HISTÓRICO
Aprender a convivir con un enfermo terminal
  • "Amar y servir a los enfermos irrecuperables es en muchos casos, amar y servir a quien ya no está en disposición de estimar ni agradecer ni mucho menos devolver nuestros servicios", dijo el padre Guillermo León Zuleta.
    "Amar y servir a los enfermos irrecuperables es en muchos casos, amar y servir a quien ya no está en disposición de estimar ni agradecer ni mucho menos devolver nuestros servicios", dijo el padre Guillermo León Zuleta.
  • El padre Guillermo León Zuleta, del Instituto de Bioética, U.P. B.
    El padre Guillermo León Zuleta, del Instituto de Bioética, U.P. B.

  • Hay que hacer lugar para el paciente terminal, en el área material y espiritual.
  • Diplomacia y tacto en el trato que les brinda el personal voluntario.
  • Los miedos que tienen que enfrentar los enfermos incurables.
Por
María Isabel Molina V.
Medellín

Cuando a una persona le diagnostican una enfermedad terminal, se afecta su vida y la de su familia. El estado de su salud repercute en las áreas biológica, laboral, psicológica y espiritual.

Son apreciaciones del médico John Jairo Vargas G., especialista en dolor y cuidados paliativos, en el seminario que sobre el tema organizó Medicáncer en el auditorio Manuel José Sierra de la Universidad Pontificia Bolivariana.

Allí se habló de la comunicación médico-paciente terminal, de las actitudes cristianas ante estos enfermos y del papel del voluntariado en su atención y cuidado.

Hoy, el aumento en la expectativa de vida ha cambiado algunos aspectos de la sociedad, modifica el equilibrio entre los miembros de la familia y pone nuevas exigencias morales, señaló el padre Guillermo León Zuleta, del Instituto de Bioética de la U.P.B.

El padre Zuleta habló sobre las actitudes cristianas en la atención de los enfermos irrecuperables (ancianos). Dijo que la humanidad y la Iglesia de hoy necesitan aprender a convivir con ellos. "Quizás es ésta una de las experiencias nuevas de humanidad más importantes en la sociedad".

La esperanza
Los ancianos enfermos y los terminales, indicó el sacerdote, representan la exigencia moral más fuerte que tienen ante sí muchas familias. Hay necesidad de contar con ellos y hacer sitio para el enfermo incurable, tanto en forma material en las casas y en las ciudades, pero sobre todo, en el cariño, atención y distribución del tiempo y de vida que se les brinda.

También es importante mantener viva la esperanza, ya que quienes cuidan de los enfermos terminales saben que aunque ganen algunas batallas, la guerra la tienen perdida. "El enfermo no se curará, pero hay que mantener vivas las motivaciones del duro trabajo y de las exigencias de renuncias de cada día para estar con ellos", dijo el padre Zuleta.

Hay momentos en que al enfermo no se le puede curar sino controlar porque la enfermedad progresiva conduce al estado natural de la muerte, explicó el médico John Jairo Vargas.

Anotó que el objetivo de las ciencias de la salud es curar y controlar o brindar cuidados paliativos.

Según un estudio realizado en Estados Unidos, los miedos más comunes que los enfermos terminales enfrentan tienen que ver con el temor a la pérdida funcional, a los tratamientos desfigurantes, a la pérdida de la autonomía e independencia, al abandono y aislamiento, al impacto financiero y al fin de la existencia.

Efectos
"No se puede minimizar los miedos de la gente, ni siquiera disminuir uno de ellos", precisó el doctor Vargas.

Explicó que en el campo espiritual estos pacientes pasan por sentimientos de abandono de Dios, dudas morales o éticas acerca de los tratamientos y no se sienten amados.

La parte emocional también se afecta. Aumenta la disabilidad, sienten que su mente no funciona, se incrementa el dolor y puede haber delirium.

Explicó el especialista que a estos pacientes hay que ayudarles a vivir a pesar de que saben que en determinado tiempo morirán.

Además, es necesario considerar cómo hacer las visitas. "La clave para quién visite es: ¿Voy a visitar a un enfermo o a mi familiar? Los pacientes se aburren de que les hablen de su enfermedad, es mejor charlar de temas generales", explicó el médico John Jairo Vargas.

Para Nubia Osorio, voluntaria de Medicáncer, es necesario tener diplomacia, discreción y tacto en el trato con el enfermo terminal. "No meterse en su vida personal, tener capacidad de escucha, calor humano y paciencia. Un gesto de apoyo vale más que cualquier palabra". Agregó que es importante que el voluntario no sustituya al profesional de la salud en los consejos que se dan al paciente. Él es puente de comunicación entre el paciente, la familia y los profesionales de la salud.

Aunque algunos enfermos terminales requieren de manejo y equipos especializados, lo importante es que no mueran en un medio extraño, sino junto a los suyos.

"Atender en casa a sus enfermos"
Padre Guillermo León Zuleta S.*
"La familia o la sociedad que aparta a los enfermos (hay algunos que los colocan en el último cuarto de la casa), que los quita de su vista, aunque luego pretenda tranquilizar su conciencia con dinero, es una familia y una sociedad deshumanizada, cruel, ganada por el egoísmo y en el fondo endurecida y cautiva por el ídolo del propio bienestar y por la adoración de uno mismo.
Bien está hacer residencias asistidas cuando sean necesarias. Pero sería más propio de una política humanista ayudar a las familias para que sean capaces de atender en casa a sus enfermos. Desde la vivienda, las calles, las subvenciones, las comunicaciones, todo tiene que repensarse teniendo en cuenta la presencia y las necesidades personales y familiares de los ancianos terminales".
*Instituto de Bioética de la U.P. B.