Anécdotas que montan en bicicleta

  • Anécdotas que montan en bicicleta
Por mónica quintero restrepo | Publicado el 09 de noviembre de 2017

Mi bicicleta era pequeña, azul. El recuerdo es de una niña mona motilada en hoguito que se montaba en ella e iba y venía. Primero con llanticas de apoyo, luego en la independencia de las dos ruedas. Hasta que un día me quedó tan chiquita que mi mamá me compró otra, pero para qué una mediana si yo iba a crecer, y entonces fue una todoterreno, de adulto. La bici era más grande que yo. Una vez y media más.

En ese pueblo en el que crecí era una manera perfecta de llegar a cualquier lugar. Los sábados cruzaba los dedos y le echaba azúcar a las nubes con mi mejor amiga para que no hubiera que usar sombrilla y en cambio montarse en esa negra que tenía chispitas de colores. Hasta que llegué a Medellín y se volvió tan vieja que hubo que despedirse de ella. Adiós, le dije, y no la miré más. Nunca he vuelto a pedalear, y de eso ya han pasado más de 13 años. Por miedo, quizá. O porque me aterra la idea de que ya no sepa montar.

Y como es de esos objetos que cada vez muchos quieren más, buscamos anécdotas con la bici. A que usted también tiene la suya. ¿Qué tal si nos montamos a contar historias? Estas tres nos las compartieron en nuestra fanpage de Facebook, Mutis

Contexto de la Noticia

mario grajales. autodidacta

“Mi bici es excelente para un principiante. El marco es talla L, la recomendada para mi estatura de 1.78 m. Las ruedas son de 27,5 pulgadas, el punto medio entre el pequeño 26 y el enorme 29. La decisión la tomé porque 26 baja mucho la bici y 29 la hace difícil de arrastrar cuando la tenga que subir por una pendiente. Pesa 14 kg, lo cual para una de ruta es mucho, pero al tener un marco de aluminio y ser de montaña, que está sujeta a tensiones mucho más altas, la vuelve confiable. Es decir, resistente a las fisuras. Y no crean, lo primero que pregunté es si soportaba mis 95 kilos bajando una trocha de San Vicente Ferrer. Creo que la compré en mala época, porque ha estado lloviendo mucho. Es la segunda excusa que uso cuando no monto. La primera es que en una pequeña área de apoyo se sostienen mis 95 kilos y, recordando bien, la presión es más grande cuando el área es más pequeña. Tienen que pasar por lo menos dos días para que me pueda volver a sentar en el diminuto sillín”.

liliana mera. ing. de alimentos

“¿Qué me ha pasado en bici? Un día me la iban a robar de una acera y salí a cantaletearlos y a decirles que mejor se fueran a estudiar. Me di cuenta de que puedo ser más valiente de lo que creo. Bueno, rodar en colectivos en los que se comparte esa pasión y nos hacemos amigos de cualquiera que ruede junto a nosotros es muy bacano. La gente lo admira a uno, los jefes, los compañeros de trabajo. Al principio es como, ‘qué pereza’, o se compadecen, pero cuando ven que a mí me gusta llegar a trabajar en bici, resultan compartiendo historias y diciendo algo como que si les quedara mas fácil también lo harían. Hasta tuve un jefe que empezó a ir a la oficina en bici los días de pico y placa. Y eso que cuando yo llegué a trabajar me dijeron que una ingeniera no debía llegar en bicicleta. Como vez, pasa de todo. Deberían hacer una campaña para que los padres lleven siempre a sus niños de la mano o por lo menos no los suelten a correr por la ciclorruta”.

ana isabel palacios. diseñadora

“Yo usaba la bici un montón en la universidad y cuando estuve viviendo y estudiando en Milán, Italia. Sin embargo, empecé a trabajar en el programa Medellín Ciudad Inteligente y me tenía que ir muy bonita y la dejé a un lado. Resulta que un día fui a un congreso de la bicicleta en UPB y supe que si uno iba a la ciclada de por la noche se podía ganar una bicicleta. Un amigo me prestó la bici y fuimos, y el caso es que me gané una plegable. Para mí esa rifa fue como si la vida me estuviera pidiendo que volviera a ser lo que yo era. Lo entendí muy directo como, ‘hey, Ana, dejá de hacer lo que estás haciendo y volvé hacer lo que te hace feliz’.

Yo sentía que eso era la bicicleta. Fue además muy extraño ganarla porque estaba en una posición económica en la que la podía comprar, mientras que muchas de las personas que estaban ahí no. Fue una gran sorpresa y un mensaje, un antes y un después. Luego empecé a usarla otra vez”.

Mónica Quintero Restrepo

Es periodista porque le gusta escribir. A veces intenta con la ficción, y hasta con los poemas, y entonces se llama Camila Avril. Le gusta la literatura, el teatro, el arte y las historias. Es periodista de Cultura de El Colombiano. También estudió Hermenéutica Literaria.

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