HISTÓRICO
Autopistas rompen aislamiento
  • Autopistas rompen aislamiento | ILUSTRACIÓN MORPHART
    Autopistas rompen aislamiento | ILUSTRACIÓN MORPHART
EL COLOMBIANO | Publicado el 02 de abril de 2013

Las Autopistas de la Prosperidad tienen muchos enemigos, dentro y fuera de Antioquia, que surgen por cierta miopía regionalista o son fruto de intereses económicos particulares o tienen alguna intencionalidad política.

Ninguno de ellos resulta válido para atravesar palos en las ruedas del ambicioso proyecto, generando desinformación o sirviendo de cajas de resonancia a rumores.

Es cierto que el proyecto no avanza con la celeridad deseada y hemos dado cuenta de las voces que se levantan para advertir sobre los sucesivos aplazamientos.

Lo que sí está descartado es que el proyecto vaya a sufrir modificaciones en sus especificaciones técnicas para ahorrar costos. Hoy se está aprobando en Bogotá la estructuración financiera por el monto total de 13 billones de pesos, de los cuales la Nación asume 10 billones.

Y no se contempla ninguna variación en los diseños elaborados por ISA, con túneles y viaductos, para que el país tenga unas vías con las más altas especificaciones, con una pendiente del 6 por ciento y curvatura de 230 metros, para velocidades de 80 km por hora, en camiones de cinco ejes.

Por eso, esperamos que el proceso que se inicia en una semana con la precalificación para cuatro de los siete tramos en que quedó definido el proyecto, sea el estartazo que todos estamos esperando.

Al propio Federico Restrepo Posada, nombrado por el Gobierno Nacional gerente del proyecto para darle impulso a la ejecución de la obra, le ha tocado encarar muchas de las críticas que con razón o sin ella se hacen desde distintos sectores de opinión.

Hasta ahora ha cumplido su misión de salvaguardar los intereses de la región y hacer efectivo el compromiso ratificado en Medellín por el presidente Juan Manuel Santos para que las autopistas sean una realidad en seis años, a partir del momento en que queden en firme los contratos de concesión.

Es obvio que al proyecto no le faltan malquerientes. Personas y grupos de interés que no entienden que resolver el aislamiento vial de Antioquia beneficiará a todo el país en términos de competitividad, al economizar costos del transporte como resultado de la reducción de las distancias.

¿Para qué tantos TLC firmados, en los cuales el país tiene cifradas sus esperanzas de desarrollo, si estos no se pueden aprovechar por falta de la infraestructura eficiente para conectar los centros de producción con los puertos?

Y aquí conviene recordar que el puerto en el Atlántico más cercano a las regiones donde se concentra el 70 por ciento del PIB del país es el de Urabá y que con la construcción de las Autopistas de la Prosperidad estaría 300 kilómetros más cerca.

En consecuencia resulta incontrovertible que estas vías son prioritarias y estratégicas para el país. Y en cuanto a sus costos, nadie sensato puede desconocer que las carreteras de alta montaña tienen un valor superior a las vías en terreno plano.

Es importante que se entienda también que se trata de una deuda de muchos gobiernos con Antioquia y que la solución final, en un plazo de tiempo razonable, son las dobles calzadas, aunque se haya acordado con las autoridades regionales que no todas lo serán así hasta tanto el tráfico no lo justifique, pero se obliga al concesionario a hacer estudios de fase III en el diseño, compra de predios y gestión ambiental para esa segunda calzada.

Resulta injustificable que, por su pésima infraestructura vial, se siga excluyendo a Antioquia del progreso, pese a su aporte al desarrollo del país, vía presupuesto, y por su contribución al PIB nacional.