Llegó el cine a Ituango, un alto al fuego

  • Jóvenes e indígenas fueron quienes más gozaron la sexta versión del Festival de Cine de Ituango. FOTOS Jaime pérez
    Jóvenes e indígenas fueron quienes más gozaron la sexta versión del Festival de Cine de Ituango. FOTOS Jaime pérez
  • Llegó el cine a Ituango, un alto al fuego
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Por ricardo monsalve gaviriaEnviado especial, Ituango | Publicado el 06 de octubre de 2018
Infografía
Festival de cine en Ituango, Antioquia

El rostro de Jeniffer reflejaba concentración pura: su boca un poco abierta y sus ojos, que parpadeaban solo por necesidad, enfocaban sin ninguna distracción una pantalla. Con sus nueve años, lo normal es que se concluyera que veía caricaturas o tomaba el control de algún videojuego; pero no, Jeniffer veía un cortometraje en el teatro municipal de Ituango.

—Yo estaba jugando por mi casa y una señora me dijo que podía ir a ver muchas películas, que solo tenía que ir al teatro y ya— contó.

—¿Y te viniste sola para acá a ver películas? ¿Dónde están tus papás?— le preguntó una mujer que tenía al lado.

—Sí, yo le dije a mi mamá que iba a estar acá viendo “pelis”, a ella no le gusta, entonces vine sola, pero ahora voy por mi primita para que me acompañe. A ella le gustan mucho— respondió Jeniffer.

En la misma sala, pero unas filas más atrás, al lado de varios indígenas de la comunidad Jaidukamá que también disfrutaban de la proyección, estaba Deisy Liliana Echavarría, una excombatiente del frente 18 de la disuelta guerrilla de las Farc. Era su primera vez en un festival de cine, y las luces de las películas desataron gestos de felicidad y emoción en su rostro.

“Este festival es una oportunidad para los que estamos en proceso de reincorporación de aprender y replicar a todos mis compañeros”, dijo. Para ella y sus compañeros la guerra terminó, y ahora ven la posibilidad de cumplir sus sueños, y los de Deisy están muy relacionados con ese mundo de las cámaras y del cine.

La historia de Jennifer, los indígenas, la excombatiente y otros espectadores ocurrió el pasado miércoles, un día que en cualquier pueblo de Colombia es lo más parecido a un festivo: pocos negocios abren y en las calles no se ve mucha gente, sin embargo ese día en Ituango, en un pequeño edificio ubicado cerca al parque principal, donde se encuentra el teatro municipal, el movimiento era inusual.

Cambiar el territorio

Entre los asistentes estaban decenas de personas, muchas de ellas jóvenes provenientes de otros rincones del Norte de Antioquia como Toledo, Campamento, San Andrés de Cuerquia y algunos corregimientos de Ituango, quienes empezaban a disfrutar de la sexta versión del Festival de Cine, para este año relacionado con la paz, resiliencia y patrimonio.

“Una de las principales motivaciones que nos llevó a estar aquí es que el territorio necesita un respaldo frente a los hechos de violencia y estigmatización. Mientras siga estigmatizado, será muy difícil superar la situación. Pero la solución está en darle la cara a todo esto y desde escenarios de arte y cultura cambiar pensamientos, darnos cuenta que se puede transformar la zona”, dijo José Luis Pérez Martínez, uno de los jóvenes que llegó desde el municipio de Campamento.

Los hermanos María Cristina y Arbey Noboa Henao, llegaron desde el corregimiento de La Granja, ubicado a poco más de dos horas largas de Ituango. A pesar de su corta edad se consideran sobrevivientes y creen que la temática que ofreció el festival es ideal para crear conciencia sobre un problema que se sufre en gran parte del país.

“Hay que demostrar que se puede seguir adelante, que se puede convivir con gente que en su momento participó de la guerra”, dijo María Cristina.

“Que existan tiempos difíciles no significa que no podamos capacitarnos y aprovechar ese tipo de eventos. Mire, acá estamos y la idea es asistir a otras versiones”, agregó su hermano.

Para nadie es un secreto que a este municipio del Norte de Antioquia, tras la dejación de armas de las Farc, la paz no llegó. Esa ilusión de sus habitantes de vivir en tranquilidad se esfumó rápidamente con la llegada de otros grupos armados como el Clan del Golfo, bandas delincuenciales y las disidencias. Todos se disputan un pedazo de terreno de Ituango (segundo municipio más grande de Antioquia) en donde buscan rentas ilegales y controlar rutas estratégicas a otras regiones como el sur de Córdoba, Nudo de Paramillo, Urabá y Bajo Cauca.

