HISTÓRICO
AMPLIO RESPALDO A LA PAZ
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Por RUDOLF HOMMES | Publicado el 13 de abril de 2013

El 9 de abril, a las 7:00 a.m., a muchos bogotanos se les erizó la piel ante el espectáculo que ofrecía un río de banderas blancas enarboladas por campesinos de todas las regiones.

Desfilaban también vestidos de blanco en formación cerrada que llenaba la carrera 7ª, desde el Museo Nacional hasta donde alcanzaba la vista, más allá del Parque Nacional hacia el Norte.

Todas las banderas eran igualitas, inmaculadamente blancas y sostenidas a la misma altura, como si el desfile hubiera sido cuidadosamente coreografiado por Akira Kurosawa.

No sabemos con certeza quién lo hizo, aunque quedan pocas dudas de que en efecto lo organizaron las Farc, y tocaron fibras que están muy expuestas.

El historiador Eric Hosbawm decía respecto a esto último que aparte del sexo, la actividad que involucra acción corporal y emoción al más alto nivel es la participación en eventos masivos como este.

Un líder cafetero muy fogueado se refería a las emociones provocadas por la marcha del martes a favor de la paz de la siguiente manera: "Si nos manipularon y lo hicieron las Farc ¿qué importa? No podemos seguir en guerra otros 50 años...".

Posiblemente este señor expresa lo que sintieron muchos colombianos. Otros estaban diciendo que los que marcharon eran "puros campesinos que habían traído en camiones y en buses organizaciones infiltradas por la guerrilla".

Pero no los trajeron a la fuerza y no todos llegaron en esos buses. Muchos vinieron de muy lejos por su propia cuenta.

Desfilaron felices, y a los que caminaban en sentido contrario por la Séptima en Bogotá, o los que se quedaron celebrando pacíficamente frente al Planetario después de la marcha, se les veía en las caras la satisfacción de estar contribuyendo activamente a cumplir con un anhelo.

Al fin y al cabo, los que han puesto la carne de cañón en esta guerra han sido campesinos y por eso son los más interesados en que fructifique el esfuerzo de paz, para que no los sigan matando.

Y si todos los que vinieron son de las Farc, como sostienen algunos medios con una virulencia insólita, sin pensar en lo que están diciendo, estaríamos fregados, porque contaron a centenares de miles de ellos.

A pesar de que por esos canales y otros se repite todo el día y al caer la noche que la paz no tiene respaldo popular, ha quedado claro que ese respaldo es tan amplio que no vale la pena discutirlo más.

Tampoco tiene sentido fustigar al Gobierno porque colabora a transportar a La Habana otros jefes guerrilleros.

El mejor indicio de que hay progreso en la negociación en esa ciudad es que allá llegaron alias Pablo Catatumbo y otros belicosos que cuentan con el apoyo de Joaquín Gómez y el Bloque Sur de las Farc.

Si lo que se quiere es paz, hay que facilitar que se sumen a la negociación los que supuestamente iban a seguir guerreando.

Si eso requiere suspender brevemente operaciones militares, pues hay que suspenderlas.

Dejen gobernar, a ver si salimos de esto de una vez por todas.