Los regalos del universo

hand-3319720_960_720
Yo creo que el universo me regala sus dones, pero a veces no estoy preparado para verlos.

Recuerdo que mi vida ha estado llena de regalos de felicidad, como la vez que me encontraba en la casa de mi mamá, un domingo, en una reunión familiar. En esa época, ella vivía en un segundo piso, pues siempre adoró la idea de tener un balcón para sentarse allí, y sentir la frescura del aire y de esta forma tener la sensación de libertad y de poder, al mirar a las personas, sin ser observada. Continuar leyendo

Conversaciones conmigo mismo…sobre los demás

Yo creo que la sabiduría consiste entre otras cosas, en la capacidad para reconocer humildemente la sabiduría del otro y pienso que la sabiduría aumenta cuando tomamos conciencia de nuestra propia ignorancia, sobre todo cuando se trata del autoconocimiento.

Cuentan que en cierta ocasión se encontraba caminando el iluminado con sus discípulos y al pasar por un lago, dijo: observad como los peces saltan y de esta manera se “divierten”.

Uno de los acompañantes repuso: “¿y tú cómo sabes, que eso “divierte” a los peces si no eres un pez?”

Los demás discípulos miraron al maestro, esperando la reacción de este, pues consideraban un irrespeto la pregunta del novicio y al mismo tiempo sentían curiosidad por conocer la respuesta del gurú.

Entonces el maestro con dulzura y amabilidad dijo: ¿Y tú cómo sabes que yo no soy un pez, si tú no eres yo?

Yo creo que de eso se trata la sabiduría… en re-conocerme y sobre todo en aceptarme. Y descubrir que soy un milagro ambulante y que tengo la posibilidad de andar haciendo milagros gracias al amor.

Y que no debo preocuparme por el camino de otros, las acciones de otros, las vidas de otros, si al menos no me ocupo de la mía, que es la que en verdad debe ocuparme.

Creo que pasamos mucho tiempo criticando las acciones de los demás sin darnos cuenta que somos los demás de los demás. Y que puedo ahorrarme muchos sufrimientos, si no me comparo con otros.

El día que practique todo esto, van a terminar las conversaciones conmigo mismo, sobre los demás.

Creo en la esperanza

Yo creo que la esperanza es una fuerza motivacional muy importante. Y que cuando se pierde, nuestra vida al mismo tiempo siente la ausencia de horizonte y de sentido.

La esperanza es un motor sutil, y va de la mano de la fe. Cuando escuchamos el veredicto médico que nos confirma la muerte debido al avanzado estado del cáncer, que mina la propia existencia o la de un ser querido, entonces aparece la ilusión poderosa de la esperanza de que un milagro nos vaya a salvar.

Lo mismo le sucede al estudiante incauto que cree que al final del periodo académico, después de haber mal gastado su tiempo, un evento providencial desde la fe, producirá un cambio mágico en sus notas finales.

También conozco las historias de personas que hasta el último momento esperan que cambie el desenlace fatal de una situación que contra todo pronóstico, puede que no se de.

Yo creo que hay esperanzas de esperanzas. Que es más fácil creer que algo se va a dar, cuando las condiciones y las circunstancias y las lógicas aumentan las probabilidades de que suceda. Entonces cuando todo está en nuestra contra y en contra de la lógica, cuando ya no hay nada que hacer… aparece el milagro como la contradicción de la lógica misma. Y esa contradicción es la que esperan algunos, con esperanza.

Yo creo en la esperanza como una forma de alimentarme la ilusión. Y creo que vivo de ilusiones, porque sino, el ahorro, la previsión, la compra de una casa o la inversión en la educación de los hijos, no tendría sentido.

Al fin y al cabo sólo es posible vivir, cuando me levanto todos los días con la ilusión, la fe y la esperanza de que algo bueno está por ocurrir. Yo creo que esa es la diferencia entre los optimistas y los pesimistas.

Y creo que la muerte, con todos los sentidos que ella tiene, en vez de matarme la ilusión, me alimenta la esperanza de que hay algo más allá. Es decir que no muere la esperanza, ni la fe, sino que cambia la realidad.

¿Para qué luchar?

