Él es Pablo el del pueblo, el amigo

  • Pablo López (en primer plano), ha liderado procesos de restitución en su territorio, en Riosucio, Chocó. Su vida se ha enfocado al servicio de las comunidades de su departamento. FOTO cortesía
    Pablo López (en primer plano), ha liderado procesos de restitución en su territorio, en Riosucio, Chocó. Su vida se ha enfocado al servicio de las comunidades de su departamento. FOTO cortesía
Por javier alexander macías | Publicado el 07 de septiembre de 2018
en definitiva

Pablo López es uno de los líderes que estará presente en la exposición fotográfica del Centro Nacional de Memoria Histórica que se realizará desde hoy en el Parque de los Deseos.

Aunque nunca le gustaron las peleas, cada vez que en su escuela los chicos de su edad arreglaban sus asuntos a los puños, Pablito se ubicaba en primera fila. Pareciera como si le gustara ver como sus amiguitos, de torso negro tostado por el sol chocoano, se molían a golpes en medio de una bullaranga que alebrestaba el caserío.

Es como si pagara siempre el boleto de primera fila, aunque en sus bolsillos no tenía ni un centavo para comprarse un pedazo de pan. Pero estaba ahí, de primero, aprovechando su menuda figura que le permitía a su cuerpo de 10 años de edad colarse entre la muchedumbre.

Pablito buscaba siempre ese lugar, no por azuzar —como lo hacían sus otros compañeros— la ira de los contrincantes, sino porque en el momento en el que los puñetazos iban y venían con más fiereza, y la piel negra de los muchachos estaba a punto de reventarse y brotar la sangre contenida en moretones, se paraba en la mitad, alzaba sus manos y terminaba la contienda. En ese momento hacía que se dieran la mano. Y todos para su casa, en paz y felices, los unos por presenciar “la pelea del siglo”, los otros porque seguirían siendo amigos a pesar de la tunda recibida.

“Desde niño he sido muy responsable, buscaba la solución y llevaba las riendas. Si había que pintar la escuela, yo era el primero, si había que hacer aseo, yo lideraba; si había que ayudar a la caseta comunitaria yo estaba”, dice.

Ese fue el principio de un liderazgo que por más de 30 años ha ejercido Pablito, o mejor, Pablo López, un chocoano que ha puesto su férrea voluntad al servicio de su pueblo, Riosucio, una comunidad que ha sufrido los embates de la guerra y ha padecido el olvido estatal pese a ser el tercero de los 30 que conforman al departamento del oro, la madera y el platino.

A este lugar de casas de madera y calles de piedra y barro que se inundan cuando los ríos Atrato, Salaquí o Truandó salen torrentosos de su cauce, la fatalidad lo ha marcado con un sello que deja dolores arraigados en el alma: en 1999 el bloque Élmer Cárdenas de las Auc, liderados por Fredy Rendón Herrera, alias el Alemán, asesinaron 13 campesinos en las veredas Clavellino y Villahermosa, repitiendo el éxodo de labriegos que dos años antes causó la operación Génesis, una incursión paramilitar con más de 1.000 hombres que sacó en marzo de 1997 de su terruño a más de 3.500 personas, terminó con el asesinato del campesino afro Marino López Mena, y una condena de 25 años al general (r) del Ejército Rito Alejo del Río por este homicidio y, al parecer, por haber coordinado esta operación junto con los “paras”.

Aun en estos episodios de la historia chocoana, Pablo López estuvo fuerte, rígido, de pie, como los estacones de madera sobre los que los riosuceños construyen sus casas para hacerle el qui te al agua que se les mete en la temporada de lluvias.

“Estuvimos con la gente, ayudándolos. A muchos tocó cargarles las cosas en su salida, a otros los acogimos en nuestra casa hasta que salimos por la violencia. Una noche, mientras los paramilitares sacaban la gente, nos pusimos a orar, eso calmó a las víctimas, y entendí que el liderazgo no es un asunto material”, cuenta.

Un líder espiritual

Pablo nunca estudió música pero ha compuesto más de 70 letras de champeta y vallenatos, creadas en las tardes en las que el Atrato parece tragarse el rojizo sol. La inspiración, dice él, le llega con ayuda divina, y le ha dado para canciones dedicadas a Dios, a su familia, a la gente que ayuda y a la paz.

“Señor presidente le traigo un mensaje y quiero respuestas. Dígame que está pensando para combatir tanta miseria...” dice una de sus canciones acompañada de acordeón.

Con música, chistes y con sermones desde el púlpito, —Pablo es predicador religioso—, acompaña a las comunidades que lo buscan para escuchar sus palabras y sanar el espíritu, pero también una ayuda material para sanar el cuerpo. Son acciones sencillas, desde llevar el café en los velorios hasta ayudar a hacer puentes y carreteras.

