Juan Camilo, abanderado de una ilusión olímpica

  • Juan Camilo Ramírez buscará en octubre la primera medalla colombiana en BMX olímpico juvenil. Junto a Gabriela Bole son los representantes del país en este deporte. FOTO cortesía Sara Zuleta
    Juan Camilo Ramírez buscará en octubre la primera medalla colombiana en BMX olímpico juvenil. Junto a Gabriela Bole son los representantes del país en este deporte. FOTO cortesía Sara Zuleta
Por juan felipe zuleta valencia | Publicado el 30 de agosto de 2018

Aferrada a la bicicleta de Juan Camilo Ramírez viaja siempre una estampita del Divino Niño que guía cada uno de sus pedalazos y saltos en la pista.

Entre quienes lo conocen, la palabra “espiritual” es factor común para describir al bicicrosista de 17 años, quien en cinco semanas portará la bandera de Colombia en la inauguración de los Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires, Argentina.

“Uno se imagina durante años vivir un honor como este. Y cuando llega, lo único que se puede hacer es recordar todo lo que has tenido que pasar para llegar donde estas”, dice el paisa.

Y en esa secuencia de recuerdos están todas las personas que le han tendido la mano a lo largo de su vida para hacer un puente entre él y sus anhelos.

“Yo siento que el respeto que él ha tenido por cada una de las personas que han hecho parte de su proceso y, en general, la disposición que él tiene de cara al prójimo han sido fundamentales para llevarlo a ser el deportista que es actualmente”, considera su técnico en Selección Colombia, Germán Medina.

Juan Camilo es hijo de mayordomos en una finca en El Retiro. Allí, cuando apenas tenía 6 años, los jefes de sus padres, Sergio y Adriana, empezaron a notar sus cualidades al verlo dar intrépidos y hasta peligrosos saltos sobre una modesta bicicleta.

“Cuando se recibe ayuda de personas que no llevan tu propia sangre, como mi familia y yo la recibimos, obliga a tener siempre presente la importancia de dar lo mejor que uno tiene a las personas que lo rodean”, pregona el joven deportista.

Luego de doce años de presencia en el bicicrós, “Goofy” como lo conocen sus amigos, ha dejado su propia huella en un entorno sumamente competitivo.

Gratitud, el mayor premio

En 2017 se coronó campeón mundial en modalidad cruceros, y en los últimos meses ha dejado su estela dorada para coronarse como campeón suramericano, latinoamericano y panamericano, además del subcampeonato mundial júnior en Azerbaiyán.

Precisamente en Bakú, Azerbaiyán, el antioqueño tuvo un gesto el cual, según Fernando Giraldo “Loquillo”, habla del compromiso por su deporte y su carácter sencillo.

“La Federación le aseguraba hospedaje, pero los otros gastos corrían por su cuenta. Camilo viajó con muy poco dinero. Y destinó gran parte para pagar los sobrecostos por el equipaje. Pero nadie le vio un mal gesto. Fue, se midió ante los mejores, quedó subcampeón mundial y lo disfrutó al máximo”, cuenta Giraldo, trabajador incansable por el BMX antioqueño y quien conoce a Camilo desde niño.

Hace poco recibió el compromiso, por parte de la Alcaldía de Envigado, para tener su propia casa el próximo año.

“En la vida, más que un profesional muy talentoso o exitoso, uno debe ser buena persona y ser agradecido. Eso me lo han recalcado mis papás hasta el cansancio; por eso, ni las medallas ni los lugares que he tenido la oportunidad de conocer me han hecho olvidar de dónde vengo. Yo me levanto, llego a entrenar y compito siempre con los pies en la tierra”, recalca.

Un lugar donde caben todos

Para asistir a Juegos Olímpicos de la Juventud, “Goofy” tuvo que disputar con 30 corredores más la posibilidad de viajar al Mundial.

Luego, disputó con seis pilotos nacionales el único cupo masculino disponible para Colombia en las justas olímpicas, el cual ganó por ser el de mejor desempeño en Bakú.

De todos modos, sabe que en la pista de Buenos Aires no solo corre por él sino por mantener la posición y bagaje del bicicrós colombiano en el exterior.

“Todos los que hacemos parte de esto tenemos nuestra misión y vamos sumando esfuerzos dentro de un gran ciclo en el que cabemos varias generaciones. El compromiso de cada uno es aportar a esa evolución”, ilustra el piloto.

Y para lograr esa evolución del bicicrós criollo sería fundamental lograr una medalla olímpica en Buenos Aires, algo que Juan Camilo cree posible.

“Las cosas en la élite no se dan de un día para otro. Cada año en la preparación para los mundiales en que he competido, he ido acumulando trabajo para pensar en algo más grande como una medalla olímpica. Esperemos ratificarlo el día de la competencia. Es una oportunidad única”, resalta.

En el certamen estarán los mejores juveniles del planeta, salvo el campeón mundial, el francés, Leo Garoyan, pues Francia no llevará delegación de BMX.

Esto, sin dudas, amplía las posibilidades de ganar la primera medalla en esta disciplina en dos participaciones en Olímpicos de la Juventud, certamen en el cual el país suma tres oros, tres platas y tres bronces.

Lo primero que promete llevar consigo a Buenos Aires es su fiel estampita, la que les lleva cierta tranquilidad a sus papás, Alfredo y Gloria, de que su muchacho va a salir bien librado cada vez que sube al partidor.

La bandera y la protección divina serán escudos para buscar algo inédito para el país .

Contexto de la Noticia

informe una radiografía del futuro

· Con la historia de Juan Camilo concluye la serie de promesas antioqueñas del deporte colombiano.

· A lo largo de ocho entregas EL COLOMBIANO narró las historias de María Fernanda Murillo, María Isabel Arzuaga, Iván Idárraga, Karen Durango, Esnaider Reales, Karool Blanco, Yineth Santoya, Mary Leivis Sánchez, Juliana Toro, Juan Bustamante, Andrés Castro y Luis Álvarez, que demuestran que el país necesita seguir propiciando proyectos de vida que traigan otras realidades a las que deben enfrentar varios de estos jóvenes.

· Con su aporte al medallero del ciclo olímpico y otros eventos internacionales, estos atletas, como tantos otros, reclaman que el apoyo jamás mengue y siga constante.

Juan Felipe Zuleta Valencia

Soy periodista porque es la forma que encontré para enseñarle a mi hija que todos los días hay historias que valen la pena escuchar y contar.

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