Armero, 30 años que no borran el dolor

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Por: santiago valenzuela | Publicado el 13 de noviembre de 2015
Infografía
Armero, un desastre que se pudo evitar

Treinta años atrás, los titulares de los periódicos daban fe de la tragedia que sepultó la vida de 23.000 personas: “Armero ha desparecido. La muerte se nos vino encima: era negra y húmeda... también olía a azufre. Apocalipsis anunciado. ¡Sepultado Armero!”.

Solo habían pasado ocho días desde que la guerrilla del M-19 se había tomado el Palacio de Justicia. El país hasta ahora estaba asimilando que en pleno centro de Bogotá había muerto un centenar de personas.

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La tragedia de Armero eclipsó este episodio. Una luz roja en la cima del volcán Nevado del Ruiz se asomó a las 9:30 de la noche de aquel 13 de noviembre de 1985. Una erupción, en ese momento, parecía una posibilidad absurda para los habitantes. No alcanzaban a imaginarse lo que estaba sucediendo: los bloques de hielo del volcán se habían desprendido y se venía una avalancha.

No lo imaginaban en ese momento, pero los expertos sí lo advirtieron meses atrás. El volcán ya había arrojado cenizas y expulsado gases en los días anteriores. Para no ir más lejos: el 7 de septiembre de ese año habían caído rocas desde el volcán al río Laganuilla, el mismo que tuvo que soportar la avalancha dos meses después.

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El casco de nieve del volcán se derritió y la avalancha se llevó todo lo que había en el camino hasta Armero: árboles, tierra, ceniza, lodo. Antes de la medianoche se había acabado todo. Con una velocidad de 40 kilómetros por hora, la avalancha se llevó casas, colegios, cercas, hasta sepultarlo todo.

Nada quedaba en pie. Las autoridades reportarían más tarde que 4.200 viviendas fueron destruidas, que los 20 puentes del municipio estaban derribados, que habían sido 350 millones de metros cúbicos los que se llevaron todo...

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Del desastre quedan 2.400 kilómetros cuadrados de bosque. A 15 minutos de las ruinas se construyó Armero-Guayabal, un municipio en el que habitan 14.000 personas. El volcán, como en 1985, sigue siendo un “león dormido”.

A continuación reconstruimos una tragedia que todavía le duele a los armeritas y a todos los colombianos.

Contexto de la Noticia

Santiago Valenzuela

Reportero. Creo, como Rainer Werner Fassbinder , que “ lo que no podemos cambiar, debemos al menos describirlo”.

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