Todo en la vida…tiene su tiempo.

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Yo creo que cada situación en la vida tiene su tiempo. Por lo tanto, no debo apurarlo, más bien debo ser paciente, pues cada vivencia llega cuando debe llegar. Cada situación se va, cuando se debe ir. Y no obedece a mi capricho, ni a mi deseo; pero eso si…obedece a lo que necesito de cada evento vital, para aprender de ello. Continuar leyendo

Promesas para cumplir

hug-2734958_960_720Yo creo que, al finalizar un período, siempre es bueno hacer balance para aprender de los propios aciertos y errores.
En este año que pasó descubrí… que fui más perceptivo e intuitivo, y que al momento de vivir disfruté de lo que me rodeaba y acontecía. Sin embargo, también me di cuenta de que sucedieron eventos confrontadores asociados con el valor de la vida, y el significado de la muerte y otros tantos acontecimientos maravillosos en donde pude tomar conciencia de la finitud de mi vida, para no volver a cometer el error de dejarla pasar, sin hacerme cargo de ella.
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La segunda oportunidad.

feet-619399_960_720Yo creo que cuando la vida nos regala una segunda oportunidad, esta debe aprovecharse. Porque es claro que, en los profundos misterios de la existencia, y frente a la pregunta para qué estoy vivo, la respuesta es simple pero contundente: vinimos a cumplir tareas y a aprender lecciones.
El sagrado arte de vivir se hace muy complejo, cuando ignoramos las razones y las lógicas de ciertos eventos existenciales, entre los que está el fenómeno y el simbolismo de la muerte; y me refiero no solo a la muerte física, sino al final de cualquier proceso como el perder el trabajo, perder una amistad, sufrir la pérdida de una parte del cuerpo o su funcionalidad, perder posición social, entre otros.
¿Qué lecciones debo aprender?
Si la vida, me regala vida nuevamente, creo que cambiaría muchas cosas de mi recorrido vital, por ejemplo, me complicaría menos y evitaría complicar a los demás.
Si en una relación de pareja me ofrecen una segunda oportunidad, luego de una crisis o una muerte parcial por separación, evaluaría todas mis equivocaciones y comenzaría un proceso de cambio para no volver a caer en lo mismo.
En el campo laboral, al darme una segunda oportunidad, la administraría de tal forma que, al reivindicarme, quede claro que mucho de lo ocurrido, es mi responsabilidad…y se verifica en mi mejora.
Y si el tema se refiere a la muerte física y volviera a vivir…disfrutaría del amor, la paz, la tranquilidad y la sabiduría espiritual, de la compañía de mi familia y mis amigos y del nuevo tiempo que se me obsequia; en vez de ocuparme de posesiones materiales, pues comprendo que nada me llevo y que la vida, va más allá del enriquecimiento material y que de nada sirve, si tengo pobreza espiritual.
De otro lado, no gastaría mi nuevo valioso tiempo en angustias superficiales, como las vanidades, egos, posiciones y prestigios que sólo quedan para la posteridad y la fama histórica, que siempre es repartida entre tus opositores y tus amigos más cercanos…y que, por su amor, estos últimos, no ven o mejor disculpan, tus errores más significativos.
Y aprovecharía para pedir perdón, y auto-perdonarme por mis faltas sobre todo cuando procrastino y perdonar aquellos que me han ofendido.
Yo creo que, si tuviera una segunda oportunidad para vivir, emplearía mi único capital, el tiempo, en actividades provechosas para mí y mis cercanos, para capitalizar como ganancia, la tranquilidad de conciencia al estar alineado con el Universo.
Y creo que no tengo que esperar una situación límite como esta, para hacer aquí y ahora, lo que debo hacer, en mi segunda oportunidad.

La experiencia proviene de los malos juicios

Yo creo que cada cosa que nos sucede, es una excelente oportunidad para aprender. Pues hasta en medio de la adversidad se puede encontrar el tesoro de la enseñanza o la moraleja. Nada de lo que nos pasa es al azar, pues se convierte en maestro, cualquier acontecimiento, si sabemos extraer de él, los aprendizajes para la vida.

Barry Le Patner dice que: “…el buen juicio proviene de la experiencia y la experiencia proviene del mal juicio”. Dicho así sería bueno levantarle un altar a las equivocaciones. Son precisamente nuestros errores los que nos guían en el sagrado arte de vivir. Son nuestros fallos, los que nos permiten corregir el rumbo.

Con frecuencia, con mis estudiantes de la universidad, hablamos de la importancia de perder. Pues cuando se pierde, para el que está despierto, surge la pregunta ¿por qué no se dio lo que se esperaba? Entonces el buen juicio recomienda implementar los correctivos del caso para intentarlo de nuevo. Es precisamente allí,  donde se descubre, cómo la equivocación permite plantear la pregunta: ¿Qué debo corregir?

Me lo imagino como en un juego de video, donde el sistema pide hacer determinadas cosas adecuadamente, pues de lo contrario no se puede pasar al siguiente nivel. Entonces el jugador como un reto personal, busca la solución a la pregunta: ¿Qué estoy haciendo mal?

Al revisar con juicio nuestras actuaciones y pensamientos, nos damos cuenta de cómo algunos errores repercuten en el curso de los acontecimientos. Afortunadamente a veces, la vida nos regala una segunda oportunidad para recomponer lo andado.

En el camino de la vida, en la construcción de nuestro proyecto, es importante evaluar continuamente, para observar progresos y fracasos.

Una buena pregunta, es el comienzo de una buena investigación. Y el examen cuidadoso de los hechos garantiza, para quien lo quiere, la esperanza de encontrar pistas para enderezar el rumbo.

Para quien está alineado con el Universo, el campo de todas las posibilidades se abre más aún.

Entonces, que al hacer balance de este semestre, sea la esperanza y no la derrota la que impere, pues se trata de aprender de las equivocaciones, para seguir adelante.

El amor tiene poder…

El amor transforma y puede lograr muchos objetivos.  Sin embargo a veces confundimos el amor y en nombre de él cometemos errores y hacemos tanto daño que no alcanzamos a dimensionar las proporciones de sus efectos.

Por ejemplo: el amor de una madre por su hijo en algunos casos, puede ser tan exagerado, que lo protege tanto, que no permite que el niño se desarrolle por sí mismo y hace de este un ser incapaz de enfrentar el mundo,  gracias al amparo de su todopoderosa mami.

El amor obsesivo de una pareja enferma, que desde la celotipia cierra todas las posibilidades de libertad y libre desarrollo de la persona, olvidando que el verdadero amor es el que precisamente permite la libertad del otro, para ser.

El amor erótico que solo ve el placer momentáneo de lo físico y olvida el valor permanente de la amigabilidad, dejando en un segundo lugar, los ricos placeres del diálogo constructivo de la amistad de las parejas.

Es decir, creo en el poder del amor que transforma cuando facilita que el otro sea; también creo que el amor destruye cuando no permite la expresión espontánea de sentimientos, pensamientos y acciones de mi semejante.