HISTÓRICO
Acandí, un paraíso que se desmorona Los compromisos del Alcalde
  • Acandí, un paraíso que se desmorona Los compromisos del Alcalde | Jaime Pérez, Acandí, Chocó | Las playas de Acandí solo las limpian a final de año o en Semana Santa, cuando llegan los turistas. El resto del año, muchos utilizan este espacio para llevar la basura.
    Acandí, un paraíso que se desmorona Los compromisos del Alcalde | Jaime Pérez, Acandí, Chocó | Las playas de Acandí solo las limpian a final de año o en Semana Santa, cuando llegan los turistas. El resto del año, muchos utilizan este espacio para llevar la basura.
María Victoria Correa | Publicado el 22 de enero de 2011

Son muchos los que opinan que el letrero que está escrito en una de las paredes del centro de Acandí es impreciso: "Primer municipio de América sobre el mar Caribe". Para no entrar en discusiones geográficas, algunos quieren que sea más certero, algo que diga: "Bienvenidos a Acandí, primer municipio de América sobre el mar Caribe donde pasan cosas increíbles".

La lista de cosas sorprendentes no la entregan en las agencias de viaje ni en el aeropuerto, pero todos los acandileros se la saben.

Después de muchos días de ir y venir por sus calles empedradas, el listado está completo: En el hospital no hay suero antiofídico, no hay gasas ni algodón. El municipio no tiene relleno sanitario, las aguas negras van directamente al mar y las aguas limpias van directo a las casas. Para entrar o salir del municipio en lancha hay que pagar 1.500 pesos para la limpieza del muelle y para salir en avión, 7.000 pesos, para la limpieza del aeropuerto. Las playas de Acandí son el botadero de basuras más cercano.

A los funcionarios de la Alcaldía no les pagan hace ocho meses, al igual que a los médicos y a los concejales. El alcalde mandó a cambiar a todos los policías, la mayoría de contratos que adjudicaron el año pasado son para limpieza de cunetas y en Acandí no hay cunetas. Llegaron ayudas humanitarias para los afectados por el invierno y en Acandí no hay afectados por el invierno. El municipio importa pescado y plátano desde Turbo, el Alcalde y la Gerente de la empresa de energía están literalmente agarrados y como si todo eso fuera poco, a sus playas llegan anualmente las tortugas caná, su ganadería es una de las más cotizadas del país, sus ríos son los más cristalinos de Colombia y su gente es hospitalaria y cálida.

Primera parte: así se vive
A las 11:00 de la noche llaman a la puerta del hotel diciendo que en el hospital hay un enfermo al que están velando vivo. "Sí, 'seño', el enfermo tiene velas en los cuatro extremos de la cama, ¿no me cree?". Todos los que están en la recepción del hotel salen rumbo al hospital, en una caravana corta con tintes de ansiedad.

Acandí completa 25 noches a oscuras y no es la primera vez que deben alumbrar a un enfermo para sanarlo. No importa. Todos caminamos hacia el hospital.

En la puerta de urgencias la enfermera y el médico, quizás con el ánimo de no convertir el hecho en un carnaval, le ponen orden al tumulto. "¡No señores, hay que preguntarle al enfermo si quiere entrevistas y fotos. Nada de desorden!", sentencia la enfermera.

Realmente el paciente solo tenía una vela alumbrándolo, una baja de presión y no era nativo. Se dejó tomar la foto pero "sin entrevistas, por favor".

Ese mismo día, en la tarde, cientos de personas avanzan en la protesta que quiere llamar la atención sobre el drama de vivir, durante casi un mes, sin flujo de energía. Los líderes queman llantas y lanzan arengas, mientras que en el colegio los únicos niños que se ven están pintados en la pared. El rector, José de los Santos Mena, sentado en la puerta, está controlando el ingreso de nadie, cual portero de convento, y claro, "sigan tranquilos, pueden mirar lo que queda del colegio".

Un pasillo oscuro golpeado por la humedad, un salón sin sillas, un salón con sillas apiladas. Un tablero dice "Feliz Navidad", un tablero en blanco, una cocina sin vajilla, un salón con profesores, diez salones sin profesores.