Yo creo que frente a las dificultades, adoptamos posiciones innecesarias, que más bien, lo que consiguen, es paralizar nuestro camino. Dichas reacciones nacen de los pensamientos pesimistas que se alimentan precisamente de la miopía para ver la luz al final del tunel.

Todo se torna oscuro y tenebroso. Sentimos que de ésta no vamos a salir y solo esperamos el más fatal de los desenlaces. Pero como siempre hay un amanecersiempre hay una puerta que se abre, una mano que se tiende, una posibilidad dentro del campo de todas las posibilidades,  entonces el milagro se produce.

Dicho milagro aparece en forma de oportunidad, como una eterna rueda de la vida o samsara, que actualiza la prueba, pues el universo repite las lecciones hasta que se aprenden. Entonces la vida te da otro chance y es el momento de aprovecharlo. Y se trata precisamente de emplear ese instante maravilloso para preguntarnos: ¿qué espera de mí la vida?

Posiblemente algo como lo que John  Bunyan expresó en su texto El progreso del peregrino cuando dice:

“Aun cuando haya pasado por todo lo que pasé, no me arrepiento de los problemas en que me metí, porque fueron ellos los que me condujeron hasta donde deseé llegar. Ahora, todo lo que tengo es esta espada, y la entrego a cualquiera que desee seguir su peregrinación. Llevo conmigo las marcas y las cicatrices de los combates; ellas son testimonio de lo que viví, y recompensas de lo que conquisté.

Son estas marcas y cicatrices queridas las que me abrirán las puertas del Paraíso. Hubo una época en la que viví escuchando historias de hazañas. Hubo otras épocas en que viví simplemente porque necesitaba vivir. Pero ahora vivo porque soy un guerrero y porque quiero un día estar en la compañía de Aquel por quien tanto luché”.

Yo creo que la vida nos presenta en cada amanecer la nueva oportunidad para continuar la lucha sin desfallecer. Entonces adquiere sentido la tarea, a pesar de los pesares, a pesar de las circunstancias, a pesar de las personas y principalmente a pesar de nosotros mismos.

Yo creo que sí vale la pena luchar por aquello, que creemos valioso.

La importancia de las manos

Yo creo que todo comenzó con esa lectura típica que se realiza en el aeropuerto, mientras la escala obligatoria te invita a matar el tiempo. El libro de turno: el volumen I de los cuentos completos de Julio Cortázar y el texto elegido al azar: “las manos que crecen”.

Mientras la historia transcurre, los pensamientos se agolpan y comienza esa sensación incómoda de querer dejar el libro a un lado, para sumergirse en los propios pensamientos derivados de la lectura.  Una y otra vez las ideas convergen en un mismo pensamiento… se vuelve obsesivo, por lo recurrente: -“definitivamente las manos son muy importantes y no las valoramos”.

Yo creo que las manos no han sido completamente exploradas en toda su dimensión. Es decir, las usamos inconscientemente y solo nos damos cuenta de su valor, cuando las perdemos o cuando su funcionalidad se limita.

En otras palabras, el uso de las manos se reduce al diario oficio de realizar tareas con ellas de una manera mecánica o repetitiva, sin dimensionar que pasaría, si por aquellas cosas del destino o de la suerte, un accidente las mutilara o las inhabilitara.

Las manos se emplean para escribir; para tocar instrumentos musicales; para acariciar a nuestros hijos y a los seres que amamos y deseamos. Para moldear con arcilla o barro verdaderas piezas artísticas y hasta para golpear cuando el enojo y la furia quieren expresarse de todas maneras.

Con las manos se puede matar a otro ser viviente y con ellas también, realizar cirugías magistrales que les devuelven la vida a otros.

Con las manos, conduzco el automóvil, el avión y el sistema de transporte masivo, que juego desde niño.

Además con las manos, puedo todo lo que la imaginación me permite, para satisfacer mis deseos ocultos e inconfesos.

Y con las manos: oro, medito y hasta logro acciones curativas, cuando las impongo con amor, desde la fe.

Así, las manos con todo su poder, tienen capacidad de comunicación, cuando el lenguaje se convierte en símbolos y significados.

Me miro las manos y las de todos lo que caminan a mi alrededor y me doy cuenta del maravilloso milagro de su existencia.

En fin…el texto de Cortázar vuelve a tomar su rumbo, mientras anuncian la salida del vuelo a Singapur.