pregunta que nos hacemos es: ¿Cómo elaborar duelo frente a la perdida de la relación? ¿Cómo cerrar el ciclo, para poder continuar el camino sin dejar este tema pendiente?
La respuesta comienza con la interpretación del apego. Nuestro miedo al abandono marca una diferencia importante a la hora de despedirnos. Así como la negación de la perdida…sabiendo que el secreto consiste en la aceptación humilde de la derrota al comprender que no somos el objeto de amor preferido del otro.
La culpa aparece como un elemento clave, pues me siento responsable de la pérdida de la relación y cargo con todo el peso de esta muerte del amor.
El miedo a la soledad es otro factor decisivo al momento de disparar todos los mecanismos rebeldes, que evitan la obligatoria separación. Somos capaces de comprar compañía a muy alto precio, con todos los inconvenientes que esto trae, con tal de sentirnos acompañados, así sea, de un compañero inadecuado.
El orgullo herido o “la herida narcisista”, en definitiva, es lo que toma protagonismo, frente a las preguntas angustiosas: ¿por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Qué tiene el otro(a) que no tenga yo? ¿Qué le da esa persona, mejor que yo? …si yo soy tan buena pareja…negando la posibilidad que tiene el otro, desde su libertad, de elegir cualquier otro objeto de amor, cuando y como lo desee.
Trabajar la negación, es el primer paso en el proceso de elaboración del duelo. Aceptar la realidad es un duro golpe para el ego; pero es la condición necesaria para comenzar el proceso de cierre.
Luego la rebeldía rondará un buen rato -lo que es normal- acompañada de la culpa y el deseo de destruir el objeto de amor. Para más tarde ver la realidad y reconocer sin orgullo, que hemos perdido y que debemos exorcizar nuestros fantasmas asociados con el miedo, al abandono, la soledad y la autoestima, así como la autoeficacia vulnerada.
Aquí se trata de construir un proyecto de vida con una nueva pareja… buscando en lo posible corregir nuestros errores del pasado y con humildad reconocer que en el amor no es posible controlar nada… salvo nuestra fiera interior, que a su paso destruye todo, desde el miedo.

Misántropo vs Filántropo.

shoes-1879015_960_720Yo creo que si observamos la misantropía en oposición a la filantropía, podemos encontrar respuestas a estos fenómenos sociales. Si entendemos al misántropo como aquel que no piensa en los demás como un semejante, sino como la versión pobre de la naturaleza humana; pues según él, los demás no son lo suficientemente inteligentes o dotados, como para entenderlo y compartir con él.
Piensa que los otros se equivocan, pero nunca él. Pues una de las características del misántropo es que se cree único en su especie, es decir como alguien infalible, perfecto… y los demás son los exponentes de la mediocridad, el mal gusto, la falta de cultura, la poca clase social, el pobre intelecto y la ausencia de refinamiento al vestir o al comer. Pero yo creo que todo eso, no es más que un mecanismo de defensa, pues tiene miedo de los demás.
Cómo una muestra de su temor a la gente, observamos cómo su actuación es excluyente y exclusiva, claros indicadores de su falta de habilidad social para establecer contacto.
Pero ¿por qué tiene miedo? ¿Realmente a qué le teme? ¿Fue algo que aprendió desde niño?
En oposición, el filántropo es todo lo contrario. Encuentra en la gente su fuente de motivación y satisfacción. Siente y percibe a los demás como el método para el encuentro consigo mismo. Como un mecanismo que le permite crecer como persona, a partir del encuentro con el otro.
En la relación YO-TU, es donde se fortalece el crecimiento personal, pues el otro, al ser mi espejo, me permite ver mi reflejo. Es lo que le da sentido a mi existencia, pues soy…si tú eres. Y define los parámetros de mi humanidad, al reconocer la humanidad del otro, con todo lo que eso implica.
En palabra del poeta y canta-autor Alberto Cortez en su poema “Los demás”
“Nunca estamos conformes del quehacer de los demás
y vivimos a solas sin pensar en los demás,
como lobos hambrientos, acechando a los demás,
convencidos que son nuestro alimento, los demás.
Los errores son tiestos que tirar a los demás;
los aciertos son nuestros y jamás de los demás;
cada paso un intento de pisar a los demás,
cada vez más violento es el portazo a los demás.
Las verdades ofenden si las dicen los demás,
las mentiras se venden, cuando compran los demás;
somos jueces mezquinos del valor de los demás
pero no permitimos que nos juzguen los demás.
Apagamos la luz que, por amor a los demás,
encendió en una cruz, El, que murió por los demás;
porque son ataduras, comprender a los demás,
caminamos siempre a oscuras sin contar con los demás.
Nuestro tiempo es valioso, pero no el de los demás;
nuestro espacio, precioso, pero no el de lo demás,
nos pensamos pilotos del andar de los demás;
“”donde estemos nosotros… que se jodan los demás””.
Condenamos la envidia, cuando envidian los demás,
más lo nuestro es desidia, que no entienden los demás.
Nos creemos selectos entre todos los demás;
seres “”pluscuamperfectos””, con respecto a los demás.
Y olvidamos que somos, los demás de los demás;
que tenemos el lomo como todos los demás,
que llevamos cuestas, unos menos y otros más,
vanidad y modestia como todos los demás…
Y olvidando que somos los demás de los demás,
nos hacemos los sordos, cuando llaman los demás
porque son “”tonterías”” escuchar a los demás,
lo tildamos de “”manía”” al amor por los demás”.

Entonces…Yo creo que si estoy solo…como un ermitaño, me pierdo de muchas experiencias enriquecedoras que vivo cuando comparto con otros. Y que, si me doy permiso de aceptar y reconocer las diferencias en los otros, en relación conmigo, amplio mis horizontes y potenciales, pues me humanizo en compañía de los demás.