A las 7:00 de la noche la oscuridad en Acandí aporrea la vista. A esa hora, tanto en la casa de la familia Herrera Guerrero como en la de los Areiza Zapata, tienen lista la comida. Comprobaron que al cocinar bajo la luz de la vela corrían el riesgo de quemarse al cuadrado. A esa hora empieza la fiesta, benditos sean todos los santos, de las ensordecedoras plantas de gasolina y de las velas que en vez de alumbrar a María Auxiliadora alumbran una pared.

Esta rutina no es de ahora ni de anoche. No. Cerca de 9.000 familias construyeron un ritual desde hace un mes cuando las dos plantas de energía del pueblo colapsaron y ¡oh sorpresa! los hizo pasar el primer año nuevo de sus vidas bajo la luz de la luna.

Desde hace 30 días, a las 8:30 de la noche los acandileros comienzan a hacer visita. De esas visitas cansonas en las que no hay nada que hablar, ni parva, ni tinto. No hay otro motivo que el de esquivar el calor. Esta visita familiar consiste en que todos salen a la terraza de la casa a esperar que sean las 11:00. A esa hora, Acandí duerme, trata de dormir, bajo la serenata de las plantas de gasolina de aquellos que duermen con aire acondicionado.

En la casa de Lorenzo Areiza y de su esposa, Diana Zapata, a estas alturas de la noche ya han gastado cinco velas. Lorenzo, sentado en el comedor, bajo la luz de una vela, dice que esta no es una noche romántica, simulando una sonrisa.

Reconoce que desde hace un mes el único quehacer de su familia por la noche es mirarse. No saben qué está pasando en Colombia. Para ellos el Gobierno no ha intervenido las CAR, el boquete del Canal del Dique sigue abierto en las mismas proporciones y Shakira sigue siendo la novia De la Rúa.

En el último mes la familia Areiza ha gastando más dinero comprando velas que haciendo mercado. Mientras que en noviembre pagaron 16.000 pesos de energía, en las últimas cuatro semanas deben comprar un paquete de diez velas día por medio a 4.000 pesitos paquete. Es decir, Lorenzo se gastó 60.000 pesos, caramba, en velas.

Segunda parte: las voces
Las quejas en Acandí se repiten, de esquina en esquina, son las mismas.

Karl Yohann Mayer, líder de la comunidad, exige la presencia del Gobierno Nacional en su municipio. "Desde noviembre le estaba diciendo al alcalde que uniera los esfuerzos y trajeran una planta, estos racionamientos son muy bravos. El bienestar del pueblo no les importa, al fin se comprobó. Debe haber una investigación en la administración de Acandí por lo menos en los últimos 10 años".

Isaías Gallego, otro habitante, expresó que "el agua que estamos tomando no es potable ni siquiera para los animales. No tenemos acueducto, hay una captación directa de la quebrada Batatilla y hay cría de cerdos en las comunidades que viven más arriba de la captación".

Santiago Prada Velenzuela, jefe de Núcleo Educativo de la región, manifestó que "en estos momentos tenemos problemas en la construcción de la nueva planta física del colegio ya que se empezaron las obras con los recursos de la Nación, pero la Gobernación de Chocó no ha girado el resto del presupuesto. Por ahora estamos hacinados en la antigua sede".

Posdata
Los 13.000 acandileros no quieren seguir apareciendo en el mapa por error. Lo repiten sin cansancio. Se cansaron y protestaron después de 103 años de silencio. Por eso, exigen una intervención urgente de la Nación, así lo dijo Karl Mayer.

El servicio de energía no se ha restablecido del todo. Siguen en pruebas, pero desde hace dos días, Emselca les regala tres o cuatro horas de luz diarias.

Cada uno de los acandileros tiene una historia por contar o una pena en el corazón. Cargan su drama por si algún turista los quiere escuchar. Están obligados a no enfermarse, a que sus hijos emigren en busca de educación, a pagar impuestos que no se ven, a trabajar sin salario, a caminar por las playas esquivando la basura, a comer temprano y a acostarse tarde, por la falta de energía que además de todos los nuevos males que trajo, sin duda, les apagó los bafles de la paciencia.