HISTÓRICO
ALGUNOS DE VERANEO EN CUBA
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    ALGUNOS DE VERANEO EN CUBA |
Por CARLOS ANDRÉS PÉREZ | Publicado el 21 de junio de 2013

Cuando empezamos un proceso de negociación con las Farc, no sólo este sino todos los que han emprendido nuestros gobiernos en el pasado, la comunidad internacional ha jugado un papel importante, bien sea como facilitadores o como observadores.

En algunas ocasiones se ha desbordado su presencia, como ocurrió en el Caguán, cuando parecía que las agencias de viajes del mundo vendieran paquetes para que los dirigentes de otros países vinieran a darse un champú al lado de Tirofijo y el Mono Jojoy.

En el proceso actual, Noruega y Cuba actúan como garantes, mientras que Chile y Venezuela lo hacen como acompañantes. Entre los primeros, Noruega se destaca porque ha estado involucrado en procesos de esta naturaleza en más de diez países y Cuba porque le daba confianza a las partes: es clara la afinidad de la guerrilla con el régimen de los Castro y el Gobierno colombiano ha aprendido a tolerar primero a Fidel y luego a Raúl. Desde Andrés Pastrana las relaciones con Cuba han sido más que cordiales.

En el segundo grupo, los dos países elegidos mostraban un contrapeso que no hubo necesidad de explicar: Venezuela es el líder socialista de América y el Chile de hoy con Sebastián Piñera, es el mejor exponente de la derecha, aunque incluso cuando allá gobierna la izquierda, no parecen tan de izquierda.

Sin embargo, y a pesar de lo hermético que ha sido este proceso, esperábamos que se sintiera más el peso de los cuatro países cuando se desviara el camino.

Esta semana las Farc emitieron un comunicado en el que en diez puntos hablaron de una transformación política del Estado.

Eliminar el umbral que ayuda a fortalecer el sistema de partidos, elección popular de cabezas de organismos de control y constituyente, entre otras, son las exigencias de la guerrilla que no estaban pactadas en la hoja de ruta de los cinco temas que se definieron al principio y que nos dieron garantías que esta vez sí iban a lo que iban y que no habría riesgo de que una mañana Márquez y sus amigos se despertaran con ideas nuevas que tirarían todo al traste.

¿De quién es la responsabilidad de aterrizar las cosas?, ¿quién debería juntar a las dos partes y de manera sensata decirles que las reglas del juego estaban claras y que no se deberían salir de ahí?

A la luz de la lógica, esa tarea les corresponde a los cuatro países involucrados; porque si sólo es el Gobierno quien se niega a agregar más tópicos de discusión, las Farc los acusarán de torpedear el proceso. Si las dos partes que están sentadas confiaron en Noruega, Cuba, Venezuela y Chile es porque creyeron que en algún momento -como en toda negociación- iban a tener que acudir a un tercero para que los desatrancara.

Ojalá los representantes de los países amigos no sólo estén veraneando en Cuba esperando que el proceso avance por sí solo y hagan algo para que los colombianos no tengamos que vivir otra frustración.