La situación ha generado hasta el momento la muerte violenta de 57 personas, el aumento de las extorsiones a campesinos, comerciantes y transportadores, al menos tres desplazamientos masivos en el último año y medio, además de amenazas directas contra el mandatario local, Hernán Álvarez Uribe.

Con ese escenario, la alcaldía municipal, el Colectivo de Comunicaciones de Ituango y Viana Producciones se dieron a la tarea de darle un respiro a la población, obligar a un alto al fuego mental de sus habitantes para que dejaran de pensar en las lidias de la guerra, y darles razones para que por lo menos entre el 3 y 7 de octubre solo se hablara de arte y cultura.

Mario García, quien hace parte del equipo organizador del festival confesó que mientras se planeaba esta versión “se pensó que se iba a tener un mejor escenario, infortunadamente muchos hechos ocurridos en el territorio hicieron replantear cosas, pero terminamos convencidos de que el festival es una oportunidad para cambiar un punto de vista, para refrescar, para generar reflexiones, para que la gente se encuentre en estos días y hable de cine”.

Por todo lo alto

Cortometrajes, documentales, largometrajes, foros académicos y talleres formativos hicieron parte de la programación del Festival de Cine que se dio el lujo de tener directores y productores invitados de talla internacional como los colombianos Augusto Sandino y Víctor Gaviria, entre otros; además el francés Nicolas Boone, quien llegó como invitado especial. Cada día tuvo una muestra central y por eso los ituanguinos disfrutaron de producciones como “El silencio de los fusiles”, de Natalia Orozco; “Este pueblo necesita un muerto”, de Ana Cristina Monroy, y “Violencia”, del director Jorge Forero.

Ver en primera fila a una familia indígena jaidukamá, más atrás a un grupo de niños y jóvenes, además de los excombatientes, todos totalmente concentrados mientras se proyectaban películas animadas y las funciones centrales fue un entorno que difícilmente se imaginó Sandino.

“Fue absolutamente conmovedor ver a una población tan heterogénea y tan rica participando de todos los eventos. Yo siento que hay una necesidad de encontrar cosas que les alimenten el espíritu y el cine hace eso. También abre la cabeza porque con estos documentales que se presentaron acá, la gente empieza a conocer otras maneras de pensar, otras culturas y eso ofrece reflexión. Este fue un escenario muy estimulante para mí que soy una persona que asiste a festivales (de cine) en todo el mundo”, aseveró el cineasta.

Catarsis

“Todos los personajes de mis películas tienen dos caras, pueden ser muy agradables y al mismo tiempo violentos, la naturaleza es así. Y este municipio veo que tiene contrastes enormes y tanto para sus actores como para la película que se vive es una catarsis”.

Esas fueron las palabras del francés Nicolas Boone quien presentó en el festival su película realizada en la ciudad de Bogotá llamada Las Cruces, en la que precisamente narra la vida de algunos habitantes inmersos en la violencia, felicidad y esperanza.

Para la administración municipal es indispensable alejar la guerra y acercar la cultura, y creen que la clave para ello es la preparación de los jóvenes en diferentes campos, entre ellos el cine.

“Ituango tiene muchas cosas por ofrecer, cosas positivas. Acá hay talento y mucho que aportar, por eso queremos que el país y el mundo vean lo que está pasando con el festival y el impacto positivo que tiene con nuestro municipio y cada vez son más las personas que quieren vincularse, convencidos de que la paz y la reconciliación son posibles”, añadió Nidia López Jaramillo, secretaria de Educación de Ituango.

En ese municipio, donde la tormenta de la violencia sigue cubriendo casi todo el territorio, su gente no quiere dejar de sonreír, de soñar y el festival de cine les brindó esa oportunidad a muchos, quienes ya conocen que con el arte se permite pensar diferente y que por ese camino, puede llegar un futuro que permita pasar páginas de zozobra y dolor y se inicie un capítulo de esperanza y lleno de vida.

Contexto de la Noticia

Ricardo Monsalve Gaviria

Periodista. Magíster en Comunicación de la Defensa y los Conflictos Armados de la Universidad Complutense de Madrid

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