Autores brillan con lengua ajena

  • ilustración Elena ospina
    ilustración Elena ospina
Por John Saldarriaga | Publicado el 31 de enero de 2017

Si escribir novelas, cuentos, ensayos, poesía en la propia lengua, en la lengua materna, posee un grado de dificultad que pocos negarían, cambiar el idioma por otro y escribir en ese otro encierra un mérito notorio.

Porque no es lo mismo aprender la técnica para hablarlo como segunda lengua y pedir el almuerzo en un restaurante, darle las indicaciones al taxista, hacer negocios o hasta hablar de amor, que llegar a convertirlo en la lengua en la que se va a hacer literatura, es decir, arte.

No son pocos los que han lo han hecho. Por razones políticas o personales se ven abocados a cambiar de idioma y alcanzan a domesticarlo de tal manera, por qué no decirlo así, que lo emplean como materia prima y sustancia de sus creaciones.

Uno de los autores que se mudaron de una lengua a otra, el rumano Emil Ciorán, dijo: “El idioma es el límite que confiere una identidad en el orden del espíritu. Abandonarlo significa darse otro límite”. Entonces para él, la patria es la lengua. Emigró a Francia desde los años 40 y allí escribió su obra.

Su suerte se parece a la de su compatriota Mircea Eliade. Como aquel, salió del país por razones políticas. Era de derecha y su nombre fue prohibido entre sus paisanos por muchos años. Por eso se conoce por todas partes lo que escribió sobre religiones y religiosidad, en libros como Lo sagrado y lo profano, Dioses, diosas y mitos de la creación, Historia de las creencias y de las ideas religiosas... Sus obras literarias, en diversos géneros, relato fantástico, novela realista, teatro y memorias, escritas en rumano, tuvieron poca difusión: El burdel de las gitanas, Isabel y las aguas del diablo, Boda en el cielo.

“Por suerte —escribió este sabio en una carta—, mi esposa es rumana y desempeña el papel, si se quiere, de la patria porque entre nosotros hablamos en rumano. Así pues, la patria para mí es la lengua que hablo con ella y con los amigos, pero ante todo con ella; la lengua en la que sueño y en la que escribo mi Diario”. Esta cita aparece en el ensayo Mircea Eliade y sus traducciones, de Joaquín Garrigós.

De Milán Kundera, el escritor checo, se sabe que fue expulsado del Partido Comunista de su país por su participación en la Primavera de Praga, dos años después de sucedida esta: en 1970. Y perseguido. Se fue a vivir a París en 1975 y allí se quedó. En checo escribió muchas de sus novelas: La broma, La vida está en otra parte, La despedida, El libro de la risa y el olvido, La insoportable levedad del ser y La inmortalidad, esta en 1990. Después saltó al francés: La lentitud, La identidad, La ignorancia y La fiesta de la insignificancia.

Otro caso es el de Joseph Conrad. Nacido en Polonia en 1857, quedó huérfano siendo niño. Comenzó para él una vida aventurera, de barcos y de puertos, que plasmó en obras escritas en inglés: Juventud, El corazón de las tinieblas, El pirata y las demás.

Por qué destacarlos

Óscar González Hernández, profesor de literatura de la Universidad de Medellín, dice: “Se dan fisuras entre el idioma en el que se escribe y en el que se necesita escribir por las condiciones nuevas o las circunstancias, nunca será lo mismo, cambia porque en otro idioma la sensación, la percepción es otra. No es lo mismo el rumano de Ionesco, al rumano parisino de Ionesco”.

Elkin Obregón, ilustrador y editor, dice que antes de darles demasiado mérito a todos esos que se fueron de una lengua a otra, “habría que conocer las circunstancias de cada uno y darse cuenta de si tenían alguna raíz que los vinculara al idioma al que llegaron”.

Recordó, por ejemplo, que Jorge Luis Borges escribió unas cosas en inglés, “idioma que creía mejor que el español”, pero su abuela era inglesa.

“Vladimir Navokov. Creo que él sí tuvo que hacer gran esfuerzo. Había escrito obras en ruso, pero Lolita, la más conocida, la escribió en inglés”.

El escritor y periodista Juan José García posada comparte las líneas iniciales de esta nota. “Escribir en lengua ajena es más testimonial del talento literario de alguien que logra expresarse con fidelidad”. Recordó al colombiano Rafael Gutiérrez Girardot, que escribía en alemán.

“Hay narradores que van a otra tierra y se compenetran tanto con la cultura y el idioma, que la segunda lengua se les convierte en la primera”, dijo García Posada.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS Otros que mudaron idioma

Algunos escritores que abandonaron su lengua materna y adoptaron otra para su literatura son: Jack Kerovac (del francés al inglés), Joseph Brodsky (del ruso al inglés), Oscar Wilde (del inglés al francés, una pieza de teatro: Salomé), Eugenio Ionesco (del rumano al francés), Samuel Beckett (del inglés al francés).

John Saldarriaga Londoño

Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros de cuentos: Al filo de la realidad y El alma de las cosas. Periodismo: Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López; Crónicas de humo, El Arca de Noé, y Vida y milagros. Novelas: Gema, la nieve y el batracio, El fiscal Rosado, y El fiscal Rosado y la extraña muerte del actor dramático. Fábulas: Las fábulas de Alí Pato. Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa.

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