HISTÓRICO
Boston marca territorio
  • Boston marca territorio | ILUSTRACIÓN CAMILA MONTEJO
    Boston marca territorio | ILUSTRACIÓN CAMILA MONTEJO
EL COLOMBIANO | Publicado el 19 de abril de 2013

El atentado terrorista que enlutó el maratón de Boston a comienzos de esta semana ha vuelto a poner de presente la vulnerabilidad de un país ante la inconsciencia humana, pero también lo implacable de la justicia cuando actúa sin vacilaciones y como una política de Estado.

El Gobierno de Barack Obama, un presidente tan sereno como sensible a la tragedia, aisló por completo todo Boston para buscar hasta debajo de la tierra a uno de los dos jóvenes, capturado anoche, acusado de poner las bombas caseras en plena llegada del maratón. El otro murió abatido cuando trató de huir de la persecución policial.

Era y será una carrera contra el tiempo dar con los responsables. La velocidad con la que el terrorismo propaga el miedo es un factor tan perturbador para la gobernabilidad en Estados Unidos que cualquier minuto que se pierda puede resultar devastador en una sociedad que cambió radicalmente después de los atentados del 11-S, en 2001.

Pero el miedo está ahora tan cerca de la solidaridad en Estados Unidos que la tragedia de Boston no fue peor, precisamente, porque muchos ciudadanos de a pie se lanzaron a las calles para ayudar a los cientos de heridos que dejaron las dos explosiones.

A la par, el Gobierno y sus autoridades de investigación y policiales iniciaron su trabajo de hallar a los responsables, pero siempre de la mano y la cooperación ciudadana, que hoy vuelve a ser definitiva para estrechar el cerco contra los terroristas.

No sólo las fotos de los sospechosos, sino la información disponible sobre ellos, comenzó a fluir a borbotones y en todas las direcciones hasta llegar a montar un operativo policial de película en todo Boston.

No es posible aún asegurar que los dos jóvenes de origen checheno, los hermanos Tamerlan y Dzhokhar Tsarnaev, sean los autores materiales de los atentados en Boston, pero por el hecho de llevar explosivos en su auto y en su cuerpo sí resulta una evidencia irrefutable de su peligrosidad.

La rapidez con la que ha actuado la Administración Obama demuestra lo sensible que aún está Estados Unidos en uno de los puntos que no admite visiones partidistas, y es el de la seguridad, máxime en el ámbito interno.

De carambola, será inevitable que las consecuencias de estos atentados en Boston, y la forma en que se resuelvan, impactarán la discusión de otra de las más trascendentales banderas de Obama: la reforma migratoria.

Esa riqueza multicultural y el respeto por las diferencias que han enmarcado la vida de los estadounidenses, sin duda, se ha fracturado por cuenta del terrorismo y las ligeras, aunque comprensibles, asociaciones con grupos raciales y tendencias religiosas.

La serenidad y aplomo con que Obama ha enfrentado este hecho trágico en Boston ratifica el cambio en la llamada guerra contra el terrorismo que heredó de su antecesor, George W. Bush.

Aún así, Washington tendrá que tomar nota de nuevo sobre sus prioridades en materia de seguridad.

Si bien es imposible impedir de tajo actos demenciales como los de Boston, ojalá el ala republicana del Congreso no utilice estos hechos como mecanismo de presión para que el Gobierno Obama revise su plan de reducción de la inversión en temas militares y el retiro de tropas de Irak y Afganistán, cunas del terrorismo de Al Qaeda.

Hoy más que nunca, la unión entre los americanos, como en tantas otras oportunidades, será fundamental para que hechos como los de Boston no hagan carrera.