HISTÓRICO
BIENVENIDO FRANCISCO
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    BIENVENIDO FRANCISCO |
Por GRAL. (R) HENRY MEDINA URIBE | Publicado el 04 de abril de 2013

Al finalizar la Semana Santa, conocida como periodo de descanso, reflexión y análisis, en lo personal, familiar y en nuestra calidad de ciudadanos del mundo, llegué a la Capital a reencontrarme con el ametrallamiento de datos que nos recuerdan en cada minuto el desasosiego en que vive la sociedad contemporánea.

Después de la luna de miel que representó la constitución de la comunidad europea, hoy sus miembros abocan un futuro incierto. Estados Unidos no encuentra el camino indicado y China amenaza su condición hegemónica. A Corea del Norte le halaga acrecentar la inestabilidad mundial. Irán continúa la preparación de su potencial bélico-nuclear. Siria no define su suerte y dieciocho países del mundo, entre ellos Colombia, sufren problemas bélicos internos.

En medio de este panorama poco alentador, el pasado cónclave eligió un Papa de características únicas. El primero de Sur América y primer jesuita que llega a tan alta distinción, a la vez que exponente preclaro del ala progresista de la Compañía de Jesús, con un perfil de sensibilidad social que convoca a la esperanza.

Inquieto por conocer en mejor forma las características de quien va a regir los destinos de la iglesia católica, mayoritaria en nuestro continente, aproveché parte del descanso para leer el libro titulado "El Jesuita, conversaciones con el cardenal Jorge Bergoglio s. j. ". El cual reproduce la entrevista que Sergio Rubín y Francesca Ambroguetti le hicieron hace poco más de dos años al hoy sucesor de Pedro, Francisco.

Reflexionando sobre sus respuestas y cuestionamientos pude ver dibujado claramente su perfil. En la entrevista hace referencia a la sociedad de su país, Argentina, pero sus apreciaciones parecen válidas para cualquiera de las naciones suramericanas:

"¿No hemos sufrido las consecuencias de un modelo de país armado en torno a determinados intereses económicos, excluyente de las mayorías, generador de pobreza y marginación, tolerante con todo tipo de corrupción, mientras no se tocaran los intereses del poder más concentrado? ¿No hemos formado parte de ese sistema perverso, aceptando en parte, sus principios mientras no tocaran nuestro bolsillo…?".

Advierte, en forma generalizada "Los evidentes progresos políticos, sociales, científicos y tecnológicos no alcanzaron para sacar de la penuria a vastas capas de la población mundial y posibilitar que la libertad y la justicia social dejaran de ser un bien escaso".

Sus respuestas no sólo están en el campo del diagnóstico, sino que invitan a la reflexión y generan propuestas constructivas. Veamos algunos ejemplos:

"La cultura del encuentro es lo único que hace que la familia y los pueblos vayan adelante". En cambio, el desencuentro, que parece ser parte característica de nuestra cultura "alcanza la categoría de una verdadera patología social". Por ello, "tendemos a potenciar el conflicto, en vez del encuentro. La razón es el caudillismo, que tiene algo o mucho que ver con el sectarismo".

Afirma que el "atajo tiene el componente de una trampa ética", como que el "Vivir con rencor es como alimentarse de las propias heces". En el desencuentro en que vivimos, mucho debemos esperar del Obispo de Roma y mucho tenemos que aprender de él.