HISTÓRICO
Andrés Ospina inventó un protagonista que es real
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    Andrés Ospina inventó un protagonista que es real |
Por MÓNICA QUINTERO RESTREPO | Publicado el 14 de septiembre de 2013

Andrés Ospina "conoció" a Ximénez cuando estaba en la universidad y no entraba a clase por irse a la hemeroteca a pedir, arbitrariamente, el periódico del día tal, del mes tal, del año tal. Hasta que se encontró con la noticia del suicido de Aminta Munar, una mujer que tenía en el bolsillo unos versos de Rodrigo de Arce. Noticia de los años 30. Le quedó sonando el nombre del poeta, lo buscó y encontró a José Joaquín JIménez, que también era Ximénez y, además, Rodrigo de Arce. Los tres, al final, eran el mismo periodista bogotano.

Andrés escribió Ximénez, una novela que reconstruye a ese hombre, tan raro. La presenta hoy, en la Fiesta del Libro.

¿Por qué ese interés por Ximénez, un hombre que ya pocos recuerdan?
"Para mí era contar una historia que es una gran aventura de un personaje que fue un mentiroso genial. Si tú lees los reportajes son de dos páginas completas a una letra pequeñita y te cuentan una cantidad de cosas. En aquel entonces era muy posible insertar ficción en una crónica. Muchos escritores lo que hacían era que se metían a trabajar de periodistas y podían darle espacio a sus fantasías. José Joaquín se inventó ladrones, por ejemplo un personaje que se llamaba Rascamuelas, que supuestamente era un ladrón temible con una banda que tenía asolada a toda la ciudad y que amaestraba perros para que les robaran los anillos a las señoras ricachonas. Puros cuentos reforzados, pero el comandante, Alfredo Jota de León, se los creía. Incluso una vez se organizó una redada en Bogotá para atrapar a un ladrón que no existía".

¿Él no decía si escribía ficción o realidad?
"Él nunca lo decía y tuvo más de un problema con el jefe de redacción, que era Germán Arciniegas, porque se encontraba con que inventaba, como en esa época el periodismo se aprendía de forma empírica, no se verificaban fuentes. Eran tiempos más románticos del periodismo, pero no quiero decir con ello que fuera un personaje que se tomara el oficio con poca seriedad. El hombre se metía a los sitios, tenía relación personal con policías y ladrones. Él se gastaba las suelas de sus zapatos. No hacía solo ese periodismo tan común ahora, que se hace de Google o de boletín".

Usted hizo en el libro lo que hacía él: ficción y realidad
"Yo hice lo mismo, porque dicen que ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón. Yo quería hacer un ejercicio de ficción porque había muchos vacíos en esa historia. Devolverse uno a la biografía de alguien que murió en 1946, cuya propia vida fue una gran mentira, pues era hacer el ejercicio de dar la vuelta y convertirme en un Ximénez del siglo XXI. Yo también meto muchas mentiras ahí, meto encuentros que no son, a destiempo, pero es para que la gente se dé cuenta que es un ejercicio de ficción".

Le interesa el pasado. ¿Por qué?
"Eso sí tendrías que preguntárselo a mi psicoanalista, pero yo tengo una fijación por el pasado. Creo que se trata de recomponer cosas en la historia que no están muy claras, o sea, tu vez el presente y lo tienes ahí, pero el pasado de nuestro país es una cosa muy compleja. Somos una tierra que sufre de amnesia deliberada, voluntaria. Es combatirla, recuperar un pasado que no existe".