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    Ferrocarril de Antioquia

Así se conserva la estación icónica del Ferrocarril

  • Así lucía la Estación Medellín durante su restauración, en 1975. FOTO ARCHIVO EL COLOMBIANO
    Así lucía la Estación Medellín durante su restauración, en 1975. FOTO ARCHIVO EL COLOMBIANO
  • Hoy el edificio es propiedad del Idea y la Fundación Ferrocarril de Antioquia, que tienen un contrato de arrendamiento para mantenerlo y usarlo como sede. FOTO CAMILO SUÁREZ
    Hoy el edificio es propiedad del Idea y la Fundación Ferrocarril de Antioquia, que tienen un contrato de arrendamiento para mantenerlo y usarlo como sede. FOTO CAMILO SUÁREZ
Publicado el 10 de agosto de 2018

VÍCTOR ANDRÉS ÁLVAREZ C.

Cisneros es un inquilino reciente de la que fue, entre 1907 y 1962, la Estación Medellín, la más importante del Ferrocarril de Antioquia. Vigilante, el busto posa a un lado del Palacio de Justicia José Félix de Restrepo. En otro extremo los automotores, por la calle San Juan, se mezclan entre peatones, afanados.

Algunos beben un café en el salón de techo de madera en forma de triángulo y con grandes portones que sirven de paso a quienes se dirigen a los juzgados. Allí se almacenaron estructuras del extinto sistema ferroviario.

La Estación Medellín, diseñada por el arquitecto Enrique Olarte L., fue el primer gran puerto seco de la ciudad, a donde llegaban carbón y café, y del que salían telas y juguetes a los pueblos del Magdalena Medio y Suroeste antioqueños. Para historiadores, el edificio cívico más representativo de la época en la ciudad y reflejo del desarrollo férreo en la región.

Una primera fase del complejo, la que da al costado San Juan, se terminó de construir en 1914. Luego, reseña la Fundación Ferrocarril de Antioquia, en la década de los 20, se requirió ampliar el edificio y se construyó un segundo cuerpo, que da sobre la carrera Carabobo, también en manos del arquitecto Olarte.

“En 1930, se hizo otra ampliación construyendo una nueva sede de un piso en el constado sur, conformando la plazoleta central para el arribo y salida de trenes. En 1935 se construyó el segundo piso de la nave sur y en 1937, la marquesina de embarque”, relata la Fundación en un escrito sobre la historia de la estación.

Los recuerdos

Cada paso de Ramiro Alonso Gil, por la estación, desata una mirada de sorpresa. Durante 12 años laboró en el lugar haciendo inventarios y como tabulador (en la oficina de pagos a los trabajadores). Recuerda que, diariamente, salían dos trenes, uno para La Pintada y otro para Puerto Berrío.

“Aquí llegaban campesinos, de ruana, sombrero alpargatas, con perros y gallinas. Gente de negocios, que venía a comprar y vender mercancía, y después de hacerlo pasaba a los bares de Guayaquil. Todo era muy sano, sin tanta violencia”, rememora el hombre de 67 años.

La Estación de Medellín, junto a la desaparecida Plaza de Cisneros, era en aquella época el corazón de la capital antioqueña, aunque su centralidad estaba en el parque de Berrío, cerca a los palacios de gobierno.

En 1962, cuando la Nación asumió el manejo del Ferrocarril de Antioquia, el edificio de 3.277 metros cuadrados, según la Fundación Ferrocarril, entró en absoluto abandono y fue saqueado.

Ramiro toma su cámara. Hace una foto de las ventanillas en las que se vendían los tiquetes a los pasajeros del tren. “Me da nostalgia que ya no exista el ferrocarril. Este es de los pocos países que se dan el lujo de no tenerlo”, cuenta.

Arquitectura antioqueña

Un modelo neoclásico francés está plasmado en la Estación Medellín y, para el historiador y antropólogo, Víctor Ortiz, marcó el camino de las obras arquitectónicas hechas por colombianos, algo que hasta entonces fue confiado solo a extranjeros.

“Esta es una obra bellísima de Olarte, de los primeros arquitectos de Medellín y a quien se le encarga un trabajo tan importante como esta estación. Él hace el edificio, que si bien tiene una inspiración europea, con dos torreones que unen galerías, es hecho por un antioqueño”, destaca.

Ortiz enfatiza que la estación estuvo a punto de ser demolida con la expansión de la zona. “Se salvó de milagro. Es uno de los mejores edificios, en cuanto a conservación”, apunta.

Y no fue fácil la tarea de salvar la Estación, confiesa Juan Luis Isaza, director de la Fundación Ferrocarril de Antioquia, encargada de la restauración. Acota que cuando se decidió trasladar la Alcaldía de Medellín y la Gobernación a la Alpujarra, en los 80, algunos políticos de la época plantearon n la posibilidad de demoler la estación para hacer parqueaderos.

“Cuando se dio la construcción de La Alpujarra ya la estación era un cadáver insepulto. El estado del edificio era calamitoso”, recalca.

Pero es que, poco quedaba del gran complejo de la estación, del que incluso partía y llegaba un tren de privados hacia Amagá. Con la desaparición del Ferrocarril, varios edificios se fueron derrumbando.

“Quedaron el de la bodega (San Juan), el de Carabobo y otro en el que está actualmente el Idea, que es un tornamesa: sitio donde entraban las locomotoras y las podían reparar”, anota. Mantener la estación, viva y resplandeciente es un mérito casi tan importante como su construcción, más cuando poco rastro de estructuras de la época queda en la ciudad.

“Este edificio, junto con los de Vásquez Carré y Alambra, es un vestigio de la última etapa industrial de la región”, agrega Ortiz.

Añade que “la Estación Medellín tiene una denominación que jamás vamos a perder en la historia: a ella llegó el progreso de la ciudad, también salió. Arribaba gente todos los días, incluso del exterior, a buscar oportunidades. Entraron los pianos de cola, las lámparas y también las maquinarias para las empresas. Es testigo material y mudo de lo que somos los

antioqueños como sociedad: cafeteros, ferrocarrileros, pero más que eso, comerciantes ”.

En el libro “Restaurando 30 años el Patrimonio de la Fundación Ferrocarril de Antioquia”, el arquitecto Ramón Gutiérrez, director del Centro de Documentación de Arquitectura, escribió que en 1962, cuando la Nación adquirió el ferrocarril, incluido el edificio Estación Medellín, un grupo de ciudadanos exigió que fuera conservado. En 1996 se declaró bien de interés cultural.

“La tarea (de restauración, entre 1986 y 1992 ) se encaró bajo la dirección del arquitecto Álvaro Sierra Jones”, relata.

Hoy, el lugar, que es administrado por la Fundación Ferrocarril de Antioquia, es punto de encuentro y referente turístico de Medellín, de acceso libre. A diario, decenas de turistas, extranjeros y nacionales, lo recorren.

Además de locales comerciales y oficinas, hay un auditorio que conserva el estilo original del edificio, biblioteca y una sala museo con objetos asociados al ferrocarril. Aquella estatua de Francisco Javier Cisneros en la estación, es “un remanente de lo que fue la Plaza de Cisneros y hoy es la de la Luz. La escultura estaba abandonada en una bodega del municipio. La Fundación la rescató, restauró y la instaló en la Estación Medellín, en los 90”, finaliza Isaza.

Contexto de la Noticia

Diego Zambrano Benavides

Periodista de la Universidad de Antioquia interesado en temas políticos y culturales. Mi bandera: escribir siempre y llevar la vida al ritmo de la salsa y el rock.

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