HISTÓRICO
Agresividad en las entrevistas
Rocío Vélez De Piedrahíta | Publicado el 12 de marzo de 2009
Hay diferentes tipos de entrevistas según lo que pretenda el entrevistador: divulgar un trabajo exitoso, oír testimonios sobre una catástrofe, entretener con una experiencia fuera de lo común, informar sobre un tema de interés, aclarar las razones por las cuales un funcionario o ejecutivo hizo o dijo algo, etc.; de acuerdo con las respuestas, el público decidirá si le da o no la razón.

Los entrevistados, cuya participación generalmente es gratuita, en cierto modo le hacen un favor al medio de comunicación; además son 'invitados' y deben tratarse como a tales, sin ofenderlos, denigrar de su trabajo o capacidades, ni invadir su vida privada.

El entrevistador debe prepararse sobre el tema que va a tratar, para hacer preguntas y objeciones sensatas y, por supuesto, debe dar tiempo para contestar y explicar.

Hay excelentes excepciones, pero algunos entrevistadores no están siguiendo las normas anteriores. Las tragedias se han convertido en la oportunidad de hacer un show con la presentación de un ser destrozado o que, como los recién rescatados de un secuestro, está fuera de sí. Otras veces se invita a un personaje controvertido, no para que explique lo que está haciendo o proponiendo, sino para acribillarlo. Un caso extremo de abuso del poder que otorga el manejo de un medio de comunicación, fue la entrevista que le hizo la señora Clara Elvira Ospina por RCN al ministro Andrés Uriel Gallego. El terreno estaba preparado de antemano con una serie de informes sobre el estado de una docena de vías nacionales que, más que carreteras, son carreteables o trochas en pésimo estado. Después de la entrevista no podía uno menos de pensar que en realidad es cosa fácil y en cierto modo lógica, encontrar en un país tan grande, más bien pobretón, después de un largo e inusual invierno, vías viejas vueltas añicos, algunas de las cuales fueron trazadas hace muchos años, para menos vehículos y menos pesados. Lo sorprendente sería que estuvieran todas impecables, señalizadas de punta a punta, con flechitas y advertencias de peligros y direcciones.

Ante todo sorprende que una persona como la señora Ospina, joven, bonita, sonriente, de aspecto amable, haya invitado al Ministro no para que informara sobre la situación vial, explicara las causas del deterioro de determinados tramos y si se están haciendo los trabajos necesarios para repararlos, sino para agredirlo con desconcertante animosidad. Empezó por preguntarle en forma tajante, si conocía el estado de las vías, a lo que él, medio sorprendido, contestó que ese era su trabajo. No lo dejó seguir. Tal vez no estaba preparada a fondo sobre todas las características geográficas, topográficas y de manejo administrativo de las vías, porque culpaba al Ministro del abandono de algunos tramos que, por ser vías municipales, no son de su incumbencia. El Ministro trató de presentar ese argumento pero la doctora Ospina le arrebató la palabra y empezó a enumerar una lista de trazos en estado deplorable; el Ministro medio alcanzó a decirle que empezaran en orden, uno por uno, para él poder explicar el origen de cada situación, pero ella siguió enumerando sin darle tiempo para una sola repuesta completa. Terminó con una sugerencia insultante sobre la conveniencia de que el Presidente lo reemplazara.

Esta entrevista deja la molesta sensación de que quienes tienen en sus manos el dominio de un medio de comunicación, pueden a su antojo convertir lo que debería ser una exposición de hechos que permitiera a la gente formarse una opinión sobre las fallas o los aciertos del funcionario, en ataques que más parecen de tipo personal. Una entrevista que deteriora la imagen y el oficio de entrevistador.