HISTÓRICO
A SANTOS LE TOCA HACER MILAGROS
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    A SANTOS LE TOCA HACER MILAGROS |
Por CARLOS ALBERTO GIRALDO | Publicado el 27 de julio de 2013

Agosto, septiembre y octubre serán tres meses cruciales para el presidente Juan Manuel Santos. Se juega, más que en todo el tiempo de su mandato, su credibilidad pública, su margen de maniobra política por la paz y las posibilidades de afrontar con éxito una reelección.

Decir credibilidad pública parece de perogrullo, pero no lo es. Puede que su equipo de gobierno le crea, que le crean sus amigos cercanos (del empresariado y la política) y que le crean algunos gobiernos y líderes internacionales. Pero sucede que muchos cientos de miles de colombianos cada vez le creen menos. Y ni qué decir de los uribistas que lo acusan de traición a su popular jefe de filas: Álvaro Uribe.

Estos tres meses son decisivos por lo siguiente: el proceso de paz ya cumplió ocho meses. Apenas está preaprobado -solo entre las partes- el primer punto de la agenda sobre desarrollo agrario. El de participación política se retoma esta semana, y no parece, a juzgar por la dinámica actual de la mesa, que pueda estar listo antes de septiembre. Si se negocia el segundo, restarían otros tres puntos temáticos y uno operativo que deben pactarse, a lo sumo, antes de acabar noviembre.

Entre los puntos que faltan está el referido a las víctimas. A ese tema crucial está amarrada la aprobación del Marco Jurídico para la Paz, que busca, ajustado a la Constitución, el equilibrio para que haya verdad, justicia y reparación a favor de quienes han sufrido la violencia guerrillera, sin que se cierren las puertas a la oportunidad de terminar un conflicto armado de 50 años con las Farc. Quedarían faltando el Eln y un reducto del Epl, tan narcotizado que parece más un cartel mafioso.

Alrededor de esa apuesta central y ambiciosa de la paz, el gobierno Santos tiene otros frentes de gestión no menos complejos e inflamables: las protestas y los paros de regiones y sectores agrícolas, mineros, productivos e incluso de servicios (los cafeteros, el Catatumbo, la minería ilegal, los transportadores de carga, los carboneros, los funcionarios de la justicia). Una larga lista.

En estos tres meses, antes de decidir si se lanza a buscar otra elección, Santos tendrá que tener la casa en orden, lo cual significa mantener la negociación con las Farc dentro de plazos razonables y creíbles, haber apagado el fogón social del Catatumbo y tener convencidos a otros sectores de que cumplirá con subsidios y políticas que les quiten del cuello la soga de las deudas y las quiebras.

Delante de la oposición uribista, Santos deberá hacer verdaderos milagros, porque tres meses son poco para producir tantas buenas nuevas, sobre todo si a las Farc les es ajeno pedir perdón y cesar su violencia. Y porque a los demás inconformes lo que tienen en los bolsillos no les alcanza ni pa’l fresco.