HISTÓRICO
APLAUSOS
  • APLAUSOS |
    APLAUSOS |
Por JUAN DAVID RAMÍREZ CORREA | Publicado el 17 de junio de 2013

"Si Hitler mandó matar tanta gente, ¿por qué no matar un perro". Apúntela. La dijo Antonio Vélez, concejal de Concordia, Antioquia, para explicar cómo debía ser el control sanitario ante la abundancia de perros en las calles de su pueblo. "Matar dos o tres a la semana, eso no causa ningún impacto", concluyó. Aplausos al mata perros.

"En Segovia las mujeres no necesitan ser prostitutas porque son muy calienticas, les gusta tener sexo y no necesitan que les paguen por eso". Anótela. La dijo el alcalde de Segovia, Antioquia, Johny Alexis Castrillón. Aplausos para el alcalde cachondo, sí, cachondo, porque también dijo que los hombres de su pueblo son calenturientos.

Sesión del Concejo de Bogotá. Mientras se discutía la propuesta de compartir vehículos con el fin de bajar el número de automotores circulantes, Jorge Durán, curtido concejal liberal de esos de "trapo y rollo Perman rojo", tomó la palabra para decir que si lo tuvieran que recoger en carro, pues que le manden una dama que le gusten los hombres y no las mujeres. "No me gusta que me manden esa clase de mujerzuelas". Meses antes, tratando de que no entraran más personas al recinto del Concejo, vociferó: "No ingresa nadie si no es funcionario o asesor de los concejales., porque esto se nos está convirtiendo en una merienda de negros". Aplausos para este macho alfa y representante de aquello de que "negro ni mi caballo".

Para vergüenza de muchos, valga decirlo, el diputado de la Asamblea de Antioquia, Rodrigo Mesa, regresó a su cargo después de una justa sanción por afirmar que "darle plata al Chocó es como perfumar un bollo". Bastaron pocas horas para que pelara el cobre de nuevo. Desparramado en un sofá entregó billetes a todo el que lo saludaba. "Madrecita, deme la bendición", decía mientras le metía en la cartera un fajito a una pobre anciana. Aplausos para el diputado que tiene bien claro eso de que cada quien hace con la plata lo que le da la reverenda gana.

¿Y se acuerdan del concejal lustrabotas? Sí, Luis Eduardo Díaz, quien se ufanó de su condición de figura pública, engalló su casa, se bebió más de una quincena y se le olvidó contar que había sido condenado dos veces por hurto antes de ser concejal. Aplausos.

Chambones, ordinarios, incultos, sin formación, xenófobos, homofóbicos, chabacanes, semianalfabetas, hacen parte de nuestra clase política. Es una realidad. Bueno, hay otros como los corruptos que dan más miedo y están ufanándose de lo rico que se siente la pomada. Sean los unos o los otros no hay que ir muy lejos ni opinar más de la cuenta para sentir una tristeza profunda por la clase política que nosotros, los electores, hemos creado. Platón dijo que un político no puede ser cualquier individuo, que debe ser alguien especial con conciencia de sus altas responsabilidades con la sociedad, una persona con sabiduría para "dirigir los rebaños humanos". Un asunto básico, pero, para muchos de nuestros políticos, Platón no es más que el volco de una camioneta.

No se trata de elegir personas que rayen en lo divino a punta de hoja de vida y títulos, pero sí es necesario replantearnos el conocimiento y capacidad de quienes nos representan. La democracia dice que todos podemos ser políticos sin importar condición de raza, sexo, creencia o educación. Una puerta abierta para que a cualquiera le suene la flauta en la política, desde el payaso de circo hasta el actor de la novela del prime-time. Nos quedan dos caminos: el de evitar tanto show o el de seguir aplaudiendo a los perlados políticos que día a día nos demuestran que en Colombia, manda el más verriondo.