HISTÓRICO
Buena idea, pero a destiempo
  • ILUSTRACIÓN MORPHART
    ILUSTRACIÓN MORPHART
EL COLOMBIANO | Publicado el 22 de abril de 2013

No fue afortunada la forma ni la presentación que hizo el Presidente Juan Manuel Santos, el pasado viernes en Cartagena, de la propuesta para un cambio en los períodos presidenciales, y por ahí derecho, de alcaldes y gobernadores.

En otras circunstancias, con unas condiciones más reposadas políticamente, menos presionadas por una inminente campaña electoral -presidencial y legislativa-, a una propuesta de tal naturaleza habría que darle toda la importancia del caso.

Suena interesante cambiar el período presidencial de cuatro años con reelección inmediata, por uno de seis años sin ella. Así es en México, y era hasta 2005 en Chile, donde ya volvieron a los cuatrienios sin reelección consecutiva.

La reelección en nuestro país no tiene una tradición como la de otros Estados de régimen presidencialista. La posibilidad de hacerlo inmediatamente se introdujo de nuevo mediante reforma constitucional de 2004, con mayoritaria aceptación popular, y con tortuosa tramitación en el Congreso, con muchos de sus integrantes más pendientes de contraprestaciones y dádivas que de cualquier otra cosa.

Nuestros gobernantes recientes parecen iniciar sus mandatos reticentes a una eventual reelección, pero instalados en el mando no pueden ya sustraerse a las vicisitudes del poder, no todas ellas amargas, y más cuando las encuestas son favorables.

La paradoja, ahora, es que para el actual Presidente las encuestas no son buenas -ni en imagen positiva ni en perspectiva de voto reeleccionista- pero para sus posibles contrincantes son aún peores.

Así las cosas, el momento escogido por el Presidente para mencionar su propuesta, ante un auditorio de alcaldes inconformes por promesas incumplidas y anuncios sin materializar, no fue el indicado.

No podía lanzarse esa idea cuando el mismo Presidente sabe mejor que nadie que cronológicamente ya los tiempos parlamentarios no cuadran, y además con un Congreso moroso que no da salida a proyectos de ley más urgentes.

El viernes fue más notorio que el Presidente Santos no comunica bien, mucho menos cuando improvisa. Puede cambiar de estrategas en comunicación cuantas veces quiera, pero su mensaje sigue llegando mal.

Ayer, en carta dirigida al presidente del Senado, el obsequioso Roy Barreras, el mismo Presidente reconoce que no dijo las cosas bien. Que se equivocó al pensar que los grupos políticos recibirían la propuesta de una forma, y no como al final lo hicieron.

E intenta aclarar, como no podía ser menos, que su anuncio ante los alcaldes de ampliar períodos no está atado al desenvolvimiento de los diálogos de paz en La Habana. Pero alcanzó a desgastarse con eso. Ya muchos nos interrogábamos si, una vez más, la agenda política y electoral del país dependía de los ritmos intemporales de las Farc.

Ante este vaivén de versiones, contrapropuestas y rectificaciones, queda en el fondo la idea del sexenio, ya desprovista de oportunismos y extemporaneidades, para revaluar, cuando toque, los períodos presidenciales, municipales y departamentales. Que introduciría, eso sí, la pregunta de qué hacer con los demás períodos de cuatro años, de Fiscal, Procurador, Contralor y los mismos congresistas.

Y sin perder de vista, por supuesto, que la alternativa a los dos años adicionales de Santos, son los cuatro completos de la reelección tal como está hoy en la Constitución....