HISTÓRICO
¿AMBIENTALISTAS O EMBALSAMADORES?
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    ¿AMBIENTALISTAS O EMBALSAMADORES? |
Por JUAN DAVID ESCOBAR VALENCIA | Publicado el 21 de abril de 2013

"Para algunos, esa lógica… [ que los recursos naturales del planeta (en sentido amplio) y las capacidades de recuperación no resistan la presión)]… conduce a la conclusión que el crecimiento es el problema y que un menor crecimiento es la solución, pero en los países en desarrollo, donde sólo el crecimiento sostenido puede sacar a la población de la pobreza, limitarlo no es la solución. La opción sustitutiva es la de cambiar el modelo de crecimiento para atenuar las repercusiones en los recursos naturales y el medio ambiente de unos mayores niveles de actividad económica". Michael Spence, Nobel de Economía.

La semana anterior el siempre lúcido y valiente economista colombiano Alberto Bernal advertía la amenaza que para Colombia significa el retraso y obstaculización del desarrollo de la infraestructura por supuestos daños ambientales o por la reivindicación de las pretensiones de la dictadura de las minorías.

Decir esas cosas requiere valor, porque hoy en Colombia quien se atreva, además de criticar al gobierno, a contradecir a los miembros de la Santa Inquisición de ambientalistas que parece se está tomando parte de la institucionalidad ambiental y la legislación, termina en la hoguera, no importa si se contamina el aire por ello.

Nadie sensato puede pensar hoy que las actividades humanas, especialmente las vinculadas con la producción, pueden abusar indiscriminadamente del ambiente y menos obviarlo, comprometiendo la estabilidad de todos los que hoy vivimos en este planeta y los que van a habitarlo en los años venideros. Pero como cualquier fundamentalismo es peligroso, es grave que esté haciendo carrera, amparados en los derechos individuales a costa de los generales, la tesis de los ambientalistas extremos, algunos de ellos comunistas fracasados más conocidos como "papayas", verdes por fuera pero rojos por dentro, que encontraron en la defensa del ambiente a ultranza, la forma de obstaculizar el avance del capitalismo que los venció en franca lid el siglo pasado.

Estos fundamentalistas del ambiente están implantando, vía legislación, la hipótesis que la única manera viable de hacer las cosas, es "no hacer ninguna". Ellos pretenden que nada cambie, que el ambiente debe permanecer inmutable absolutamente, no importa que la pobreza sea la nueva maleza que se tome la superficie de la tierra, porque si la pobreza es verde, ¡que viva la pobreza…

Estos extremistas del ambiente no son otra cosa que embalsamadores, pues esa es la única forma en que garantizan que todo quede intacto, sin importarles que lo que embalsamen tenga que morir para poder quedar inalterado. Si por ellos fuera deberíamos dejar de respirar, porque 7 mil millones de humanos exhalando CO2 son una lacra para el planeta.

Negar que el factor ambiental sea otra de las piezas de la ecuación económica es propio de tontos e irresponsables, pero igual o más de peligroso resulta convertirlo en el "único" factor. Costo ambiental cero suena hermoso, pero es irracional e incluso biológicamente imposible. ¡Cuidado… Ya pararon el túnel de Oriente absurdamente, y ahora van por Hidroituango otros o los mismos delincuentes que pararon Porce IV y ahora engordan en Cuba.

Es urgente que aprendamos a calcular no solo el costo de hacer obras con limitado impacto al ambiente, sino también el mayor costo de "no hacerlas".