La labor de informar

  • En el panorama actual del periodismo en Colombia, se necesita que la universidades sean actores más importantes y contundentes. ILUSTRACIÓN: CAROLINA SALAZAR L.
    En el panorama actual del periodismo en Colombia, se necesita que la universidades sean actores más importantes y contundentes. ILUSTRACIÓN: CAROLINA SALAZAR L.
María Antonia Giraldo | Publicado el 18 de febrero de 2018

En su libro Narrativas mediáticas o cómo se cuenta la sociedad del entretenimiento, el director del Centro de Estudios en Periodismo de la Universidad de los Andes Omar Rincón, dice que “el periodismo es un asunto ético que alude a la responsabilidad social en la construcción de la esfera pública, al compromiso del informador con la necesidad de investigar y contar la verdad, al principio de independencia y autonomía que guía la conciencia y el acto de informar”.

Esa función social del periodismo, el principio por el cual se rige la profesión, cada vez encuentra más cuestionamientos, pues para el público en general es claro que los grandes medios de comunicación hacen parte de conglomerados económicos y, por tanto, responden a los intereses de sus dueños. Esa no es una realidad nueva, es célebre el enfrentamiento de principios del siglo XX entre William Hearst y Joseph Pulitzer por el dominio de la prensa neoyorkina donde se manipulaban las noticias para lograr el mayor impacto posible y controlar el mercado, además, poco o nada se respetaron las reglas de la sana competencia.

Hoy, grandes magnates siguen siendo dueños de los medios de comunicación más importantes, sin embargo, este hecho no siempre es reprochable. Jeff Bezos, el dueño de Amazon, se convirtió en el benefactor que soporta a pérdidas el Washington Post, un papel similar juega Carlos Slim para el New York Times donde se dice que no interviene o la familia Santo Domingo en El Espectador.

Tal vez por convicción propia o como una forma de retribuir a la sociedad, las cabezas de estos grandes grupos económicos han decidido mantener medios de comunicación reconocidos por su importancia y calidad, a pesar de no haber encontrado la forma de hacerlos rentables económicamente. Sin embargo, esta suerte de obra social no garantiza la independencia de los medios indefinidamente, cuando llegue la hora de que estos benefactores pasen la antorcha, no es seguro que sus sucesores compartan ese gusto por la independencia. Entonces, ¿cómo hacer rentable el periodismo?

Todavía no hay una respuesta definitiva a esa gran cuestión. Una de las alternativas que se está manejando es el desarrollo de unidades dedicadas a la producción de contenidos comerciales dentro de los grupos de medios. Diferentes empresas contratan a estos grupos por su infraestructura y experiencia para que se encarguen de sus publicaciones internas y externas, tanto impresas como digitales; esta línea de negocio ayuda con el presupuesto a la pauta publicitaria, que cada vez es más escasa.

A modo de ilustración, el Pew Research Center, una entidad que investiga tendencias en los medios de Estados Unidos, publicó algunas cifras sobre los ingresos por publicidad de los medios impresos en ese país de 2003 a 2014, en ese periodo de tiempo los periódicos americanos pasaron de ganar 44.9 billones de dólares por publicidad en 2003 a 16.4 billones en 2014. Aparentemente, el dinero de la pauta ha pasado de lo análogo a lo digital que, si bien ha crecido, no alcanza a compensar las pérdidas. De 2003 a 2014, la pauta en los medios digitales americanos pasó de 1.2 billones de dólares a 3.5.

Hace tanta falta la publicidad, que ya no se cuestiona su influencia nociva en las agendas de los medios, pero no hay que olvidar que esta también es un factor importante para la independencia. Si bien hay unas casas editoriales que hacen parte de grandes conglomerados económicos, hay otras que se mantienen a la vieja usanza. La audiencia del medio es lo que permite atraer a los anunciantes, pero estos también pueden molestarse por el contenido editorial y llevar su dinero a otro lado.

Otra opción, que tal vez funciona mejor en el mundo digital, es recurrir a los lectores para la financiación de la operación del medio, así como en su momento se pensaron las suscripciones en los medios análogos. El tema de las suscripciones en los medios análogos es que los ingresos que reportan resultan insuficientes, sin embargo, en el mundo digital, con costos operativos menores, pueden funcionar. Ahora, en el mundo digital las suscripciones no pueden ser sinónimo de exclusividad, sino de valor agregado. Ha sido amarga la experiencia de los medios que han optado por restringir sus contenidos digitales para pago, pues otro de los hallazgos del Pew Research Center es que los jóvenes, los mayores consumidores de medios digitales, no están dispuestos a pagar por esos contenidos. Una forma de hacerlo es como lo hizo la Silla Vacía con su programa de Súper Amigos.

