Ya casi empieza la Feria de las Flores, inspírese en el arte y las letras

  • ilustración Esteban parís
    ilustración Esteban parís
Por John Saldarriaga | Publicado el 19 de julio de 2017
en definitiva

En las letras y las artes colombianas y del mundo abundan las creaciones sobre flores. Los narradores García Márquez, Vargas Vila y el poeta Julio Flórez han hecho algunas memorables.

Se regalan flores para conquistar, para felicitar a una nueva madre por su hijo y se ponen en los cementerios para honrar la memoria de alguien. Ayudan a expresar sentimientos, por eso, en la literatura y en las artes plásticas son incluidas con frecuencia.

Ahora, cuando se acerca la Feria de las Flores, recordamos algunos ejemplos. En unas obras son un componente de la escenografía. En otras, claro, un símbolo de lo que los autores quieren expresar.

Hay un relato en el que cumplen un papel para nada secundario: El ruiseñor y la rosa, de Oscar Wilde. Hace parte del libro El príncipe feliz.

En el cuento mencionado, un estudiante se enamoró de una doncella, la hija del profesor, y le pidió que bailara con él. Ella le pidió a cambio una rosa roja. En el rosal no había ninguna de este color. El ruiseñor, que escuchó la pena del muchacho, salió a buscarla en varios rosales, pero no la encontró. Un rosal le dijo que hay un medio para obtenerla:

“Si necesitas una rosa roja —dijo el rosal—, tienes que hacerla con notas de música al claro de luna y teñirla con sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en mis espinas. Cantarás para mí durante toda la noche y las espinas te atravesarán el corazón: la sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en sangre mía.

—La muerte es un buen precio por una rosa roja —replicó el ruiseñor— (...)”, y dejemos aquí el relato del dublinés para invitar a leer y no arruinar la sorpresa.

Hay novelas con flores vigentes por siglos. La Dama de las camelias, de Alejandro Dumas (hijo) es una. En ella, el autor cuenta una historia que al parecer fue real, de un romance suyo con Marie Duplessis, cortesana de París que tuvo amoríos con otros personajes reconocidos. En la novela es Margarita Gautier. Armando Duval la ama desde que la conoce. Esa mujer no faltaba a los estrenos de ópera y teatro, llevando consigo sus anteojos, una bolsa de bombones y un ramo de camelias. Su florista la llamó La Dama de las Camelias.

En poesía abundan. Mencionemos la de Gustavo Adolfo Becquer:

¿Cómo vive esa rosa que has prendido/ junto a tu corazón?/ Nunca hasta ahora contemplé en el mundo/ junto al volcán la flor.

En Colombia

Y en nuestro medio, recordemos los relatos. Uno de ellos, Alguien desordena estas rosas, de Gabriel García Márquez. Hace parte de Ojos de perro azul: “Como es domingo y ha dejado de llover, pienso llevar un ramo de rosas a mi tumba. Rosas rojas y blancas, de las que ella cultiva para hacer altares y coronas”.

Es la historia de un espíritu que por mucho tiempo habita la casa donde vivió. Una mujer de 40 años reside en esa casa y se dedica a cultivar y a vender rosas, algunas de las cuales terminan adornando altares de santos.

El mismo autor cataquero tiene otro cuento con flores: Rosas artificiales, incluido en Los funerales de la Mamá Grande, en el que una mujer no puede ir a misa ya que las mangas postizas de su blusa están húmedas y las lavó su abuela ciega. Ella elabora rosas artificiales.

De nuestros poemas, no podemos omitir Mis Flores negras, de Julio Flórez, el poeta de Chiquinquirá, que también es canción:

Oye: bajo las ruinas de mis pasiones,/ en el fondo de esta alma que ya no alegras,/ entre polvo de ensueños y de ilusiones/ brotan entumecidas mis flores negras.

Así vamos arrancando aromas a las flores que en menos de diez días se vendrán en racimo.

Contexto de la Noticia

La flor del aire, gabriela mistral (Fragm.)

Yo la encontré por mi destino,

de pie a mitad de la pradera,

gobernadora del que pase,

del que le hable y que la vea.

Y ella me dijo: “Sube al monte.

Yo nunca dejo la pradera,

y me cortas las flores blancas

como nieves, duras y tiernas.”

Me subí a la ácida montaña,

busqué las flores
donde albean,

entre las rocas existiendo

medio dormidas y despiertas.

Cuando bajé, con carga mía,

la hallé a mitad de la pradera,

y fui cubriéndola frenética,

con un torrente de azucenas.

Y sin mirarse la blancura,

ella me dijo: “Tú acarrea

ahora solo flores rojas.

Yo no puedo pasar la pradera.”

A una rosa, Lope de vega

¡Con qué artificio tan

divino sales

de esa camisa de

esmeralda fina,

oh rosa celestial alejandrina,

coronada de granos orientales!

Ya en rubíes te enciendes,

ya en corales,

ya tu color a púrpura

se inclina

sentada en esa basa

peregrina

que forman cinco

puntas desiguales.

Bien haya tu divino autor, pues mueves

a su contemplación el

pensamiento,

o aun a pensar en nuestros años breves.

Así la verde edad se esparce al viento,

y así las esperanzas

son aleves

que tienen en la tierra el fundamento...

Ensayos: La inteligencia de las flores

“Las plantas actúan, tienen astucia, son seres cuya inteligencia no se detiene en acciones y fuerzas de una contundencia admirable”, dice Maurice Maeterlinck, escritor belga Premio Nobel en 1911, en el ensayo que le da título a este libro. Allí demuestra que la inteligencia no es exclusiva de los humanos. También alude a otros asuntos de la Naturaleza.

Novela: Aura o las violetas

Uno de los autores más polémicos, José María Vargas Vila, presenta varias novelas con nombres de flores. En Aura o las violetas, el personaje narrador, que al principio tiene 14 años, se enamora de Aura, con quien juega en un campo de violetas. Se juran esperarse cuando él debe viajar a estudiar. Pero, a su regreso, encuentra que las cosas cambiaron.

Cuento: Una rosa para émily, w. Faulkner

La historia comienza en el funeral de la señorita Emily Grierson.

En el pueblo nadie ha entrado a su casa en los últimos 10 años, a excepción de su sirviente. Y con esto del funeral, la narración, adelantada en un tono como de cotilleo, va al pasado para contar quién es Emily y quién su padre. Solo en este momento entran las mujeres y el sirviente se va de la casa.

en las artes plásticas

Las artes se han ocupado del tema. Francisco Antonio Cano pintó, entre otros cuadros, el Bodegón con flores (foto).

Fernando Botero, Flores, un florero apretado y colorido, en 2000, y otros muchos.

Alejandro Obregón tiene sus Flores carnívoras, de 1976, y otras obras con este tema.

Y no olvidemos al iluminado Vincent Van Gogh, con sus Girasoles.

John Saldarriaga Londoño

Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros de cuentos: Al filo de la realidad y El alma de las cosas. Periodismo: Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López; Crónicas de humo, El Arca de Noé, y Vida y milagros. Novelas: Gema, la nieve y el batracio, El fiscal Rosado, y El fiscal Rosado y la extraña muerte del actor dramático. Fábulas: Las fábulas de Alí Pato. Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa.

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