¿Te extraño?…o ¿dependo de ti?

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Yo creo que extrañar es sinónimo de depender. Y creo que aquello de lo que dependo, es en definitiva lo que me esclaviza. La mayor libertad, está en no necesitarte.

Quien dice: “necesito un cigarrillo o un trago”, es un esclavo, porque depende física y psíquicamente de dicho consumo; pues como la ansiedad es intolerable, siente que no puede vivir sin ello y sufre síndromes de abstinencia e infiernos similares; sin embargo, no extraña su presencia como tal, sino que el organismo pide a gritos que fume o beba licor, y es comprensible, porque depende de él para sentirse bien. Continuar leyendo

Cuando escuchar a otro…ya es terapéutico.

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Yo creo que escuchar a otra persona per se, ya es terapéutico para ella.
El otro día me encontraba en la cafetería de la universidad, repasando un texto para la clase de terapia humanista existencial y quería como objetivo de esta, explicar cómo la escucha es terapéutica, cuando desde el respeto y la aceptación del otro, la ofrecemos sin condición y como una forma de valorar su sentimiento, para darle al mismo tiempo seguridad y confianza en que todo lo que diga, va a ser recibido libre de prejuicio. Continuar leyendo

¿Qué me apasiona?

musician-2148871_960_720Yo creo que la pasión es el motor de la vida. Y que, definitivamente, uno de los descubrimientos más tenebrosos que hacemos, es constatar que nada nos apasiona… por lo tanto, concluyo: ¿para qué vivo?
Así la pregunta fundamental a la hora de evaluar nuestra existencia es: ¿qué me apasiona?... Para identificar luego, aquello por lo cual vale la pena vivir. Entonces, si la pasión es el motor, eso quiere decir que el deseo es, en última instancia, el directo encargado de darnos la suficiente energía para ir en pos de lo que queremos; pues en la vida es muy importante saber lo que queremos, para ir por ello y en ese propósito,la pasión y el deseo son obligatorios para lograr metas y objetivos.
Trabajar con pasión por aquello que queremos, es lo mejor que nos puede pasar. Desear intensamente algo para conseguirlo es la razón de la existencia. Levantarse diariamente con un propósito, nos da la motivación necesaria para darle sentido a la vida.
En otras palabras, estamos hablando del “sin sentido” que tiene la existencia, en sí misma, si no le encontramos horizontes. Cada minuto que pasa puede ser vacío, si no encontramos el propósito.
Por lo tanto ¿por qué no siento pasión? Porque desde niño me robaron toda posibilidad de soñar al confrontarme desde muy temprano con la realidad. Recordemos que el tiempo del niño es el tiempo para soñar. Porque como adolescente me cortaron las alas de la imaginación, donde era poderoso y capaz, para sumirme en la tristeza de la incomprensión y la soledad selectiva, merced al rechazo de quienes, por el contrario, deberían haberme acompañado, pese a mi rebeldía. Porque castigaron mi “niño interior”, obligándome a madurar y a comportarme como un hombre serio, antes de tiempo, afectando mi proyecto de felicidad.
En definitiva, me apasiono porque tengo sano y libre el “niño interior”, que todo lo puede, todo lo quiere, todo lo sabe y todo lo sueña y lo consigue para su propio deleite, y para enriquecer de sentido su propia vida, con la capacidad de disfrute y goce que todo niño posee.
Yo creo que lo que me apasiona es todo aquello que puedo y me permito disfrutar pues, al fin y al cabo, disfrutar es la consecuencia lógica de hacer las cosas… con pasión.

Joven con-sentido

Yo creo que siguiendo el pensamiento de Viktor Frankl, puedo concidir con él en que: “cada época tiene sus neurosis, y cada tiempo necesita su psicoterapia”. En palabras del Doctor Frankl: sólo la psicoterapia rehumanizada puede comprender los signos de los tiempos, y sólo ella puede hacerse cargo de las necesidades de nuestra época”.

En esta dimensión y de manera casi apocalíptica Frankl nos recuerda la posibilidad del vacío existencial, cuando plantea el paralelo entre el animal y el hombre: “Contrariamente al animal, -dice: el hombre carece de instintos que le digan lo que tiene que hacer y, a diferencia de los hombres del pasado, el hombre actual ya no tiene tradiciones que le digan lo que debe ser; entonces, ignorando lo que tiene que hacer e ignorando también lo que debe ser, parece que muchas veces ya no sabe tampoco lo que quiere…”

Entonces en este nuevo siglo, teniendo en cuenta la vivencia del absurdo de la propia existencia para algunos jóvenes, la pérdida de un horizonte diseñado por valores, y la falta de sentido de la vida, llevan a estos muchachos a la experiencia de vacío existencial.

De ahí la importancia de trabajar en la educación y en la formación de jóvenes en el encuentro del sentido vital o en la certeza del para qué se vive.

