La Universidad Católica Luis Amigó se renueva día a día

  • Hace un año cambió su carácter académico de fundación universitaria a universidad. La calidad sigue siendo una prioridad.
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Información comercial | Publicado el 10 de noviembre de 2017

Un año ya. Ya le dio la Tierra otra vuelta al sol desde que el Ministerio de Educación le otorgó a la Luis Amigó el reconocimiento que le permitió pasar de ser fundación universitaria a universidad, un proceso de transformación que corresponde con el propio espíritu de esta institución de educación superior, que desde el día en que se fundó está en una dinámica constante de transformación, reconoce su rector, el padre José Wílmar Sánchez Duque.

“Trabajar como universidad desde el año 2009 hasta el 2014 fue todo un proceso de transformación: de los lineamientos, de políticas, de reglamentación, de infraestructura, de programas...”, recuerda el directivo. Finalmente, el 10 de noviembre de 2016, cuando el Ministerio de Educación le ratificó su nuevo carácter académico como Universidad, empezó el proceso de consolidación, entendido este como continuar creciendo.

“La calidad no es un estado final, es un estado continuo de desarrollo y de crecimiento. Así que, un año después de aquel reconocimiento, tenemos un nuevo plan maestro para espacios físicos, nuevos desarrollos en programas, investigación, internacionalización, bienestar... En este año, además, hemos seguido creciendo en nuestros indicadores de desarrollo”, cuenta el Rector.

Su Plan de Desarrollo 2012-2022, junto con el Plan de Acción Institucional 2017-2020, siguen permeando el tema de la calidad, buscando, ahora, la acreditación de más programas y, en especial, la Acreditación de Alta Calidad para la institución. “Estamos siempre en la tarea de que nuestros procesos de internacionalización, investigación, movilidad de estudiantes y docentes, sean mejores”, agrega el rector Sánchez Duque.

Transformación total

En la actualidad, la universidad Luis Amigó tiene 16.350 estudiantes de pregrado y cerca de 850 en posgrado, para un total de 17.200 en todo el país. De esos, cerca de 14.500 están en Medellín y los restantes se encuentran en sus sedes de Bogotá, Manizales, Apartadó y Montería.

“Estamos consolidando la presencia allí donde tenemos actividad académica”, agrega el directivo.

En Medellín, sin embargo, se espera crecer la infraestructura física con una construcción de alrededor de 40.000 metros cuadrados, 28.000 metros sobre superficie y 12.000 metros de parqueadero, con un costo cercano a los 85.000 millones de pesos.

En el nuevo espacio habrá gimnasio, zonas deportivas, de estudio, cafeterías, laboratorios, aulas de clase, salas de profesores y áreas administrativas.

Pero no basta con mejorar la infraestructura. La docencia, la investigación y la extensión, funciones inherentes al quehacer universitario, se han fortalecido en la Universidad Luis Amigó, incursionando en nuevas áreas del conocimiento, potencializando sus grupos de investigación, reforzando su planta docente.

“Estamos fortaleciéndonos en ingenierías, para contrarrestar el déficit de estos profesionales, con Ingeniería Civil, Industrial y Sistemas”, cuenta el padre José Wílmar.

Además, la Luis Amigó ampliará su oferta académica con programas de técnicas profesionales y tecnológicas, como una forma de articularse a los planes de desarrollo regionales allí donde está presente esta Universidad: en Caldas, Córdoba y Antioquia, con áreas afines y pertinentes a las necesidades de las empresas, la industria y los servicios de cada región.

Y para lograrlo son necesarios los docentes. “Sin ellos, la universidad no es más que un edificio vacío”, resalta el Rector. “Nuestra planta cuenta con unos perfiles altos en maestría y doctorados, con competencias en investigación. Pero aún así, estamos aumentando la planta docente, mejorando sus condiciones salariales, creando estímulos a la producción investigativa y académica. En ellos está la transformación y la calidad de los procesos”, agrega.

Actualmente, la Universidad Luis Amigó cuenta con cerca de 500 docentes, entre profesores de tiempo completo y tiempo parcial, y 800 con catedráticos. Un 60 % de ellos tienen maestría y un 30% especialización.

Pero también están fortaleciendo la generación de nuevos conocimientos con la formación en doctorados. “Estamos en ese proceso de crear nuevos programas que creen altos perfiles investigativos”, afirma el Rector.

Por que la investigación, en especial en el campo social, es uno de los baluartes de la Luis Amigó. Sus grupos de investigación en ciencias sociales y humanas, derecho y ciencias políticas, y ciencias administrativas, económicas y contables tienen esa característica de enfocarse en lo social.

“Y desde allí estamos abordando unas necesidades que tiene el país para entenderse, sobre todo ad portas de la parte final de este proceso de reconciliación, de un proceso de implementación y la incorporación de la guerrilla a la sociedad civil”, asegura el Rector.

Agrega, además, que Colombia debe prepararse para atender a quienes han estado privados de educación, de formación, de oportunidades para el desarrollo humano. “La investigación tendrá que ayudarnos a entender las causas de aquellas violencias, pero también ser capaces de diseñar modelos que nos ayuden a intervenir y lograr una transformación hacia una mayor armonía de convivencia social”.

Recuerda el padre José Wílmar que son muchas las marginaciones que se han generado en los últimos 50 años por causa del conflicto armado. ¿Cómo atendemos esas poblaciones que están en la mitad del conflicto y están en alto grado de vulnerabilidad? “Desde la investigación tenemos que hallar respuestas a esto”, se responde.

En la Universidad Luis Amigó tienen claro, también que es por medio de la investigación que se puede entender cuáles son las ofertas académicas pertinentes que necesita el país, que no solo generen desarrollo económico y social, sino también humano.

La ética, valor fundamental

¿Cómo solucionar el tema de la corrupción, cómo entender el tema de la ética y el impacto de la condición de los seres humanos. Cómo ser capaces de formar servidores públicos que realmente contribuyan a la construcción de la sociedad?

Esas son también preocupaciones reales que se plantea el modelo de formación de la Universidad Luis Amigó.

“La educación superior no solo responde a la demanda de trabajo, busca formar seres humanos críticos y conscientes que contribuyan en la construcción de país”, reflexiona el directivo.

Y se pregunta: “¿Cómo transformar una cultura como la nuestra, marcada por la violencia. Cómo hacemos para formar seres humanos éticos y comprometidos con el desarrollo social, que no caigan en la tentación del dinero fácil. Pero esto es un reto que tiene todo el sistema educativo del país?”.

Esta claro que los sistemas de calidad de la educación superior miden el desarrollo académico, cognitivo, profesional. Y que las evaluaciones son sobre los contenidos teóricos muy relacionados con cada una de las disciplinas en que se forma en las universidades. Y en la Luis Amigó se forman profesionales con alta calidad académica, pero tiene muy claro que no basta la formación en cada saber, por eso tiene un componente transversal a todos los programas: la formación socio-humanística, ética, crítica y ciudadana de la conciencia, la formación integral del ser humano.

“No buscamos graduar un buen abogado, queremos un gran abogado con criterios de comportamiento ético, que entienda que su profesión está al servicio de la construcción de una sociedad diferente. Igual con un comunicador social, un ingeniero, un pedagogo... Profesionales conscientes de su importancia para mejorar la sociedad. Formamos grandes profesionales, pero también grandes seres humanos”, afirma el rector Sánchez Duque.

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