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En La Ceja, Jairo pule cada día su Diamante de café

  • Jairo López Bedoya produce café especial en límites de La Ceja y Montebello, en el suroriente de Antioquia. FOTO donaldo zuluaga
    Jairo López Bedoya produce café especial en límites de La Ceja y Montebello, en el suroriente de Antioquia. FOTO donaldo zuluaga
Por Ferney Arias Jiménez. Fotos donaldo zuluaga | Publicado el 21 de noviembre de 2014
Infografía
En La Ceja, Jairo pule cada día su Diamante de café
en definitiva

Este emprendedor sabe que el mejor beneficio no está en solo en producir café de calidad, entiende que puede hacer más.

En tierras en las que son preponderantes otros productos agrícolas como las flores, la papa o las legumbres, también se produce café y no de cualquier tipo: especial y su cultivador tiene planes ambiciosos y de largo aliento.

A casi una hora del casco urbano de La Ceja, en límites con Montebello, está localizada la vereda El Higuerón, donde Jairo López heredó hace algún tiempo la finca que era de sus padres y en la que siempre se ha cosechado el grano.

Antes de ser el señor y dueño del predio, Jairo trabajó en las faenas del campo con sus hermanos y aprendió lo necesario para manejar y administrar una finca cafetera.

Hoy como propietario, el campesino sabe que el camino no es tan fácil y que solo la determinación y la constancia le permitirán alcanzar el sueño de convertirse en un empresario de la caficultura.

Ni las plagas de los cafetales como la roya o la broca, que en alguna ocasión lo hicieron salir de su finca para probar suerte en el pueblo ni las condiciones de violencia que afrontó la zona, quebrantaron el espíritu de este hombre, quien desde hace unos nueve años decidió hacer del café una joya.

“No me gustó la vida en el pueblo ni las labores de los cultivos de flores, así que me devolví para tomar la herencia que me dejaron los viejos y montar este entable”, comenta Jairo, quien con la ayuda de su suegro y algunos vecinos recogió la cosecha, que aunque en principio la calculó mayor a las 20 cargas de café, la practica le demostró otra cosa y finalmente recolectó cerca de 16 cargas, pero eso no lo desanima y por el contrario sabe que para el próximo año deberá esforzarse mucho más.

Perspectivas de negocios

Convencido de que la caficultura puede ser un gran negocio, Jairo se vinculó hace dos años al programa de Cafés Especiales de la Gobernación de Antioquia y mientras por un lado avanzó en las mejores prácticas para sacar un grano de excelente calidad, por el otro indagó sobre la mejor forma de inyectarle valor agregado a su producción.

Es así como desde hace algunos meses y acolitado por un vecino, en su casa ubicada a varios metros del río La Miel, impulsa la idea de producir café tostado, en grano o molido, bajo su marca propia: Diamante.

Aunque no estuvo el mes pasado en la feria de cafés especiales, ExpoEspeciales 2014, que se celebró en Medellín, Jairo no descarta que en una próxima oportunidad pueda poner a consideración de los catadores internacionales la bebida que sale de su cafetal, cultivado a 1.700 metros sobre el nivel del mar.

Por el momento se conforma con experiencias vividas y que le han permitido lograr puestos de privilegio en concursos regionales. Con satisfacción y orgullo relata como los expertos han exaltado las tazas que han probado.

“En los certificados de participación que me han entregado dice que el mío, es un café suave, de buen cuerpo y buena acidez, así como de buena aroma y sabores achocolatado y de frutos rojos”, dice, el campesino quien ha participado en pruebas como Taza de la Excelencia y Cosechando Calidad, en los que ha sobresalido.

Rodrigo Londoño Mejía, de la Unidad de Aseguramiento de la Calidad del Comité de Cafeteros de Antioquia, señala que el café cejeño se ha destacado en diversos concursos de calidad como uno de los mejores. Las condiciones agroclimáticas, sumadas a las buenas prácticas que realizan los caficultores, le dan al café características de alta calidad.

“Concretamente el café de Jairo lo hemos catado varias veces, considerándolo como muy bueno. En puntajes de la Asociación de Cafés Especiales de América supera los 84 puntos”, agrega Londoño.

¿Quiere probar el cafecito? Dice la esposa de Jairo, quien en una taza plástica ofrece la bebida al equipo periodístico de El Colombiano que estuvo en su casa. Para ellos lo ideal sería hacerle ese ofrecimiento a potenciales compradores internacionales, tostadores y comercializadores del grano.

De alguna manera eso ya lo ha hecho, pues aprovecha a los familiares que tiene en Estados Unidos y Argentina para mandar algunas muestras que han sido bien recibidas. Su preocupación actual es obtener el registro de la marca y los certificados sanitarios y del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), para iniciar en firme la explotación comercial del producto.

“Es un proceso difícil y costoso y uno no tiene la capacidad económica para hacerlo, pero con la ayuda de Dios saldré adelante”, insiste el labriego, quien aspira cristalizar su ambición el año que viene.

Su acuciosidad lo ha llevado a tener listos los empaques, para las diferentes presentaciones y espera con ansiedad lograr las autorizaciones para definir el rótulo que finalmente exhibirá su café.

El propósito es transitar el camino que le ha permitido a otros productores cafeteros antioqueños participar del mercado de los cafés especiales, y no solo conformarse con el sobreprecio que obtienen los caficultores que producen en sus parcelas café especial.

Entre los ejemplos exitosos que tiene Jairo para imitar y superar se cuenta el de los dueños de la finca San Pablo de Ciudad Bolívar, quienes desde hace algún tiempo buscan compradores de su grano cultivado en las laderas de los Farallones del Citará.

Otro modelo es de la marca de café especial Mitaka, también de Ciudad Bolívar que ha incursionado en el negocio de tiendas propias.

Además, se cuentan las experiencias de los cafés Gualanday, de Salgar; Don Édgar, de Ciudad Bolívar; Los Alpes, de Santa Bárbara; Los Frailes, de Fredonia; Los Sauces, de Jardín y Uribia, de Valparaíso.

Otro listón alto, que quiere imitar es el dejado por Carmen Cecilia Montoya Patiño, del municipio de Urrao y también participante del programa de Cafés Especiales de la Gobernación, que alcanzó hace varias semanas un precio de 45,70 dólares, una cifra histórica en Colombia, por ser el precio máximo obtenido en subastas de café en el país.

“La producción de café especial no es un capricho ni una moda, es un esfuerzo de largo plazo”, afirma José del Carmen Prieto, productor cafetero del Quindío, departamento que apuesta a que en el 2020 toda la producción sea especial.

Mientras tanto, en La Ceja, Jairo sigue confiado en que la persistencia le ayudará a sacar adelante el sueño de posicionar a su café, Diamante, como el verdadero tesoro que le posibilite darle a su esposa y a sus dos hijos una vida sin angustias económicas

Contexto de la Noticia

Ferney Arias Jiménez

Periodista de economía de El Colombiano. Oidor de tangos. Sueño con una Hermosa sonrisa de luna.

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