Luego de hacer un esfuerzo durante varios años por construir una base de lectores fieles que aprecian sobremanera su trabajo (alrededor de 35 mil personas reciben el boletín de la Silla Vacía por correo electrónico), lograron que algunos de estos hagan una donación anual para financiar diferentes proyectos, como la puesta en marcha de redes regionales, sin embargo, los contenidos del sitio siguen siendo de libre acceso.

Los Súper Amigos donan lo que ellos quieran, con unos topes mínimos y máximos determinados por la Silla; el objetivo, según el editor del sitio Juan Esteban Lewin, es diversificar las fuentes de financiación para que nadie tenga el suficiente poder para hacer exigencias editoriales: “La Silla arrancó con una financiación del Open Society Institute para que existiera, el Open se ha mantenido siempre financiándonos, pero nuestra evolución ha sido buscar más fuentes de financiación, tanto más oenegés o fondos o cosas similares hayan, mejor. La idea es recibir ingresos de todas las fuentes posibles y nos ha funcionado, por lo menos hasta ahora”.

Además de las donaciones, otra forma de financiación que han encontrado es el ofrecimiento de su plataforma para la difusión de investigaciones de instituciones afines o la colaboración con estas para el trabajo de un tema en general, como el de la minería, que fue financiado por la Fundación Ford. Estas iniciativas le ha permitido a la Silla Vacía mantener su independencia y ser selectivos con su pauta, que muchas veces se limita a las universidades.

En este panorama, las universidades pueden ser actores más importantes. No solo en la financiación de propuestas de periodismo independiente a través de la pauta, sino desde la misma estructura de la academia. Es claro que en el campo del periodismo hay una sobrepoblación de profesionales, como lo señaló hace algunos meses la periodista María Clara Gracia en una columna para Las 2 Orillas: “Una reciente publicación de El Nuevo Siglo dice que en Colombia hay sobrepoblación de egresados y asegura que anualmente se gradúan de las universidades colombianas cerca de 4.500 comunicadores sociales y periodistas, pese a que el mercado laboral cada día es más escaso y competido”.

No faltan las historias de jóvenes recién egresados que soñaron su vida en el periodismo y, a pesar de su talento, no encuentran trabajo en ningún medio de comunicación, ellos terminan frustrados, aceptando trabajos que los hacen infelices y cuestionándose la inversión de tiempo y dinero que realizaron al cursar el pregrado; una inversión que no pueden recuperar.

María Clara no duda en calificar de irresponsables a las facultades de Comunicación Social y Periodismo que siguen recibiendo el pago de los estudiantes, sin advertir que el mercado está saturado y que los salarios a los que aspirarán no les permitirán recuperar su inversión en mucho tiempo. Aunque es cierto que los graduados de Comunicación Social y Periodismo no se dedican necesariamente a este último, de hecho el campo de la Comunicación Social es más rentable y da más opciones de trabajo, también es cierto que las facultades no están preparando adecuadamente a sus estudiantes que deben tener las herramientas para ejercer de manera independiente o en medios multiplataforma.

Una forma de retribuirle a los estudiantes la inversión y contribuir a la sociedad de otra manera es, como lo sugiere María Clara, que las universidades creen medios de comunicación de interés general, además de los enfocados en la difusión de su actividad académica: “Si son los maestros en el tema, entonces ¿por qué no se ponen en esas también? Las universidades en las facultades de medicina tienen gente experta y estudiantes en sus clínicas, tienen sus centros de formación; eso tienen que hacer las facultades de comunicación, no poner a los estudiantes a hacer los boletines de la universidad”.

Esto, además de ser otra forma de educar, amplía el panorama de los medios de comunicación en el país, que siempre es aconsejable para que los ciudadanos tengan la oportunidad de acceder a diferentes perspectivas.

Es necesario que el periodismo asuma activamente la tarea de encontrar un equilibrio financiero a su labor, es decir, no solo encontrar nuevas formas de obtener ingresos que les permitan a los medios el cumplimiento de esa labor social que los caracteriza en esencia, sino que también vuelva a permitirle al periodismo el cuidado que muchas veces le resta la necesidad de inmediatez, la carrera por salir primero y ganarse la audiencia que le reportará ingresos. Esas propuestas deberían venir, en parte, de la academia, cuyo trabajo es la reflexión en torno al oficio, pero en ocasiones sus estructuras y planteamientos parecen desconectados de la realidad.

Contexto de la Noticia

María Antonia Giraldo Rojas

Periodista cultural de la unidad de Revistas de El Colombiano.

Revista Generación

Magazín sobre temas contemporáneos que circula los domingos con El Colombiano. Entre sus temas, literatura, artes plásticas, cine, música y tendencias.

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