La mente del mono

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Yo creo que focalizar el pensamiento es muy importante para el logro de la paz y la serenidad interior; sobre todo si nuestra mente salta de rama en rama, en el árbol del sufrimiento. La “mente del mono”, se caracteriza por pensamientos divagantes, que pueden canalizarse sí se practica la meditación. Continuar leyendo

¿Quién soy…para juzgar?

audience-1866738_960_720Yo creo que juzgar es muy fácil; lo difícil es ponerse en el lugar del otro…cuando se juzga.
Desde niños hemos sido receptores de juicios. El entorno se obsesiona calificando nuestro comportamiento. Crecemos en medio de críticas y dedicamos gran parte del tiempo a hacer lo mismo con los demás. Esto nos convierte en unos jueces implacables del quehacer del prójimo y al mismo tiempo, queremos estar eximidos de la evaluación que nos hacen los demás. Continuar leyendo

Cuando escuchar a otro…ya es terapéutico.

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Yo creo que escuchar a otra persona per se, ya es terapéutico para ella.
El otro día me encontraba en la cafetería de la universidad, repasando un texto para la clase de terapia humanista existencial y quería como objetivo de esta, explicar cómo la escucha es terapéutica, cuando desde el respeto y la aceptación del otro, la ofrecemos sin condición y como una forma de valorar su sentimiento, para darle al mismo tiempo seguridad y confianza en que todo lo que diga, va a ser recibido libre de prejuicio. Continuar leyendo

Lo que significa regalar

Yo creo que regalar tiene diferentes significados muy importantes. Al regalar, te donas o te entregas, precisamente a través de aquello que regalas, pues te haces presente en la vida y en el recuerdo de esa persona.

Sin embargo creo que hemos perdido la dimensión del acto de regalar, al dejarnos llevar por una sociedad consumista que mira el precio y la calidad del objeto material y olvida los significados psicológicos, espirituales y morales que tiene un regalo.

Cuando se va a regalar, se piensa en la persona, sus gustos, sus deseos, lo feliz que se va a sentir al recibir ese regalo. Al mismo tiempo, nuestro deseo consiste, en acercarnos lo más posible a la satisfacción de quien recibe.

Incluso se convierte en un honor el que esa persona, nos reciba el presente.

Precisamente se llama presente, porque me hago presente o hago sentir presente a esa persona en mi vida.

Yo creo que los regalos, no deben condicionarse. Pues deben nacer de la espontaneidad y del desprendimiento de quien dona.

Se da con alegría, se da sin esperar nada a cambio, se da si por el simple placer de dar. Porque además, lo importante está en el significado de lo que se regala. Al regalar, nos estamos proyectando…somos el regalo.

Debemos trascender los regalos materiales, pues yo creo que, son más importantes los regalos que damos desde el amor.

Regalar tiempo, regalar compañía, regalar un abrazo fuerte, una sonrisa honesta, regalar una palabra motivadora a tiempo, regalar un silencio respetuoso, es más valioso que regalar un carro, una casa, o un perfume costoso.

Regalar, espiritualmente hablando, trae beneficios. Esto se debe al movimiento energético que se produce en el universo al desprendernos de algo nuestro. Es más, debemos agradecer a quien nos recibe, porque de esa manera nos permite desprendernos y este vacío que se produce atrae hacia nosotros, dones.

Ahora, yo creo que, comprender a otro, es el regalo más bello y significativo que podemos darle. Entender sus motivos, comprender sus causas, ponerme en su lugar, para evitar egoísmos e injusticias así como regalarle la oportunidad de exponer sus tristezas y dolores y sobre todo, regalarle la libertad de elegir donde quiere estar y con quien, en ciertos momentos coyunturales de su vida.

Yo creo en la generosidad del amor. Yo creo en la madurez de la libertad de quien espera ser respetado en sus decisiones, así no se compartan…así como creo que hay maneras más hermosas y afectuosas de decirle a otro: me haces falta, sin necesidad de violentarlo, condicionarlo o castigarle con un regalo por ejemplo.

Por ello en esta próxima navidad, mis regalos no serán materiales. Me reuniré con todas mis familias, los abrazaré profundamente, celebraré con alegría si alguno de ellos hace mucho tiempo que no lo veo, porque vive lejos y me regala con su valiosa presencia. Miraré a los ojos a quienes amo y pediré y daré el regalo del perdón a quienes lo necesiten, pues tengo claro que nada compensa los años de compañía incondicional jamás condicionada y por supuesto, daré el regalo de la libertad y la comprensión cuando alguno de ellos, por el motivo que fuere, no pueda o no quiera acompañarnos, a celebrar el encuentro.