En un proyecto educativo, podríamos hablar de tres niveles de sentido:

1. Sentido del momento: Aquel que se descubre en cada situación concreta que se vive.

2. Sentido como misión: También llamada vocación. Es el sentido que responde a la pregunta: ¿a qué vinimos al mundo?

3. Sentido último o supra-sentido: El que le da la trascendencia a la vida desde el plano espiritual porque le da sentido trascendente al acto de vivir.

Así todo joven podría entender el significado de la vida y del para qué vive y de esta forma tener de su lado la fuerza motivadora.

Las investigaciones sobre las causas del suicidio juvenil, entre otras, apuntan al sentimiento de falta de sentido de la vida. Pues se ha descubierto que el joven que sabe para qué vive, tiene la fortaleza para resistir a pesar de las condiciones desfavorables del mundo que le corresponde vivir, entonces ama y protege su vida, porque tiene un proyecto diferente para ella.

Un joven con-sentido, es un joven con un diseño de vida. Y ese diseño tiene la asesoría de un grupo de adultos optimistas, que saben los secretos del sagrado arte de vivir y lo comunican abiertamente.

Refugios peligrosos

Yo creo que existen refugios peligrosos. Y el peligro reside en el placer que nos brindan, porque se convierten en anestésicos letales. Y producen parálisis emocionales, laborales, sociales, económicas y culturales. Me refiero a esos escondites cobardes que nos inventamos para no enfrentar la vida. Y a los ojos de los demás se ven como plausibles y hasta nos felicitan por practicarlos. Sin embargo tienen la característica de servir de mampara para separarnos del mundo.

Algunos se refugian en el trabajo, dedicando largas jornadas a producir dinero o logros comerciales para no ir temprano a casa. Los veo madrugando mucho y prolongando la jornada laboral hasta altas horas de la noche o si es posible hasta los fines de semana. Sus seres queridos los reclaman con el riesgo de perderlos. O puedo sospechar que el “trabajólico” precisamente no tiene a nadie y por eso se ocupa en trabajar.

Otros se refugian en la lectura. Los llaman “ratones de biblioteca” y su vida transcurre en la comodidad sin riesgo de la literatura. Sus vidas, no son propias, pues parecen prestadas de los personajes de los textos que leen y esto los habilita para soltar discursos en ambientes universitarios, desconectados de la realidad de la calle; eso si, con la protección intelectual de la mirada fría que regalan los textos.

Una gran mayoría, se refugia en el alcohol, para poner a prueba las capacidades natatorias de las penas reales. Incapaces de enfrentar el mundo se buscan la excusa social de tomarse unos tragos, para vivir una alegría artificial y temporal. Entonces el grupo social los refuerza y la embriaguez se perpetúa para no sentir el dolor normal de la vida cotidiana.

Los más adinerados o quienes creen serlo gracias a la tarjetas de crédito, se refugian en las compras compulsivas para compensar su vacío existencial.

También conozco los que buscan a Dios, sólo en momentos de calamidad o necesidad y le imploran ayuda y milagros especiales, para luego olvidarlo después del servicio prestado.

Yo creo que la vida a veces, tiene momentos difíciles y complicados y otros alegres y llenos de esperanza; pero esto no justifica que vivamos, negando la realidad que nos circunda, diciendo que nada malo pasa, como en la película “la vida es bella”.

Pienso que la inteligencia emocional nos debe permitir conocernos a nosotros mismos, gracias a la adversidad, sin necesidad de refugios peligrosos.

Hola soledad

Yo creo que le tenemos miedo a la soledad y es porque no la conocemos realmente.

“La soledad es el imperio de la conciencia” decía Gustavo Adolfo Bécquer. Entonces en ella tenemos la oportunidad de encontrarnos con nosotros mismos desde el silencio delator de la palabra interior. Y en la mayoría de los casos le huimos.

La soledad, es el sentimiento de estar solo, unido con frecuencia a situaciones como el desamor y a problemas de comunicación. Debido a que, durante los estados de soledad, la incomunicación es absoluta y se opone al hombre como ser social. Sabemos que la función humana más básica es comunicarse con los demás y que en las comunidades primitivas, la soledad era un fenómeno poco frecuente, pues el destierro se consideraba el castigo supremo. 

En las actuales sociedades industriales aparece el fenómeno del aislamiento del individuo. La inadecuada comunicación puede provocar algunas enfermedades de tipo emocional y requiere tratamiento psiquiátrico y psicológico. Una de las causas más frecuente de estos problemas emocionales, es la incapacidad para establecer sanas relaciones personales. Entonces la soledad permanente, involuntaria o aparentemente elegida, es un trastorno psicosocial, pues como base de este tipo de problemas, está la baja intensidad o debilidad para relacionarse. 

La soledad está asociada con el inicio de determinadas etapas vitales, como la pubertad o la vejez. Como resultado de especiales estados anímicos o situaciones vitales como la depresión o baja autoestima. También como consecuencia de situaciones de desempleo o por problemas psíquicos durante la pubertad. Los trastornos de relación se inician, sobre todo, durante la primera etapa educativa.

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