Vocación, requisito para ser profesor

  • Abrirles el mundo a los niños, no cortarles las alas, fomentar la curiosidad son parte de la labor docente. Ilustración Elena Ospina
    Abrirles el mundo a los niños, no cortarles las alas, fomentar la curiosidad son parte de la labor docente. Ilustración Elena Ospina
Por Daniel Rivera Marín | Publicado el 02 de marzo de 2018
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años es el límite de la primera infancia, un tiempo fundamental en la formación de los niños.

Cada que un padre deja a su niño en las puertas del preescolar piensa en el día que tendrá su hijo: ¿Si le enseñarán lo que necesita? ¿Dormirá toda la mañana hasta que lo recojan? ¿Su profesor lo tratará con cariño, con respeto?

La primera infancia, señala la psicóloga Luz Amparo Salazar, es definitiva para formar el carácter, la creatividad y la personalidad, “por lo que es muy importante saber qué tipo de educación se le va a entregar al niño, además hay que recordar que la primera responsabilidad no está en manos de los profesores sino de los padres”.

Ana Catalina Granada Henao, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, magíster en Hermenéutica Literaria, cree que la primera condición que debe cumplir un profesor para la primera infancia “es estar enamorado de lo que hace para ser capaz de transmitir esa magia, ese amor por la educación y por los niños”.

Y es que las características de un niño a temprana edad obligan a los profesores a tener capacidades y aptitudes con las que no cuentan los docentes de primaria o bachillerato.

“Algunas veces se cree que el profesor de un niño pequeño llega al aula de clase y simplemente entrega conocimientos como así se hacen los círculos, así se coge el lápiz, estos son los colores. Pero el profesor de la primera infancia tiene un llamado muy importante: debe cultivar la capacidad de asombro en los niños, que no la pierdan. Además, hay que acrecentar ese espíritu investigativo que todos traemos por naturaleza; que el estudiante aprenda a descubrir el mundo a través de los sentidos; que a través de su corporalidad empiecen en el aprendizaje del porqué de las cosas”, dice Granada Henao.

Por otro lado está la paciencia y la necesidad de crear un plan de estudios acorde con las necesidades. “Las actividades deben ser muy cortas y lo suficientemente atrayentes para que los niños se involucren y dejen a un lado lo que llamamos indisciplina. Los tiempos deben ser cortos porque, dicen los expertos, la concentración de un niño es de un minuto de por año de edad. Aquí cobra importancia la experiencia, porque si ellos están involucrados, es más fácil que se enganchen con las rutinas del aula”.

Por último, están las características que parecen inevitables: un profesor que sepa escuchar, que se involucre con los problemas que viven los menores, que ofrezca respuestas a las inquietudes diarias y que esté atento a las emociones. Los requisitos son los de siempre, resumiendo: tener vocación, amor por los niños y por el oficio.

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