¿Qué digo? es diferente a ¿Cómo lo digo?, para la comunicación efectiva.

couple-1427863__340Yo creo que cuando se trata de aprender a escuchar a otra persona, ocupan papeles  importantes dos aspectos distintos pero complementarios. De un lado está lo que el otro dice y del otro la manera cómo lo dice. Entonces de acuerdo con esta dicotomía, son dos las preguntas fundamentales que se nos plantean, al comprender la esencia de la comunicación entre dos seres humanos: ¿Qué es lo que dice el otro? y por supuesto, ¿Cómo lo dice?

De esta forma, aparece un nuevo protagonista en este proceso: el silencio; absolutamente obligatorio para poder escuchar. Y no se trata solo del silencio lingúistico, cuando cerramos los labios y ningún tipo de sonido sale de ellos; me refiero al silencio mental, más importante y decisivo a la hora de captar con lujo de detalles, lo que está tratando de decir mi interlocutor sin distorsionar su discurso.

Es aquí, cuando otro personaje interviene en esta obra: el lenguaje corporal, que añade el toque mágico a este encuentro. Sabemos que una imagen vale más que mil palabras y que entonces lo expresado en forma oral, se enriquece e incluso se transforma, con la participación del cuerpo. Así nuestra capacidad de escucha no se limita a los oidos o al silencio obligatorio, del que ya hemos hablado, sino a a nuestra capacidad para ver y comprender el mensaje cifrado que lanza con el cuerpo y en doble línea, quien se está expresando. Por que puede ocurrir que quien habla, tenga una intención al querer decir algo, pero su mensaje cambiar, gracias a la manera cómo lo dice corporalmente.

Por todo esto, escuchar es un arte y una habilidad que debe cultivarse, para poder distinguir el contenido del proceso; porque a veces nos quedamos en el discurso y no en sus efectos. Y quedamos presos en la forma y no en la esencia de los diálogos. En fin tanto lo que se dice y el cómo se dice…son complementarios.

¿Cómo hago para vivir?

Yo creo que vivir es un riesgo que vale la pena correrse. También creo que no es fácil hacerlo y que requiere de mucho coraje para salir adelante a pesar de las dificultades. Entonces tampoco es fácil responder a la pregunta: ¿cómo hago para vivir?

Recuerdo el pasaje de mi vida en el cual, conversando con alguien muy angustiado por la situación que estaba atravesando en ese momento, me decía que no quería vivir. Tal vez él esperaba, que yo, le diese algún consejo iluminado, pero me limité a quedarme callado. Guardé silencio por un buen rato, con la idea de hacerlo recapacitar sobre el hecho de que él, no había terminado la frase y por supuesto estaba esperando que la cerrara o la concluyera. Entonces me mira con desconsuelo y me pregunta de nuevo: ¿no vas a decirme nada? A lo que le respondo: Estoy esperando el cierre de tu afirmación.

La expresión no “quiero vivir” está incompleta. Sería bueno cerrarla diciendo: No quiero vivir en este pais. No quiero vivir esta situaciòn económica, No quiero vivir en esta casa. No quiero vivir angustiado. No quiero vivir con la incertidumbre de mi enfermedad etc.

Se trata de ser específico y descriptivo en relación con el significado completo de la afirmación “no quiero vivir”; pues se vuelve un lugar común escuchar, por supuesto de manera descuidada, comentarios de muerte que aparecen cuando la vida nos presenta sus dolorosas complejidades.

La tendencia ahora, consiste en buscar la vida fácil, sin problemas, dolores y dificultades. Desconociendo que en la vicisitud, se encuentra la esencia del crecimiento personal. Es decir, el arte de vivir nos prepara para responder las preguntas difíciles de la existencia. Pues al fin y al cabo, cuando el examen o la prueba está muy fácil, pierde encanto y precisamente cuando está más difícil, el desafío grato consiste en superar el reto.

La respuesta a la pregunta ¿cómo hago para vivir?, se encuentra en nuestro silencio interior. Vano esfuerzo el de aquel que pretende encontrarla afuera, en los demás. Pues nadie puede vivir la vida por otro y mucho menos entrometerse en las tareas del alma ajena.

Además porque yo creo que la vida, no solo me pone la prueba, sino que me da las herramientas necesarias para iluminar el camino y ver lo que no puedo ver o no quiero ver.
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