HISTÓRICO
BELLEZA BRUTA
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    BELLEZA BRUTA |
Por ALBERTO SALCEDO RAMOS | Publicado el 10 de noviembre de 2012

Se supone que la modelo Valeria Mazza declaró en cierta ocasión que no fumaba marihuana porque era un vicio que producía celulitis.

Se supone que la diseñadora París Hilton , al referirse a una colega, dijo lo siguiente: "esa sinvergüenza merece ser muerta a patadas por un asno, ¡y yo soy justo la indicada para hacerlo…"

Se supone que la cantante Mariah Carey , ante la foto de unos etíopes desnutridos, dijo que quería ser "así de flaquita, pero no con todas esas moscas, y muerte, y esas cosas".

¿Qué tienen en común estas historias? Son protagonizadas por mujeres bellas a las cuales se les pretende mostrar como estúpidas.

Circulan de boca en boca. En ellas jamás cambian las supuestas estupideces sino los nombres de las protagonistas: a veces quien aparece diciendo que no fuma marihuana para evitar la celulitis es Natalia París , a veces quien amenaza con dar la patada de asno es Claudia Schiffer.

A propósito del Concurso Nacional de Belleza, vuelve al ruedo esa vieja asociación entre hermosura y estupidez. Otra vez se oyen chistes sobre las reinas.

- ¿Cuál es su plato preferido?

- El de loza, porque el de peltre me produce alergia.

La belleza física suele generar desconfianza. Hay que hacérsela perdonar, como sucede con el éxito. No siempre es posible. Cristiano Ronaldo, por ejemplo, promedia más de cuarenta goles anuales, pero para sus detractores es simplemente un tipo bonito inflado por el marketing.

Los concursos de belleza no son apropiados, precisamente, para que el público mire con indulgencia a las bellas.

En principio, esos reinados tiranizan a las candidatas. Les hacen creer que los rasgos suyos que hasta entonces parecían magníficos, son excesivos o insuficientes. Las obligan a poner en manos de los cirujanos plásticos lo que antes había sido pertenencia sagrada de los dioses.

Después las exhiben ante una multitud que se comporta como si estuviera en una feria ganadera: mide ancas, evalúa pechugas.

El propósito del concurso es tan banal que parece inofensivo: exaltar el empaque de ciertas mujeres. Pero en el fondo lo que se busca es que su belleza física no quede impune. De ahí todos los castigos a los cuales las someten: embutirse en vestidos incómodos, desfilar sobre tacones aguja de diez centímetros, entrevistarse con reporteros caníbales. Además las peinan como con una tostadora.

El más duro de todos los castigos es hacerles preguntas como estas: "¿con qué personaje de la historia te identificas más y por qué?" "¿Tú crees que la mujer es el complemento del hombre?".

Mientras la reina Giosue Cozzarelli permanecía en el anonimato, podía creer impunemente que Confucio fue un chino-japonés que inventó la confusión. Al decir eso en el reinado se convirtió en blanco de burlas.

Los organizadores de estos concursos estereotipan el concepto de belleza femenina, y luego, para dorar la píldora, crean una farsa de test ilustrado que ridiculiza a las candidatas.

Son ellos los que se merecen la patada de asno que yo les daría, por haberse inventado la muy estúpida categoría de la belleza bruta.