HISTÓRICO
ABUSO DE AUTORIDAD
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    ABUSO DE AUTORIDAD |
Por DIEGO ARISTIZÁBAL | Publicado el 24 de octubre de 2012

No hay nada más indignante que como ciudadanos nos sintamos atropellados, agredidos. A duras penas soportamos como conductores, por ejemplo, que un imprudente atraviese su vehículo y, como si fuera poco, nos insulte o nos amenace. Tal vez por eso es que además de soportar los abusos que cometen los conductores acelerados o los ladrones que enciman puñaladas, resulte tan odioso que la Policía también nos agreda abusando de su autoridad.

La semana pasada, una de mis estudiantes de un curso de periodismo tuvo que enfrentar una situación bastante incómoda con la Policía. La grabación de una simple nota sobre la calle de los sobanderos en Bogotá (avenida Caracas con calle sexta) la convirtió en una "sospechosa" que debía ser investigada. ¿La razón? Supuestamente en ese sitio ella no podía grabar su presentación porque ponía en riesgo el comando de policía. A los agentes, que no se identificaron y que casi de inmediato trataron de apoderarse de la cámara y del material que la estudiante había grabado, no les importó que las tomas realizadas fueran de las fachadas contrarias al comando, que en ningún momento aparece en la grabación.

Aquí, desde luego, hay problemas de procedimiento y de violación a la libertad de prensa. Se viola el derecho a la información cuando, si además de considerar el artículo 20 de la Constitución Política de Colombia, recordamos la declaración de la ONU de 1948. Artículo 19: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; ese derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".

A los policías no les valió que ella se identificara con su carné como estudiante de Comunicación Social y Periodismo. Tampoco les sirvió que explicara que realizaba un ejercicio periodístico completamente ajeno a lo que ellos creían. Y estropearon su trabajo porque dos horas después, cuando fue llevada a la Sijín para revisar el material, le prohibieron grabar en la calle. Como si fuera poco, un policía vigiló el resto de la reportería, esto intimidó a las fuentes quienes se negaron a dar más declaraciones.

No pensaba escribir sobre esto, pero al ver el martes la agresión de un policía contra una fotógrafa de El Tiempo que trataba de cubrir el accidente de un articulado del Transmilenio que se partió en dos, pensé que era necesario llamar la atención sobre los derechos que tenemos los periodistas y la forma como somos tratados, en ciertas ocasiones, cuando intentamos informar.

Nadie se opone a que la Policía haga bien su trabajo, a que realice los controles respectivos, pero, por favor, que no se le siga yendo la mano en el abuso con los periodistas, ni con los ciudadanos que muchas veces, de entrada, son tratados como si fueran unos bandidos que necesitan su merecido.