HISTÓRICO
¡Basta ya con Medellín!
Publicado el 09 de abril de 2012
No es la primera vez que un medio extranjero publica informaciones imprecisas y generaliza de forma irresponsable sobre la violencia en Medellín.

Esta vez, que no la única, fue el diario español El País de Madrid el que se vino con un informe dominical titulado "Seguiré hasta el fin. Mato o caigo", en el que se asegura que en la ciudad hay cinco mil sicarios dispuestos a prestar sus servicios hasta por cinco mil pesos.

El periodista Pablo de Llano, como tantos otros que llegan a Medellín en busca de historias truculentas que justifiquen sus viáticos, pero no la verdad de las historias, volvió a pasarse de listo para vender un reportaje impreciso, injusto y sensacionalista con una ciudad que ha pagado caro los estragos del narcotráfico y sus delitos conexos.

La falta de corresponsabilidad para atacar todos los eslabones de la cadena delictiva de buena parte de la comunidad internacional, incluida España, ha permitido a los narcos financiar su aparato criminal, amasar fortunas y poner sus dineros ilícitos en paraísos fiscales en el exterior.

Con testimonios sacados del bajo mundo sobre hechos ocurridos en 2009, según el periodista, pero sin una sola fuente oficial que pudiera contrastar sus hallazgos en la actualidad, El País desconoce las profundas transformaciones sociales que ha tenido la ciudad y mete a todos los jóvenes de Medellín en el mismo costal: el de los sicarios.

Flaco favor se les hace al buen periodismo y a la responsabilidad social de los medios, informes tan ligeros y amarillistas como el del diario español, que debería haber pedido de su periodista las distintas voces, del conflicto, claro, pero también las de cientos de miles de personas que a diario trabajan por una ciudad más justa y equitativa.

Testimonios como los de miles de jóvenes de esos mismos barrios que el periodista español pinta como laberintos del delito. Jóvenes que hacen parte de los centros de investigación en las universidades. O las voces de los miembros de las escuelas de música que han llevado su mensaje de esperanza por varios países de Europa. O las de los jóvenes talento que hoy hacen parte de las propias compañías multinacionales españolas. O las de los deportistas antioqueños y colombianos que brillan con luz propia en los escenarios del Viejo Continente.

No sólo las autoridades de Medellín, sino el país entero, debe protestar ante semejante despropósito de una publicación que consideramos seria y rigurosa, pero que, de cuando en vez, cae en la trampa del sensacionalismo barato e irresponsable.

¿Habría sido sensato con los españoles de buena voluntad que hubiéramos dicho en Colombia, por ejemplo, que todos los ibéricos son pedófilos por el simple hecho de que un español, Pedro la Piedra , fue condenado por hacer videos pornográficos con menores de edad que sacó ilegalmente de Medellín hacia España?

La respuesta es NO.

¡Claro que tenemos problemas de seguridad y que la violencia absurda sigue arrebatándonos a muchos jóvenes! Pero de ahí a decir que estamos llenos de sicarios, no es aceptable, porque, sencillamente, no es verdad.

Esa frase tan española de ¡Basta ya! es la que hoy pronunciamos con vehemencia y firmeza para demandar respeto por Medellín. No pedimos que hablen bellezas de esta ciudad, aunque bien lo podrían hacer, sino que no sigan estigmatizándonos como una urbe llena de narcotraficantes y sicarios.

¡Basta ya!

Los enormes esfuerzos hechos y los innegables resultados que Medellín ha logrado en los últimos años en los ámbitos sociales, políticos, económicos, culturales y deportivos, por mencionar algunos, hay que salir a defenderlos con la fuerza de los argumentos y la tozudez de las cifras en materia de desarrollo y calidad de vida.

No lo hemos hecho todo. Nos falta mucho. Pero los pasos que ha dado esta ciudad para romper con los lazos del dinero fácil y esa cultura mafiosa de otras épocas, no pueden diluirse entre las líneas ligeras y fantasiosas de un reportaje que pone el ojo en el árbol y se olvida del bosque.

La internacionalización de Medellín no es un triunfo de los narcos y de sus matones a sueldo, sino, por el contrario, su propia derrota.

Y de esa internacionalización sí que pueden dar fe los jóvenes de la ciudad que el periodista español no encontró, porque no le interesaba buscarlos.

Esos muchachos de los barrios que acompañaron con respeto a los propios reyes de España que vinieron aquí al encuentro de la Real Academia de la Lengua y vieron con sus propios ojos parte de esa transformación de Medellín a través de los Parques Biblioteca.

O los que sirvieron de guías de honor a los cientos de líderes y mandatarios durante la Asamblea 50 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). O los que cuidaron y apoyaron sin distingo a cientos de deportistas en los Juegos Suramericanos; y a los propios españoles en el Mundial Sub-20, el año pasado.

No pedimos más, pero tampoco aceptamos menos.

Nos han tildado muchas veces de regionalistas, pero hoy sí que queremos serlo para defender a Medellín, que es defender a Colombia.

Porque así como ahora se ha hecho con esta ciudad, más tarde se hará con otras capitales que sufren también el problema de la violencia, pero que igual lo enfrentan con decisión y valentía.

La sensatez que pedimos del diario español es la misma que hemos procurado ejercer nosotros como periódico ante los inocultables desajustes sociales y la pérdida de valores en la que anda el mundo de hoy. Nos resistimos a aceptar que también se nos quiera matar la esperanza.