Una tarde, cuando se dirigía a su casa, fue detenido por una de sus feligreses. Su hijo se encontraba enfermo y no tenía quien la acompañara al hospital; Pablo, con la ropa que tenía puesta se subió a la panga (lancha) y se fue hasta Turbo. Allí permaneció toda la noche en el centro médico acompañando al moribundo. Al otro día se devolvió a su casa en la ambulancia, pues los 50 mil pesos que tenía se los dio a la mamá del enfermo y se regresó solo con dos mil.

Por acciones como esta el liderazgo de Pablo López se hizo evidente y lo llevó a acompañar a los reclamantes de tierras que buscan recuperar sus parcelas arrebatadas a la fuerza por paramilitares. Así llegó a presidir el Consejo Comunitario de la cuenca Larga-Tumaradó.

“Es maravilloso sentir el cariño de la gente. Cuando te dan ‘un gracias’ uno se llena de lágrimas. Esa es la mejor alegría de ser líder”, cuenta.

El servicio a las comunidades lo puso en la mira de los violentos. El 17 de noviembre de 2017, su compañero de luchas en la restitución, Mario Castaño, cayó bajo las balas de los que no quieren devolver los predios, y por información de personas cercanas a las que ayudó, Pablo se enteró que estaba en una lista de líderes sociales a asesinar.

“Uno está comprometido con los procesos que se viven en esta región. La gente lo ve a uno como la única ayuda porque por acá el Estado no se aparece. Por eso uno sigue en esto”, cuenta. Con esa motivación, Pablo continuó en su territorio y encomendó a Dios su protección.

Aprendió de su familia

Minutos después de la muerte de su padre Pablo Roberto López Valencia, en el año 2000, Pablo, el hijo, abrazó tan fuerte a su madre Donata Moreno Cuesta frente al féretro de su progenitor, que la mujer sintió que el ahogo era doble. Le hizo una promesa que 18 años después cumple como si fuera la ley de Dios tallada en piedra.

Pablo, el padre, murió de neumonía, tomada en las noches de cacería entre las selvas buscando la carne de guagua para llevar a la mesa. La enfermedad se afianzó en los pulmones en noches en las que trabajó vigilando la escuela.

“Nunca los voy a abandonar. Voy a responder por ustedes”, fueron las palabras del joven a Donata que, confundida con el abandono eterno de su esposo, temía un futuro denso por la tarea heredada de terminar de criar 11 hijos.

Pablo se hizo cargo. Para conseguir comida se internaba 15 días en una parcela llamada El Rescate, en Pueblo Bello. Cultivó maíz, yuca, plátano, caña y arroz para levantar a sus 10 hermanos. Cada dos semanas sacaba los productos por un trayecto de ocho horas en canoa, se reunía con su familia y compartían por cuatro días. Luego volvía a arañar la tierra para arrancarle de sus entrañas el sustento.

Un día tomó el puesto de su padre. Fue a la escuela y les dijo que necesitaba el trabajo. Desde esa tarde de marzo llegaba cada noche al pequeño centro estudiantil, se sentaba en una silla a ver el río y a contar las aletargadas horas en medio de los sonidos nocturnales de la selva.

“Ya todos son bachilleres y tengo hasta un hermano concejal que ha repetido periodo. Esto quiere decir que la tarea se ha hecho bien”, dice.

Pablo cuenta que el liderazgo nunca lo va a abandonar. Siente que si lo deja, las voces de las personas a las que ayuda se diluyen, se silencian. Por eso es reconocido, y cuando pasa por las calles de su caserío se escuchan los saludos: “ahí va Pablo el cuentachistes, Pablo el predicador, Pablo el cantautor, Pablo el líder”, y Pablo sonríe, porque él es Pablo el amigo.

Contexto de la Noticia

ORIGEN zona afectada por grupos ilegales

El territorio donde desarrolla sus actividades sociales Pablo López, es una zona en la que en el momento se ve afectada por la presencia de distintos grupos armados ilegales. Con la firma del Acuerdo de paz, salió del territorio el frente 34 de las Farc, pero las Autodefensas Gaitanistas ocuparon las áreas despejadas y ahora controlan varias comunidades de la cuenca de la Larga Tumaradó. Sin embargo, Pablo López no se ha visto afectado por ellos.

Javier Alexánder Macías

Amo el periodismo, y más si se hace a pie. Me encantan los perros, y me dejo envolver por una buena historia. Egresado de la Universidad de Antioquia.

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Notas de la sección