HISTÓRICO
Antioquia recuerda que tiene el mar
  • Antioquia recuerda que tiene el mar
POR JOSÉ F. LOAIZA BRAN | Publicado el 03 de agosto de 2013

Las enciclopedias reconocen a Urabá como un golfo en el mar Caribe y una región donde se encuentran Antioquia, Córdoba, Chocó y el Tapón del Darién. En la práctica, es una zona extensa bañada por un mar de agua dulce que alberga 17 municipios con un denominador común de paridad entre rezago en el desarrollo y riqueza natural. En tales tierras se extienden 498 kilómetros de playas antioqueñas.

En el campo de los datos geográficos, solo La Guajira tiene más costas que Antioquia en el Caribe y el litoral antioqueño es mayor que el de 54 países de los 159 que tocan los océanos en el mundo. Es también la región costera más cercana a los centros de producción en todo el país.

Y sin embargo, en lo cotidiano, se necesitan por lo menos ocho horas por carretera para cubrir los 373 kilómetros que separan a Medellín de Turbo.

En Urabá se cruzan caminos entre el Pacífico y el Atlántico, los dos mayores océanos de la economía mundial. Comprende la frontera con Panamá y es paso entre las Américas del centro y del sur. Y, para la ciencia, la región tiene en torno al río Atrato la mayor biodiversidad del planeta.

En calidad de gerente del Plan Integral de Urabá, Federico Restrepo Posada, tiene presentes estas y otras curiosidades enciclopédicas, de registro, sobre una región marginada por mucho tiempo de las inversiones públicas. Tiene también dominio de los grandes proyectos que pretenden dar vida a la región pintada en el mapa y descrita por la geografía, la economía y la biología.

Educación, deporte y recreación, así como también conectividad, comercio e industria están en planes que representan una inversión que estima cercana a los cuatro billones de pesos hasta el 2015, y aún con compromisos pendientes por varios años más.

Quizás no con las mismas proyecciones del funcionario departamental, quien también está al frente del proyecto Autopistas para la Prosperidad —el más ambicioso en infraestructura en el país— estos aspectos hacen parte del sueño de Urabá para buena parte de sus más de 500.000 pobladores.

Lejos del mar, en Vigía del Fuerte, el último rincón de Urabá remontando el Atrato, las rimas de tres hermanos, salen de una casa de tablas cien veces pintada de colores y borrada por la lluvia constante; levantada sobre sus bases más de un metro para convivir con la inundación.

Yonelly, el mayor de los Mena, sostiene un papel con la letra, baila y deja salir en forma de rap un sueño muy profundo, que comparten los pueblos río abajo, pero que allí, donde la energía eléctrica existe cinco horas al día por plantas generadoras encendidas con diésel, donde el agua llega a las casas desde el río, sin tratar, teñida muchas veces por el fango que se cuela por las mangueras que la traen, su música escuchada hace un nudo en la garganta.

"Urabá, un territorio bien completo de servicios básicos/ que estos servicios no se queden en la parte urbana/ sino que lleguen a toda la población/ se los digo yo".

Plácido Mena —conocido como Yatumán—, bailarín sin par en el ámbito del Atrato, y su hermano menor, Chispriti, alternan con su brother las rimas que son cojas por momentos, simples casi hasta lo infantil, pero que son anhelos en su pueblo que hacen asomar las lágrimas por la desigualdad.

"Que haya paz en este territorio y empleo/ para que la gente no se vaya a otro lugar por el desempleo".

Tenía 10 años el gobernador Sergio Fajardo cuando vio por primera vez al mar tocar a Antioquia en San Juan de Urabá. Han pasado 47 años desde que bajó, de la mano de su padre, de una avioneta para cuatro pasajeros que aterrizó sobre la pista de tierra del aeropuerto, hoy pavimentada y en desuso.

"Desde ahí, yo tenía a Urabá en mente, la sensación de que ahí estaba la mayor riqueza de Antioquia", dice.

Asegura que la educación será el primer paso para que el potencial de la región se convierta en una realidad de riqueza, talento y oportunidades. Hoy reconoce en Urabá una mezcla extraordinaria de acentos, etnias y culturas, pero también a varias generaciones marcadas por la violencia.

A los jóvenes de hoy, el Gobernador les anuncia que serán la primera generación que crezca rodeada de las oportunidades que han faltado por años.

En Apartadó avanza desde mayo la construcción de una nueva sede de la Universidad de Antioquia, en la que se invierten 21.000 millones de pesos. Para el mandatario y profesor, la obra hace parte de un mismo campus universitario al que se suman la sede de Ciencias del Mar, en Turbo, y la investigación con énfasis en el agro y la ecología en Tulenapa, Carepa.

En Vigía del Fuerte y Chigorodó ya esperan que inicie la construcción de sus parques educativos.

El pasado 25 de julio el presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), Luis Fernando Andrade, anunció el inicio de la construcción del puerto de Turbo antes de finalizar este año. La obra, proyecto pendiente desde hace décadas, está contemplada entre un total de siete que se harán en todo el país. Tendrá un costo de 140 millones de dólares, inversión privada bajo la modalidad de concesión.

En el Plan Integral de Urabá se contempla todo un sistema portuario desde Turbo hasta Arboletes. El plan concibe también acercar a Medellín y la costa, que deberán quedar a tan solo cuatro horas de viaje por una de las Autopistas para la Prosperidad.

Según el gerente del Plan Integral, lo que primero que se verá en materia de conectividad será la recuperación de la vía actual, la cual tardará un año. La vía nueva, entre Santa Fe de Antioquia y la vereda El Tigre, de Turbo, se construirá en cinco años, con una inversión que supera los cuatro billones de pesos. Se complementa con la Transversal de las Américas que se abre paso en el norte de Urabá.

—No somos paisas —dice Deyis David Castaño, una joven de 19 años, de Carepa—. Tampoco urabeños, que así se llama una banda criminal. Somos urabaenses.

En sus sueños pinta una Urabá con universidades de excelente calidad, donde se pueda estudiar no solo lo relacionado con el agro sino también poder cumplir su propósito de ser abogada. Y que otros jóvenes como ella se conviertan en médicos, odontólogos, fisioterapeutas... y no se marchen de su tierra olorosa a banano.