¿Qué tan bueno es tolerar?

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Yo creo que la tolerancia tiene límite sobre todo cuando ya están en juego otros factores como la dignidad y el amor propio.
Si la tolerancia es un valor, que nos lleva a la actitud que nos permite respetar opiniones, ideas, creencias, comportamientos y actitudes de los demás, aunque no coincidan con las nuestras, también es cierto que en determinados momentos no podemos permitir que afecten nuestra integridad física, mental o espiritual.
¿Qué tan bueno es tolerar?… la respuesta a esta pregunta puede tener múltiples lecturas y va en dirección al desarrollo de la capacidad de resistir o aguantar los impactos que causan los comportamientos, pensamientos y acciones de otros que, de alguna manera, van en contravía de nuestro propio parecer. Sin embargo, esto significa que es bueno para la convivencia, respetar las diferencias naturales y obligatorias que presentan los demás y que, de otro lado, nos lleva a revisar nuestro egoísmo, terquedad o punto de vista cerrado, cuando nos falta empatía y no nos ponemos en el lugar y en el derecho del otro.
Así mismo, cabe preguntarse, ¿qué sucede cuando lo que hace, dice o actúa el otro, atenta contra nuestro derecho? La sabiduría personal juega un papel importante en la manera cómo asumimos lo que hace el otro…es decir si lo vemos como un ataque o una excelente oportunidad para probar nuestra paciencia, al tiempo que relativizamos lo que consideramos nuestro derecho.
Además, porque también debemos reconocer que existen personas intolerantes que se quejan por todo, o creen que nadie puede pensar diferente a ellos y que corremos el riesgo de caer en el juego de las mutuas intolerancias.
Yo creo que tolerar hace parte de la inteligencia emocional y que con un buen discernimiento como el que nos brinda la sabiduría, nos damos cuenta cuándo es bueno o no hacerlo.

Quiero amarte…sin absorberte

Yo creo que esta publicación de Virginia Satir, titulada Mis Metas y que aparece en el libro “En contacto íntimo” de la editorial Concepto S.A. en su onceava reimpresión en Méjico en 1988, tiene esa estructura característica de escrito simple pero profundo, que merece ser disfrutado .

En este texto la autora, de quien ya he escrito algunos otros comentarios, propone lo siguiente:

Mis metas

“Quiero amarte sin absorberte,

apreciarte sin juzgarte,

unirme a ti sin esclavizarte,

invitarte sin exigirte,

dejarte sin sentirme culpable,

criticarte sin herirte,

y ayudarte sin menospreciarte.

Si puedes hacer lo mismo por mí, entonces nos habremos conocido verdaderamente y nos podremos beneficiar los dos”.

Comencemos por la expresión “amarte sin absorberte”. Creo que se refiere a la posibilidad de amar al otro permitiéndole ser. Esto significa: permitirle ser libre, ser ella o él mismo. Para poder desarrollar libremente su personalidad desde sus creencias y valores. Desde su mapa representacional y conceptual del mundo. En resumen, se trata de observar al otro desde el respeto, sin intervenir en su construcción, para beneficio de mis propósitos egocéntricos. Es importante reconocer nuestro egoísmo y nuestras ganas de controlar a la otra persona, para que se acomode a nuestros intereses.

Y esto se enlaza muy bien con la siguiente frase, donde la doctora Satir, nos invita a apreciar a la otra persona sin juzgarla. Qué difícil no juzgar, no censurar, no perseguir. Pues desde niños hemos sido educados en la crítica. En la observación evaluadora de nuestros padres y maestros y por lo tanto de sus juicios que nacen de su comportamiento como seres de control y manipulación. Entonces perpetuamos la acción de juzgar y la convertimos en nuestra aliada más poderosa, para de esta forma obligar a los demás a actuar y pensar según nuestro criterio.

Amar es dejar ser. Entonces nuestras uniones de pareja no pueden convertirse en una forma sutil de esclavitud. No se trata de establecer un vínculo entre un amo y un esclavo. Se trata del encuentro respetuoso y responsable de un par de personas que desde la libertad optan por acompañar al otro en sus respectivos caminos; sin presiones, sin culpas, sin chantajes emocionales.

Y mucho menos se trata de exigir al otro que actúe, piense, reaccione o se comunique en una determinada dirección. Renunciado a sus propios ideales, valores y mapas de creencias.

Lo preferible es formular una invitación amistosa y amigable a ese otro, para que nos acompañe en el camino. Pero dicha compañía no se puede exigir. No se puede obligar. Porque debe originarse desde el deseo del otro. Desde la búsqueda del otro. No únicamente desde mi deseo o mi necesidad de ser acompañado.

Porque si, en medio de la marcha, se suscita una necesidad de caminar solo, entonces es cuando se puede recobrar la libertad sin remordimientos.  Pues, es posible abandonar sin sentirse culpable.

Criticar se facilita cuando se hace con amor. Con respeto por el proceso y el estilo del otro. Cuando se busca ayudar al crecimiento personal propio y de la pareja.

Y la ayuda a mi pareja o compañero de viaje, tiene sentido cuando la ofrezco para agilizar el camino y no para entorpecerlo. Porque una ayuda que paralice no es ayuda. Una ayuda que incapacite no es ayuda. Una ayuda que genere dependencia, no es ayuda.

En esta línea, amar se parece más a un proceso de desapego que de apego. Pues se trata de caminar, respetando las individualidades, que de fusionarme con el otro, perdiendo la identidad y el libre albedrío.

Por ello quiero amarte…sin absorberte… para que seas tu misma.
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